El secreto en la rutina – Ejercicio de escritura creativa

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa convierte una acción cotidiana en una escena cargada de tensión. Partes de una rutina simple, pero escondes un secreto que altera su sentido. Ideal para quienes buscan retos de escritura que mejoren profundidad sin complicar la trama.

Qué trabajarás

  • Entrenarás la voz narrativa, es decir, cómo suena y se expresa el narrador.
  • Practicarás subtexto: lo importante no se dice, se sugiere.
  • Mejorarás la construcción de escenas al dar peso a acciones pequeñas.
  • Estos ejercicios de escritura fortalecen la práctica de escritura porque enseñan cómo mejorar la narrativa con lo cotidiano.

Pasos del ejercicio

  1. Elige una rutina clara. Puede ser preparar café, ordenar una habitación o esperar el bus. Escríbela paso a paso. Añade precisión en acciones simples. La rutina debe sentirse real y repetible.
  2. Define el secreto. Decide qué oculta el personaje (una culpa, una decisión, una mentira). No lo nombres directamente. Solo tú lo sabes al inicio. El texto debe insinuarlo sin explicarlo.
  3. Escribe la escena. Redacta en 200 palabras. Usa frases cortas y verbos concretos. Introduce dos interrupciones en la rutina (un ruido, un mensaje, una mirada). Cada interrupción debe acercar al lector al «secreto» sin revelarlo.
  4. Ajusta la voz y el subtexto. Revisa el texto. Elimina explicaciones directas. Sustituye emociones por acciones: manos que dudan, objetos mal colocados, pausas innecesarias. Si el lector percibe tensión sin explicación, el ejercicio funciona.

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Comentarios

15 respuestas a «El secreto en la rutina – Ejercicio de escritura creativa»

  1. Avatar de María Norma
    María Norma

    Laura se incorporó lentamente de su cama. El día recién comenzaba. Se deslizó hacia la ventana. Apretó con furia la suave tela de las cortinas. Las corrió bruscamente. Apoyó su frente contra el vidrio empañado. Cerró fuertemente sus ojos. Se quedó así largo rato. Miro su celular: ningún mensaje. Camino hacia la cocina con pasos desganados, inseguros. Agarró una taza del estante sin mirarla. Se le resbaló de sus manos. Los pedazos se esparcieron por todos lados. Maquinalmente los juntó con la escoba. Sonó su celular: no estaba lo que esperaba. Caminó con movimientos lentos, torpes y espaciados. Encendió la cafetera, agarró otra taza. Abrió el tarro de las galletas pero no probó bocado. Volvió a sonar su celular. Corrió para agarrarlo. No estaba el mensaje esperado. Quedó largo rato sin moverse. Su cuerpo, estático, pero contrariamente su mente era un caballo desbocado. No dejaba de pensar. La noche anterior fue la ruptura, el fin de la relación que él inició

  2. Avatar de Sofia
    Sofia

    El bar tenía las cortinas ya bajas y el cartel de la calle estaba apagado. Adentro, Andrea terminaba de limpiar las mesas y rellenar las azucareras. Acto seguido y sin pensarlo apagó también la radio.

    Hacía muchos años que trabajaba en el bar de su tío y esto tenía sus cosas buenas y sus cosas malas. Por un lado, por ser de mucha confianza, era quien cerraba y contaba el dinero todos los días. Por otra parte, como eran familia, él presumía que su sobrina debía trabajar por un salario bajo y además estar agradecida de que él le diera trabajo.

    Como hacía últimamente, contó los billetes de la caja pero anotó en el inventario muchos menos de los que en realidad había. Aunque sintió culpa, estaba muy segura de lo que hacía.

    Sin embargo, no esperaba que su tío pasara por el bar esa tarde. Al verlo se quedó tan helada como el refresco que estaba tomando.

    Él entró apurado y sólo pasaba a buscar un abrigo que se había olvidado. Antes de salir preguntó cómo había ido todo en la tarde. Ella le dijo que había estado sorprendentemente tranquilo y sin más, se despidieron. Para siempre, aunque él no lo supiera.

