La última vez sin saberlo – Reto de escritura creativa

Hay algo en la vida que nadie avisa: la última vez que haces algo, casi nunca sabes que es la última.

La última vez que llamas a alguien. Que entras a esa casa. Que compartes una mesa con esa persona. Que haces algo tan pequeño que ni siquiera lo registras.

Eso es lo que vas a escribir esta semana.

Tu consigna

Escribe una escena donde tu personaje hace algo completamente normal. El lector sabe que es la última vez. El personaje, no.

Límite: 200 palabras.

Regla única: No puedes escribir las palabras último, adiós ni despedida.

Algunos puntos de partida

  • Alguien prepara café para dos, como siempre.
  • Un padre lleva a su hijo al colegio. El niño ya no va a querer que lo acompañe.
  • Alguien cierra la puerta de un piso que no volverá a ver.

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Directo de escritura creativa

Comentarios

11 respuestas a «La última vez sin saberlo – Reto de escritura creativa»

  1. Avatar de SILVANA
    SILVANA

    Ella amaba pasar la última semana de vacaciones en casa de su abuela. Dormir con almohadas duras y sábanas frescas, disfrutaba de las conversaciones largas hasta que alguna de las dos se quedaba dormida. Despertar y sentir el olor a tostadas y flit frotado en el piso para darle brillo a las baldosas. Escuchar Radio Casilda de fondo entonando algún tango rancio. Beber un té en el único tazón Durax que quedaba en la casa, testigo del paso del tiempo. Su sabor simple y edulcorado que la acompaña desde su infancia como una de las delicias más nostálgicamente lograda. Nunca tuvo conciencia de lo que significaba hasta que se convirtió en recuerdo,

  2. Avatar de Victor Jácome Bustillos
    Victor Jácome Bustillos

    El juego de la vida
    Al nacer, según sabemos, empieza la vida como la conocemos. Después de un caminar lento, pasamos de necesitar y querer todo a nuestro antojo cuando somos niños, bajo la influencia del entorno y la familia.
    Luego viene la adolescencia, etapa en la que desconocemos gran parte del vivir, pero queremos hacerlo todo de la forma más rápida y según nuestra voluntad. Anhelamos vivir, nos alejamos de la familia e intentamos formar nuestra propia manada.
    De los veinte años en adelante, adquirimos algo de experiencia. Sabemos lo que nos gusta y lo que no, y, en el mejor de los casos, tenemos la meta de sobrevivir por nuestros propios medios; unos más, otros menos.
    De los cuarenta en adelante, somos más selectivos con las batallas que queremos librar. Ya no vivimos en una constante carrera; tenemos un camino recorrido. Según algunos entendidos, hemos llegado a la mitad de la vida y buscamos paz, libres del caos de los primeros años.
    Algunos ya terminarán su camino; otros seguirán y buscarán un grupo consciente donde puedan ser ellos mismos, donde compartan intereses y un mismo objetivo de caminar y vivir.
    Para algunos, aquí empieza realmente la vida… o, mejor dicho, el juego de vivir.

  3. Avatar de Natividad
    Natividad

    Recuerdo
    Llovía, llovía a cántaros, y parecía que la lluvia no quería dejar de caer. El abuelo, sentado en su silla, fumaba su cachimba y se detenía a mirar cómo el humo se volatilizaba, como si también él quisiera quedarse suspendido en el aire mientras afuera el agua caía sin descanso, entonces, de repente, la lluvia paró y salió el arcoíris más hermoso que nadie hubiera visto jamás en aquel lugar. Fue un resplandor breve y perfecto, de esos que parecen ocurrir solo para dejar memoria.
    Al día siguiente siguió lloviendo, y el abuelo deseó, con la misma esperanza, que la lluvia volviera a ceder para ver otra vez aquel milagro de colores. La abuela estaba sentada frente al abuelo, inquieta, esperando que escampara para poder salir, como quien confía en que toda tormenta termina por cansarse. Aunque el arcoíris regresó, no fue igual. Porque las cosas buenas y hermosas, no se repiten dos veces de la misma manera. Y tal vez por eso permanecen: no en el cielo, sino en nuestra memoria.
    En la casa se amontonaban las palabras, los pensamientos, los pequeños enredos de la vida diaria, mientras yo apenas intentaba escribir lo que veía, sacándolo de adentro como me saliera.

