El testigo – Reto de escritura creativa

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio te pide que escribas una que ocurre delante de alguien que no tiene las claves para interpretarla. Tú controlas qué sabe el lector. Y el lector, siempre, sabrá más que tu narrador.

Qué trabajarás

  • Punto de vista limitado: tu narrador percibe con precisión, pero interpreta mal, o directamente no interpreta.
  • Ironía dramática: la tensión nace de esa brecha entre lo que el narrador ve y lo que el lector intuye.
  • Subtexto: lo más importante ocurre entre líneas, en lo que nadie dice en voz alta.

Tu punto de partida esta semana

Elige uno de estos escenarios, o inventa el tuyo:

  • Un niño espera en el coche mientras sus padres hablan con alguien en la puerta de casa. Ve caras, gestos, un sobre que cambia de manos.
  • Una adolescente escucha la conversación telefónica de su madre a través de la pared. Solo llegan el tono y alguna palabra suelta.
  • Un anciano en una residencia observa cómo sus hijos discuten en voz baja justo antes de marcharse.

Cómo escribirlo

  1. Define qué no sabe tu narrador. Esa ignorancia es el motor de la escena. Cuanto más clara la tengas tú, mejor funcionará el efecto.
  2. Elige tres detalles concretos que tu narrador describe sin interpretarlos: un gesto, un objeto fuera de lugar, una pausa demasiado larga.
  3. Escribe un máximo de 200 palabras. Frases cortas. Sin explicaciones. Tu narrador observa y registra; no juzga, no concluye.

Regla de oro: si en algún momento tu narrador entiende lo que está pasando, vuelve atrás y bórralo.

Ver el directo de este reto en: YouTube


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Comentarios

7 respuestas a «El testigo – Reto de escritura creativa»

  1. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    El Testigo Por Miss Yaguarlocro

    El viejo mira desde la casa antigua. El balcón tiene barrotes apolillados. Un hombre con zapatos de charol, traje azul y corbata roja está parado junto al semáforo, camina de un lado para el otro, da vueltas, regresa.
    En su mano tiene una manta de lana blanca doblada como un rollo.
    Mira su reloj, se detiene, busca en el bolsillo y saca un papel.
    Lee, frunce el ceño, hace un puño con su mano y aprieta la manta con fuerza, vuelve a mirar el papel. Lo dobla, lo rompe en pedazos pequeños, unos caen al suelo, los otros los arroja al tacho de basura que está en el fondo de la vereda.
    Con la otra mano se acomoda el cabello y cruza la calle y se mezcla con los otros peatones.

  2. Avatar de Carolina Lizarazo
    Carolina Lizarazo

    FALSA TRAICIÓN

    No sé cuánto tiempo llevaba en el bar, ni cuántas copas había bebido tras la noticia de mi despido. Cuando me di cuenta de que mi lengua parecía estar en una telaraña que la enredaba, y mis ojos ya no veían, sino que bailaban, supe que debía marcharme. Solo que algo me detuvo.

    Divisé la figura de Beatriz, quien con su inconfundible cabellera roja que hacía juego con los labios pintados de carmesí, estaba sentada en una esquina con alguien.

    Me pregunté qué hacía mi novia allí con otro hombre, si cuando la llamé me dijo que no podía salir porque debía madrugar. Mientras la desazón me quemaba, ella le lanzaba sonrisas atrevidas con cara de enamorada a él, al otro.

    El hombre le dijo algo que la hizo cerrar los ojos, para luego sacar un diminuto objeto que desató mi ira. Entonces le puso el anillo y Beatriz lo besó.

    Con el corazón agitado y la respiración muda me fui tambaleando hacia ellos, y le lancé un puño al infeliz. Ella, a quien ya no reconocía, porque su rostro se me se desdibujó, empezó a gritar.

    Antes de desmoronarme en el suelo como una piedra, alcancé a escuchar que ella imploraba ayuda debido a la presencia de un loco extraño que atacaba a su prometido.

  3. Avatar de José Andrés Morales
    José Andrés Morales

    15 de abril del 2026
    El testigo – Reto de escritura creativa

    — ¡Ella tiene que saber, pronto, Mafer! — Concretó, golpeando su mano en el folder rojo que estaba sobre la mesa del comedor. El impacto del golpe hizo que el bolígrafo volará violetamente fuera del perímetro y cayera frente los pies de Mili.

    — ¡Hola, mi amor! — Dijo, Mafer. Alzando la cabeza rápidamente, encontrando la mirada con su hija y posicionando el cuchillo grande de verduras al lado de la tabla de picar.

    Martín, quitó rápidamente dichos documentos y los guardó directamente en su maletín y fijó su mirada en su hija. Mili observó que sus manos temblaban y veía su movimiento de sus labios diciendo algo sin volumen.

    — ¡Hey, abejita, ¿qué estás haciendo despierta tan tarde? — Preguntó. Mientras caminaba hacia a ella. Mafer, adelantó a cualquier movimiento, tomó a Mili desde las axilas, la cargó y la posicionó contra su pecho. Aspiró con la nariz y pasó su mano izquierda con prisa en su cachete izquierdo.