  3. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    El secreto en la rutina
    Mi secreto Miss Yaguarlocro
    Todos los días me acomodo el sostén; cuido que estén iguales y que no me duela. Desayuno mi leche, un huevo y pan; enjuago el jarro, lo pongo en el escurridor.
    Tomo el tren a las 6:45. Abro la biblioteca a las 8:00, saco y pongo libros. Desde hace un año un hombre joven me sonríe cada día; me ilusiona a mis 55 años. El día que no vino lo busqué entre la gente; el tren tuvo que pitar para que me subiera pronto.
    ¡Le dije que sí!, a la vez que mis pies temblaban dentro de mis tacones.
    Al otro día mis ojos están desorbitados,
    -Bajemonos en la siguiente estación-
    Me extendió la mano, sonriendo, agachando su cabeza y pidiéndome que me baje con él. No me levanté, hice una mueca, no lo miré. Al otro día, antes de salir, me acomodé las gomas de modo que no me dolieran.

  4. Avatar de Arián Segovia

    Decisiones.

    Por: Arián Segovia. «El apóstol de platón»

    Somos lo que hacemos todos los días.

    Leí en una página del diario que conservare de ti.

    Nunca antes lo había tomado, nunca hubiera pensado en hacerlo, pero en esta mañana que desangra sus minutos al ocaso de sí mima, escojo con menos cuidado, que sí, y que mejor no.

    Todo se hace con calma cuando no queda nada por hacer, nada que decir a oídos que no pueden atender, no hay compromisos a los que asistir, ni lugares dónde ir, no quedan planes por cumplir.

    Me quito entonces el reloj de la muñeca izquierda donde lo he llevado siempre, resuelto a qué; en este martes el tiempo está insepulcro.

    Arrastro mi parsimonia por la sala de nuestra casa, hacia las voces de la ventana, corro las cortinas, para dejar un rato de ver hacia adentro, recojo mis pasos de inmediato, el sol es mezquino solo conmigo.

    Despierto en la cocina, serán unos huevos. Hervidos, pues la sartén no se ha limpiado, y ni siquiera se dónde a caído.

    Así que serán huevos, lo único que te he aprendido.
    Mi mente naufraga en el correr del agua en la cazuela, que hierve unos instantes después, sin que los huevos estén presentes.
    Idiota, idiota, ¡¿que hiciste?¡
    Idiota…
    ¿No es así como me dijiste?
    Bueno, supongo que razón no te faltaba.

    ¿Cuánto tiempo pasará hasta que alguien note que no estás?
    Cuánto les tomará, en este país sin ley, hacer algo bueno, al menos una vez.

    En mi mano hay café, no recuerdo haberlo hecho…
    Le falta azúcar. El azúcar está por todos lados y su recipiente está desecho.

    1. Avatar de santoago90

      Hola, el texto debe tener máximo 200 palabras. Saludos.

  5. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Como antes
    Con la mente aún atrapada en mis sueños, estiro la mano para encontrar el despertador que suena sin piedad. No sé cómo llego a la ducha. Luego, con el ánimo renovado, me visto y me arreglo. Con prisa bebo el café y tomo una galleta para el camino. De nuevo, tomo la mochila. No pesa como antes, la sacudo apenas, como para comprobarlo. No importa. Salgo de casa.

    Mi perro, quieto, me mira desde el balcón. ―Nos vemos más tarde― me despido con una sonrisa.

    Me subo al auto. Pongo mi playlist favorita. Subo el volumen, canto a todo pulmón.

    El tránsito está detenido, los minutos pasan. En cuanto me es posible doy la vuelta en U. Da igual. En realidad, ya no voy a ningún lado.

