Ejercicio de escritura creativa: Escena en tiempo roto

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa entrena tu capacidad para manipular el tiempo sin confundir al lector. Trabajarás una escena simple contada desde saltos temporales controlados. Es dinámico, breve y útil para cualquier nivel. Perfecto si buscas retos de escritura que mejoren tensión y claridad narrativa.

Qué trabajarás

  • Practicarás el manejo del tiempo narrativo, es decir, cómo ordenar pasado, presente y anticipación dentro de una escena.
  • Aprenderás a crear ritmo alternando momentos breves y pausas significativas.
  • Mejorarás la construcción de escenas, manteniendo coherencia emocional aunque cambie el tiempo.
  • Esto fortalece la práctica de escritura y enseña cómo mejorar la narrativa sin tramas complejas.

Pasos del ejercicio

  1. Define un momento crítico. Elige una acción sencilla: alguien espera una llamada, abre una puerta o toma una decisión. Escríbela en presente. Esa acción será el eje. Todo debe regresar a ella.
  2. Rompe el tiempo en tres capas. Añade: un recuerdo breve (pasado), una anticipación o miedo (futuro) y el presente físico. Cada salto temporal debe activarse por un estímulo concreto: sonido, olor o movimiento. Evita explicaciones largas.
  3. Escribe máx. 200 palabras. Alterna presente → pasado o presente → futuro, y que vuelvan al presente. Usa párrafos cortos. Señala el cambio temporal mediante acción. Regla clave: cada salto debe aumentar el conflicto o revelar información nueva.

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Comentarios

11 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Escena en tiempo roto»

  1. Avatar de Arián Segovia
    Arián Segovia

    Ejercicio escritura creativa.
    escena en tiempo roto.

    «Lección desatendida.»
    Por: Arián Segovia

    El timbre de su apartamento sonó. Claudia suspendió su indecisión, en el instante mismo, en que imagino con inexplicable certeza, quien esperaba al otro lado de la bocina.
    – ¿Y si terminamos hoy?
    Dijo Claudia mientras se desembarazaba de la mano de su amante.
    – Ya no quieres estar conmigo?
    Le contesto el, mirando los pliegues de su falda de colegio y no sus ojos.
    – No es eso… es que tengo miedo.
    – ¿Miedo de que?
    – Del tiempo, y su inexorable habilidad de empozarlo todo.
    – ¿Estás segura?
    Le contesto Román, está vez viendo a través de ella, aprisionándola en su mirada color granate.
    Aquel distante diciembre en el balcón de Claudia, quedaría por siempre gravado en su memoria, cómo un recordatorio perpetuo de las consecuencias de la heredada indecisión de su madre y que al igual que ella, pagaría con los años.
    Le hubiera venido bien aprender de sus errores, aún que en el consuelo mendigo de la muerte, de nada le serviría este pensamiento, que llegó con cierta ironía al cerebro moribundo de Claudia en el instante aciago en que la vida se le escapaba de apoco en el abrazo férreo de Román.
    Fin.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Me gustó aunque siento que hay una historia que me faltó conocer y no pude definirla.

  2. Avatar de Estela
    Estela

    Prometea

    Sentada en el bar, el olor a café es mi reafirmación de que hago lo correcto. Me da igual si quedó en visto.
    Cuando envíe el mensaje, apenas podía escuchar las voces de los pocos que no miraban su celular, por el alto sonido del televisor.
    Cuando la pantalla muestre los primeros apagones como última imagen ¿me arrepentiré? ¿Habrá tres puntos para una contestación que no me llegará jamás?
    Leo mi frase «ingresé el código y lo activé.» Una frase corta para un gran cambio y un buen café para empezar de nuevo.

  3. Avatar de Sofia
    Sofia

    Sara hace equilibrio en su cuarto, abriendo con las dos manos la calza en la que está a punto de entrar. Mientras sostiene su peso en una pierna, mete la otra con algo de dificultad y se deja caer sobre la cama.

    Por la ventana pueden verse nubes grises. Es el primer pretexto para no salir a correr. Acostada, con una pierna dentro y la otra fuera de la calza, observa el techo.

    Ayer, al doblar por Marconi en vez de por Garibaldi, tuvo un presentimiento pero continuó. Al pasar por la casa con la reja abierta, un perro salió silencioso y decidido a su encuentro. Ella lo vio y pudo irse rápido, pero ¿si no lo hubiera visto? Segundo pretexto para no salir hoy a correr.

    Sería acogedor quedarse dentro. Sin embargo, si a pesar de todo saliera, en una hora se sentirá bien, mucho mejor que ahora. Volverá con más energía y satisfecha por haber salido.

    Aún acostada termina de vestirse, se alza de un salto y sale. Al llegar a la esquina de Marconi y Garibaldi, elige igual que ayer.