    Mili tenía unos ojos hermosos, grandes como canicas, marrones miel que era fácil ver a través de ella. Estaba viendo sus manitas y luego fijó su mirada en su madre. Mafer le sonríe y dicen que volverán a la cama, mientras caminaban a su cuarto, su padre, alzó su brazo y movió de lado a lado, despidiéndose de ella, y alcanzó a ver qué gesticuló la palabra “te amo”, Mili sonrió y abrazó fuertemente a Mafer.

    Mientras caminaban a su habitación, pegó su carita junto al costado del rostro de su madré, y sintió algo húmedo en esa parte. Alzó su cabecita y observó fijamente a su mamá. Ella, estaba derramando lágrimas, sin sonido, sin objetivo, solo caminaba determinada y lloraba con agonía.

  4. Avatar de Robert M. Garcés
    Robert M. Garcés

    El día esta enlutado. Las palomas que picoteban el suelo sin cesar, se detuvieron y volaron, solo se veían plumas por doquier. Mientras, un hombre corre, pero un ruido lo atrapa y se desploma y golpea el suelo. Alguien grita, y no entiendo.
    Un perro ladra. Luego otro. Corren en direcciones distintas, no se deciden.
    Cae un bolso entre pasos que se alejan. Algunos se acerca y otros no. Una sombra cruza en frente de mi. Rápido, casi imperceptible. Mis piernas empezaron a temblar y mis manos sufren espasmos. Mientras, un motor se pierde a lo lejos.
    Los perros se callan. Las palomas se esconden y un sumbido queda en el aire. Después nada, todo vuelve a ser como antes, pero algo duele, no se donde y no quiero saberlo, solo inhalo y exsalo. Mis pies dejan de temblar y el espasmo cesa.

  5. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    El aburrimiento me embriaga en esta fiesta, igual que al chico de camisa verde de enfrente. Corpulento, ya no es un niño, pero todavía no es un hombre. Desgarbado, hundido en la silla con mirada inocente y esquiva, apenas se mueve para dar sorbos a su bebida.

    Al fondo distingo a una señorita muy elegante. Sus ojos saltan de rostro en rostro; se pone de puntillas y mueve la cabeza de un lado a otro. De pronto, su mirada se detiene en la espalda del chico de camisa verde. Con una gran sonrisa vuela hacia él por la retaguardia y, en un sorpresivo movimiento de hurón, cae sentada en las piernas del chico plantándole un beso.

    Ella abre los ojos y, de inmediato, se levanta. Se lleva las manos a la boca alzando los hombros y sale corriendo.

    Él se queda congelado, con los ojos desorbitados, mientras un rojo violento le sube por el cuello hasta encenderle las orejas. Una vez pasado el impacto, toma un trago. Se acomoda en la silla, pasa la mano por la cabeza y, con el codo sobre la mesa, espera.

    Más tarde, ella pasa frente a nosotros, sin siquiera mirar al joven, colgada del brazo de un hombre con camisa verde.

  6. Avatar de Carlos Arellano-Caicedo
    Carlos Arellano-Caicedo

    Cuando le pidieron a mi mami que entrara al consultorio del doctor, ella me dijo que la esperara afuera jugando. Pero me aburre jugar solo. Entonces le dije que jueguen conmigo a unos dos niños que estaban ahí esperando. Ni me respondieron. Eran niños grandes, tal vez por eso no quisieron. La niña empezó a llorar después de lo que les dije. Ella parecía que no quería ni verme, porque cada que me veía se ponía a llorar otra vez. No eran grandes todavía, como mis papis, se parecían más a mis primos que juegan conmigo a veces, niños con cuerpos grandes. Yo seguí jugando pero ellos hablaban bajito. Aunque casi siempre estaban callados, no hablaban, solo se quedaban viendo a las revistas sobre la mesita. El niño le tocaba es estómago a la niña, y le decía algo. Creo que algo le había hecho mal a ella. Cuando el doctor los llamó, él se puso de pie y ayudó a la niña grande a levantarse de la silla. Caminaron hasta el consultorio, pero antes de entrar la niña dijo no no no, y lloró y salió corriendo. El niño grande se fue tras de ella y ya no volvieron. Hasta eso mi mami ya salió del consultorio y me preguntó que qué eran esos gritos. Nos fuimos de ahí a chupar helados de mora, los otros sabores no me gustan, son muy dulces y se derriten rápido.

  7. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Daniel me muestra los últimos cromos que ha conseguido. Tenemos tiempo así que va despacio explicándome cada uno. Mi padre conversa con la madre de Daniel. No puedo escucharlos. Ellos se llevan muy bien. Siempre que nos encontramos en la calle con ella, terminan apartándose unos pasos y bajando la voz. Me distraigo y no presto atención a Daniel. No sé qué es lo que mi padre le está mostrando a ella. Sea lo que sea, ella sonríe al ver esa cosa. ¿Será un cromo? Algo parecido tal vez. Ella se lo guarda en el abrigo. Daniel me jala del suéter, y me pregunta si quiero alguno, porque él ya los tiene casi todos. Reviso de nuevo los cromos. Hay uno que no tengo. ¿Me lo cambias? le pregunto. Me responde que sí, pero solo si yo le doy cinco cromos. ¡Cinco! digo ofendido. Al final cedo, porque ese cromo es raro que salga en los sobres. Mi padre me sacude del hombro para irnos y veo cómo ella le toma la mano a él, como una caricia, al despedirse. Creo que está agradecida por esa cosa que le dio mi padre.

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