  6. Avatar de Estela
    Estela

    Mecánica de arena

    Tomo una silla. Me subo y bajo el bolso negro del techo del ropero. Apoyo el bolso en la cama y lo abro. Guardo dentro: los vestidos floreados, un par de camisas, ropa interior, algún abrigo. Cambio los vestidos y la camisa por calzas, pantalones y muchas remeras.
    Abro el cajón de los zapatos y caen muchos. Dejo de lado los zapatos de taco alto. Elijo dos pares bajos.
    El reloj hace sentir su latido en mi muñeca: son las 8… ¡aún no son las 9!… hay tiempo. Le doy cuerda.
    Voy a la cocina. Tomo una bolsa. Guardó latas, papel higiénico, arroz, fideos. Veo el frasco con el dinero. Lo abro. Hay poco pero alcanza. Me lo meto en el bolsillo.
    Meto la bolsa en el bolso y lo cierro. lo tomo con la tira de hombro.
    Tomo el cuadro de arena. Lo vuelvo a dejar en la mesa, dado vuelta.
    Salgo. Cierro la puerta tras de mí. Me tiemblan las manos. Por la boca para cartas, tiro la llave de la casa.
    Camino unos pasos mientras me toco el ojo sin maquillar que aún duele. Hay tiempo para mirar atrás. No miro.

  7. Avatar de Carolina Lizarazo
    Carolina Lizarazo

    AMOR A LAS CARRERAS

    Tan pronto suena la alarma y siente que la nueva mañana se insinúa entre las sábanas, abre los ojos. Con aire triunfante se alista para ir a correr.

    Abre el armario y escoge su último atuendo deportivo. Se mira al espejo que le sonríe coquetamente en señal de aprobación, y antes de salir le da un beso silencioso a Ernesto, quien aún duerme.

    Mientras con pasos gentiles sus pies se van despegando del suelo, una primera explosión de dopamina la invade cuando su mirada se clava en ella.

    Al llegar por la mitad, el corazón se le sale y quiere parar, pero al oír esa voz que pronuncia su nombre y le grita que no se rinda, sus ojos chispean de más energía.

    Al cabo de una hora, sus pasos se aligeran hasta detenerse, momento en que el ritmo embriagador de las endorfinas le anuncian el ansiado momento de los estiramientos.

    Su cuerpo se alarga como un plácido gato, mientras cada extremidad es halada deliciosamente por unas manos que saben cómo hacerlo, y que recorren cada parte hasta envolverla en euforia.

    Con dificultad se despega del cuerpo que la entrelaza. No quiere regresar a la casa. Su nueva manera de entrenar es lo único que importa.

  8. Avatar de Robert Garcés
    Robert Garcés

    Cada mañana me levanto a las seis en punto, sin necesidad de alarma. Camino descalzo hasta la cocina, preparo café negro y dejo que el vapor dibuje sobre el vidrio, como si alguien escribiera desde el otro lado. Mientras espero observó la calle desolada. A las seis y media exactamente pasa el mismo hombre con un perro negro. Siempre mira hacia arriba, como si supiera que lo estoy viendo, jamás me ve.

    Desayuno dos rodajas de pan untadas con mantequilla, siempre son dos rebanadas, acompañadas con mi café cargado. Luego me lavo los dientes en un silencio sepulcral.

    Antes de salir, reviso la puerta tres veces. Mis manos tiemblan apenas en la tercera.
    Pero hay algo que jamás olvido.

    A las sietes y media, bajo al sótano.

    No enciendo la luz, la oscuridad respira antes que yo. Permanezco quieto, escuchando ese murmullo suave, casi inexistente, que no pertenece a la casa.

    Dejo el plato en el suelo y me alejo.

    Antes de subir, cierro la puerta con cuidado, como si temiera que algo aprendiera a abrirla, sin mi permiso.