  4. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    Escena en tiempo roto
    La piedra de Lavar Por Miss Yaguarlocro
    El abogado implacable desarma todos los argumentos.
    Elsa pide con vehemencia que vean las pruebas:
    —Tengo fotos de hace 70 años en la casa.
    En ese instante rechina la puerta del juzgado recordándoles; aquellas enmohecidas de la vieja casa. A la abuela Beatriz bañando a la bebé en la piedra de lavar; Aurelia colgando la ropa lavada chorreando; Lupe metiendo palos secos al fogón, la olla llena de tizne; Mario arreando a los puercos.
    —Ahora casi todos están muertos, no tenemos papeles.
    —¿Dónde iremos a vivir?
    Elsa temblaba del frío
    —Bajo el puente, dormiremos en cartones, para comer buscaremos en la basura.
    —¡Piedad, Sr. Juez!.
    El juez mira las fotos y se detiene en la de la abuela Beatriz sonriendo en la piedra de lavar.
    Esta es la prueba de que la casa ha sido de su familia por 3 generaciones.
    Los tíos viejos y los niños toman chocolate caliente con queso derretido celebrando el triunfo.

  5. Avatar de Eliana Romero
    Eliana Romero

    Lo primero que percibo es el aroma a café, tocino y huevos fritos.
    La sábana me roza la barbilla cuando me cubro hasta el cuello; mi estómago ruge, pero el sueño pesa más que el hambre.

    Giro sobre mi costado y entierro la cara en la almohada al oír la puerta abrirse.

    —Cinco minutos más… —murmuro.

    La luz se enciende igual.

    —Mamaaá… —me quejo bajito.

    Espero su respuesta, su «Vamos Lilith, ya es tarde» de siempre: pero no llega.

    En cambio, el colchón se hunde a mis pies.

    Abro los ojos.

    Está sentada frente a mí, sonriendo.

    —¿Qué pasa?

    Sus labios se mueven. No escucho nada.

    —¿Qué dijiste?

    Repite el gesto. La misma sonrisa. Su expresión cambia a preocupación.

    Parpadeo.

    Estoy otra vez acostada, la luz apagada, el olor a desayuno en el aire. La luz se enciende y me incorporo de golpe.

    —¿Mamá?

    Parpadeo.

    Mi habitación desaparece.

    Las paredes estrelladas se vuelven blancas y acolchonadas. Hay una puerta a la izquierda y un espejo frente a mí. La cama sigue debajo, pero no es la mía.

    En el reflejo veo mi cabello corto y una cicatriz que cruza mi ojo derecho, completamente blanco. Lo abro. No veo nada.

    Toco la marca en mi rostro con manos temblorosas y no puedo evitar pensar;

    «¿Qué me hicieron?»

  6. Avatar de Carolina Lizarazo
    Carolina Lizarazo

    SIN REVERSA

    Empieza la reunión con su jefe, a quien le entra una llamada personal y sale a atenderla. La puerta se cierra. Tiene la oportunidad para hacerlo. Las manos temblorosas sacan la USB del bolsillo. Echa un vistazo a su alrededor y luego al ordenador encendido con la información abierta para ella.

    Un sudor frío la recorre. Cuando va a insertar la USB, hace un movimiento torpe y unos papeles caen al suelo. Toma una bocanada de aire y recuerda a Ralph la noche anterior, quien con un beso la tranquilizó, asegurándole que todo saldría bien, que solo era cuestión de hacer la copia, del resto se encargaría él.

    Mientras espera a que la información se guarde, un repentino mareo se adueña de ella. Se pregunta si su cuerpo le está anunciando señales para que no lo haga, quizás todo saldrá mal. El sudor se intensifica, se imagina que la despiden, los latidos del corazón le llegan a la garganta, vislumbra consecuencias peores.

    Cuando saca un pañuelo para secarse la humedad del rostro, siente una mano sobre el hombro, luego una voz, que no es la de su jefe, es la de Ralph, quien le susurra al oído que no hay vuelta atrás, él ya ha hecho su parte, ahora nadie vendrá.

  7. Avatar de ZAIRA
    ZAIRA

    Un pequeño gato negro espera la entrada de su humano junto a la ventana observando como la gente pasa pasa por la banqueta. Un olor familiar hizo que volteara detrás de él, la imagen en su cabeza le hacía temblar, bajo del borde de la ventana acercándose con cuidado hacia la dirección de aquel olor particular a basura podrida, mientras mas se acercaba su pelaje se erizaba, fue cuando escuchó el claxon de un coche. Brinco del susto y corrió a esconderse debajo de la cama, su respiración agitada demostraba su miedo, escondiéndose cerca de una esquina debajo de su cama cerró sus ojos se arrinconó aún tembloroso y recordó.
    Recordaba sus pequeñas patas y como todo a su alrededor era enorme, los contenedores de basura, las casas, los arbustos y los humanos que pisaban con fuerza mientras chistaban para hacer que se alejara. Pero sobre todo el olor ácido y podrido que siempre emanaba la carne que tiraban, como se ponía frente a esa pierna de pollo mirándola hasta que el hambre era incontenible y soltaba un mordisco.
    Fue cuando escuchó la puerta abrirse y una voz cálida, era su humano, corrió y maulló para recibirlo.
    – ya llegue Michi –