  9. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Laura toma el cono de helado y lo envuelve en una servilleta. Los clientes esperan en este caluroso día de verano. Sus manos tiemblan al colocar el helado de la máquina. Pone demasiado lo que hace derramar todo sobre el cono. Lo tira a la basura. ¿Habré limpiado bien la máquina ayer? se pregunta. Mira sobre su hombro, la fila es larga. Ella se siente observada. Toma un nuevo cono y pone el helado de nuevo con cuidado esta vez. Mira los ojos del niño llenos de ilusión, él extiende sus brazos como si se tratase de un tesoro. Ella se demora en entregarlo. ¿Y si no lo hice? ¿qué le pasará a él? La señora de atrás voltea su cabeza para observar por qué se tarda tanto el niño en coger el helado, pero se da cuenta que es Laura quien no entrega el helado. <> Observa cómo el niño da el primer lengüetazo a su helado y luego otros más. <>.

  10. Avatar de RAQUEL
    RAQUEL

    Ana sale hacia el trabajo como todos los días.
    Los horarios que tiene hace que sus ojeras resalten más que sus preciosos ojos verdes.

    Odia a muchos de los clientes que frecuentan su cafetería. Sobre todo a uno…
    Aún con sentimiento de culpa, repite en su cabeza «Hoy lo hago».

    En la barra, como cada día, está Raúl.
    Sudoroso desde primera hora de la mañana.
    Haciendo bromas machistas que sólo a él le hacen gracia.

    Cuando la ve, le pide café con leche desnatada con sacarina. La barriga hace que los botones de abajo de la camisa ni le abrochen.

    Da un repaso a la liga de fútbol. Después alardea sobre la chica con la que anoche se acostó. Cuenta con detalle todo lo que ella le hizo. No escatima en gestos obscenos.

    Ana le sirve sonriente, algo que a él le hace creer que tiene alguna oportunidad con ella.
    Él fuerza su voz de pito a otra más masculina y le ofrece tomar algo juntos cuando salga.

    Le guiña un ojo mientras le pide el coñac con el que bebe siempre el café y le mira el escote.
    Ella se gira para colgerlo, y hace un movimiento extraño que él no percibe.
    Le sirve y le sale una risa que él nunca vio en ella. Es casi una carcajada.
    Ana siente el poder.

    Él se lo bebe de un trago.

    Lo siguiente que se oye es el de la sirena de una ambulancia.

  11. Avatar de RAQUEL
    RAQUEL

    Ana sale hacia el trabajo.
    Los horarios que tiene hace que sus ojeras resalten más que sus grandes ojos verdes.

    Odia a muchos de los clientes. Sobre todo a uno…
    Aún con sentimiento de culpa, repite en su cabeza «Hoy lo hago».

    En la barra, como cada día, está Raúl.
    Sudoroso desde primera hora de la mañana.
    Haciendo bromas machistas que sólo a él le hacen gracia.

    Le pide café con leche desnatada con sacarina. La barriga hace que los botones de abajo de la camisa ni le abrochen.

    Él alardea sobre la chica con la que anoche se acostó. Cuenta con detalle todo lo que le hizo. No escatima en gestos obscenos.

    Ana le sirve sonriente, algo que a él le hace creer que tiene alguna oportunidad con ella.
    Él fuerza su voz de pito a otra más masculina. Le ofrece tomar algo juntos cuando salga.

    Le guiña un ojo mientras le pide el coñac para el carajillo y le mira el escote.
    Ella se gira para colgerlo, y hace un movimiento extraño que él ni nota.
    Le sirve y le sale una risa que él nunca vio en ella.
    Ana siente el poder.

    Él se lo bebe de un trago.

    Lo siguiente que se oye es el de la sirena de una ambulancia.

  12. Avatar de Carlos Arellano-Caicedo
    Carlos Arellano-Caicedo

    Después de poner las cebollas y los tomates en la sartén, va el ajo. El ajo… dónde está? Lo dejé aquí. Abro la nevera, no lo veo, remuevo todo por dentro pero no están. Tal vez los dejé en el supermercado, o en la bolsa del supermercado. Voy a ver la bolsa. La abro, no están, caramba. Tal vez no pagué por ellos. Siento un olor a quemado.¡Las cebollas y el tomate! Apago el fogón y remuevo los vegetales quemados. ¿Qué voy a hacer?, ya no tengo tanto tiempo. En cualquier momento suena el timbre.

    Tomo el sartén y lo vacío en la basura y lo lavo. Lo vuelvo a calentar. Pero calienta poco a poco, miro el reloj, no alcanzaré. Apago el fogón, me quito el mandil de cocina. Busco en internet comida a domicilio. Tiempo de entrega: 30 – 40 minutos. Caramba. No, en cualquier momento suena el timbre. ¿Qué hago? Me rasco la cabeza, piensa, piensa, piensa. ¿Por qué no cociné desde antes si era tan importante? No hay tiempo para arrepentirme. Debo decidir, el tiempo pasa lento y rápido al mismo tiempo. Ya sé, todo al microondas. Abro el microondas y meto pan con tomate encima, y un poco de aceite. Pero antes de cerrarlo suena el timbre. Contesto. No, primero el micro. Suena nuevamente. Contesto. Suena nuevamente. Y nuevamente. Dejo el microondas, me siento en el sofá. El timbre suena solo unas dos veces más.

  13. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Laura toma el cono de helado y lo envuelve en una servilleta. Los clientes esperan en este caluroso día de verano. Sus manos tiemblan al colocar el helado de la máquina. Pone demasiado lo que hace derramar todo sobre el cono. Lo tira a la basura. ¿Habré limpiado bien la máquina ayer? se pregunta. Mira sobre su hombro, la fila es larga. Ella se siente observada. Toma un nuevo cono y pone el helado de nuevo con cuidado esta vez. Mira los ojos del niño llenos de ilusión, él extiende sus brazos como si se tratase de un tesoro. Ella se demora en entregarlo. ¿Y si no lo hice? ¿qué le pasará a él? La señora de atrás voltea su cabeza para observar por qué se tarda tanto el niño en coger el helado, pero se da cuenta que es Laura quien no entrega el helado. <> Observa cómo el niño da el primer lengüetazo a su helado y luego otros más. <>.

  14. Avatar de José Andrés Morales
    José Andrés Morales

    Ejercicio de Escritura: Voz narrativa
    Título: No hay mañana.
    La música retumbaba en sus oídos, cada onda golpeaba el martillo del oído interno y cerraba los ojos con fuerza para no recordar. Las luces de varios colores trazaban la energía del lugar, iban y venían en todas direcciones en aquel bar. Jules, apretaba su mano con intensidad en aquella botella de tequila. Vio el pequeño vaso, tomó la botella de tequila y sirvió otro trago. Veía como el vaso se llenaba y el líquido dejaba un rastro de burbujas en el interior. No lo pensó, inclinó su cabeza hacia atrás y acto seguido su mano con el pequeño vaso empinado en su boca. El sabor raspaba las paredes de su garganta, quería sentir esa amargura en su paladar, que le calentara todo el tracto digestivo y como acto involuntario, cerrar los ojos y olvidar esas imágenes que como flashes de cámara fotográfica replicaban en su cabeza.
    “Puta madre, ¿por qué?” Pensó. Cómo si algo le dijera, posó su barbilla contra su hombro izquierdo y alzó la vista a la puerta del lugar, esperando lo inevitable, pero los segundos se prologaban y la sorpresa se convertía en una realidad gris. Volvió a tomar el vaso pequeño, perfiló la botella para servir otro trago, cuándo ¡BANG! Escuchó un estruendo proveniente del otro lado del bar, seguido de un grito femenino de terror, y los gritos de auxilio de los demás dentro del mismo lugar. Jules, lo supo. Volteó a ver y sabía que el destino estaba cerca, como si fuera un acto sin cuidado, alzó su brazo izquierdo, apretó el gatillo y ¡BANG! Y cristales caían como pequeñitas gotas de arena clara sobre todos. Jules disparó su arma para distraer, tomó el arma y aún caliente, la posó dentro de su bolsillo de la chaqueta, y alzó sus piernas a correr, empujó gente, tiró bancos y salió por la parte trasera del bar. Tenía que escapar.

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