  8. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Noches de juegos

    Estoy a la espera de que alguien me invite a jugar Defensa de los pueblos. Miro el chat. Busco el último con Daniel. Es de hace tres años. A él siempre le gustaba alternar conversaciones sobre el juego y referencias a cuentos de fantasía. En el último chat que tuvimos, él no se despidió. Creo que por eso lo vuelvo a leer ahora, y trato de descifrar algo entre líneas para entender el porqué de su repentina muerte. Algo le pasaba. Por ejemplo, era descuidado en su aseo. Le apestaban los pies. Creí que no significaba nada, pero había algo allí en ese abandono a sí mismo. No sé cómo pude haber hecho para ayudarlo. Ahora tengo que buscar a jugadores desconocidos. Aunque he hecho amigos online, extraño a Daniel y jugar me hace extrañarlo más. De repente me llega un zumbido a la ventana del chat. Lo abro, a estas alturas ya no tengo conocidos, por lo cual me parece raro. Veo que Daniel me está invitando a jugar. Algo debe andar mal. Seguro alguien tiene su contraseña o le hackearon. Pero entonces me envía los emoticones de siempre, los que solo los dos entendíamos. Sin querer respondo:

    — ¿Daniel?

  9. Avatar de Marie
    Marie

    Abandonada

    Me dejaste y ya no sé qué haré con tanto tiempo libre. Con tus calzones colgados como cuadros, con tu baranda a cigarrillo y con el amor propio que brotará de mis venas.
    Roberto, no fuiste más que un estorbo en mi vida, pero un estorbo necesario para que conociera a Raúl con quién estoy viviendo mientras estás en tu trabajo de tiempo completo. Mientras Laura se te sigue sentando en las piernas a la vez que te observo con mi telescopio como en la ventana indiscreta.
    Ya no serás parte de mi rutina y, por más que mis ojeras no me acompañen hasta el momento la belleza mutilada por tu machismo, aquí estoy.
    Me dejaste?
    Claro que no.
    Jamás aprendiste a conocerme, poco hombre.

  10. Avatar de Pepa
    Pepa

    Perdón! mi texto es un poco largo……

    Falibilidades existenciales

    Hoy es uno de esos días plagados de recuerdos.

    Mientras me pongo el rímel ante el espejo, me viene a la memoria aquel día en el que, después de casi diez años, volví a ver a Anoop, indio espigado de porte señorial y mirada pícara, hedonista y disfrutón como nadie. Un tipo que había llegado de tierras de bramanes y camellos al Londres de las raves, el tecno y las drogas. El caprichoso destino había urdido sus hilos para unirnos en una relación paterno filial en aquel Londres, también monstruoso y desalmado.

    Ahora veo lo nerviosa que estaba aquel día ante la idea del reencuentro, después de todo lo ocurrido, después de la herida tan profunda y dolorosa perpetrada al cortar unilateralmente su comunicación conmigo, convirtiendo nuestra convivencia en un infierno. Su presencia de hombre protector y juguetón transformada en la de un ser monstruoso y amenazador.

    Y aquel día, no me podía creer que, después de haber deconstruido al héroe y construido al villano, fuera a volver a verlo.¿De que hablaríamos? ¿Qué sentiría al verlo? ¿Vería al héroe o al monstruo? Todos estos pensamientos se acumulaban en mi mente hasta que, con gran nerviosismo, nuestro encuentro se produjo en aquel bar que habíamos frecuentado tantas veces en aquellos años de vino y rosas.

    Su sonrisa, su voz ve aterciopelada, su calidez y su magnetismo me volvieron a cautivar. Y en un espejismo de confianza me atreví a preguntar:

    ̶̶ Anoop, ¿por qué dejaste de hablarme?

    Anhelante, callé a la espera de su respuesta. Y él, con su aire burlón, respondió:

    ̶ No tengo ni la más mínima idea.

    En aquel momento, la mente se me nubló de puro desconcierto y frustración. ¿Cómo podía ser que aquel evento tan desgarrador hubiera sido tan banal para el perpetrador hasta el punto del olvido? ¡Qué insolencia! ¡Qué desconsideración! ¡Qué decepción!

    Ahora, que ya lo entiendo todo y perdono, voy atravesando la ciudad, recordando ese último encuentro en el que yo, cabezota reincidente, vuelvo a preguntar, y esta vez ni recuerda que nunca hubiéramos tenido ni un solo problema.

    Ahora, llego al geriátrico y me recibe, con su voz aterciopelada y ojos burlones, y me pregunta, y tú, ¿quién eres?

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