    1. Avatar de María Norma
      María Norma

      Me senté en aquel bar a esperarlo. Lo ví desde la ventana con su campera gris y su pantalón azul. Pedimos café Lo observé detenidamente. Su rostro me hablaba de un evidente dolor, de noches de insomnio. Me contó que perdió el trabajo, que las deudas se le amontonaban. Le ofrecí mi ayuda pero no acepto . Mi vida ya no tiene sentido, me dijo. Trate de animarlo. Su mirada vacía estaba anclada en el café que no tomaba. El es mi amigo de toda la vida, compartimos sueños, ilusiones. Sin saber por qué recordé cuando éramos niños y pasábamos horas en la estación esperando ver pasar el tren. Cerca de esa misma estación estábamos ahora. De pronto me dijo: tengo un plan. Adelante, llévalo a cabo, solo los valientes emprenden lo que han decidido, le dije.. Me miró fijo y sin decir palabra salió como si algo lo impulsara. Pasaron quince minutos, escuché el silbido del tres que me llevo a la infancia junto a el. Sentí gritos. Me sobresalté . Un gentío rodeaba la estación. Me acerque. Un hombre gritando dijo: alguien de campera gris y pantalón azul se arrojo a las vías.

  4. Avatar de Osmani Guevara Cabrera
    Osmani Guevara Cabrera

    Caso clínico Nº 0
    La cirugía estaba programada.
    Nombre: Sigmud Freud
    Paciente masculino 82 años
    Motivo: Cáncer del paladar.
    Estaba ahí en el sillón recostado el siquiatra. El olor a formol, y putrefacción era inconfundible. Los dolores constantes habían cambiado sus emociones. ¡¡¡El cirujano lo noto!!! Era apático, con ideas algo oscuras que no eran suyas. Había descubierto que el dolor convierte a un ser humano en psicópata. Entonces no dudo, la anestesia lo durmió con su secreto.

  5. Avatar de sofia-.
    sofia-.

    La cámara de fotos y la modelo

    Pasadas las ocho, como cada tarde, mi vecino de enfrente toma la cámara de fotos y apunta a la luna. La sostiene entre sus manos con un pulso insuperable. Lo sé porque he estado junto a él mientras lo hace. Cierra un ojo y concentra toda su capacidad de visión sólo en el otro. Así pasa una media hora gatillando muchas fotos de la luna para borrar la mayoría y quedarse con dos o tres ganadoras.

    Como todas las tardes, yo me preparo algo para tomar, me siento en el sillón junto a la ventana y, luego de asegurarme que las rendijas de la persiana están lo suficientemente cerradas como para que no me vea pero lo bastante abierta como para verlo, me dispongo a mirarlo con los binoculares. Lo cierto es que él está obsesionado con ella y yo, con él.

    Aún no comprendo por qué dejamos de visitarnos con frecuencia como lo hacíamos. Fue su decisión y no la mía, eso es evidente. Incluso conservo las llaves que me dejó como su persona de confianza por si pasaba algo.

    Pero hay una cosa que sí está en mis manos. Puedo quitarle la posibilidad de volver a verla. Al menos, de que ella no pose para él como cada tarde. Lo tengo claro; mañana, luego de que salga al trabajo, entraré y me llevaré esa cámara de fotos.

  6. Avatar de Daniella
    Daniella

    Lucero, bebió una gran cantidad de copas de vino, más de lo habitual, pues cada vez que ella necesitaba a Martina, ella debía juntar coraje y embriagarse para poder llamarla. Y Como era de esperarse Martina atendió el llamado de Lucero y apareció. ¡Ay Lucero! Pensé que ya no me querías ver más-dijo con una sonrisa de burla, y entonación irónica. ¿Ves? Tú no puedes vivir sin mi. Martina, quiero que escribas sobre nuestra relación, desde el principio hasta hoy. Quiero que sea nuestro mejor poema de amor, le indicó Lucero. Entonces Martina sonrió, bebió al seco el vino que quedaba en una botella, exigió más alcohol, el cual fue concedido. Tomó el lápiz y comenzó a escribir un poema oscuro y hermoso, lo mejor que había escrito en años. Cuando terminó estaba completamente ebria y unas lágrimas rodaban por sus mejillas, y preguntó: Lucero, ¿por qué toco nuestro rostro y está lleno de lágrimas? ¿Por qué lloramos?
    Al otro día Lucero se interna en un centro de rehabilitación de A.A, y quema todos los poemas de Martina.

  7. Avatar de Estela
    Estela

    Las primeras vacaciones
    -Y Ma’… como va? Primera vez en Mardel!… Acá, todo bien… no te preocupes por tu perro… Come de todo… Ni te extraña… Hola?… Me cortaste?…

    -… Y cuando empezó a sentirse mal mamá?… El corazón?… Si, yo le aviso. El perro?… Tengo que cortar.

  8. Avatar de Rosygatuna
    Rosygatuna

    (esto está basado en hechos reales) El aire se sentía raro, fingía distraerme con una gata en la jaula vecina de mi hermanito, simplemente me dolía demasiado mirarle en aquel estado tan débil y sin fuerzas, así que hice una tontería, jugar con la otra gatita que según había sido rescatada de la calle, era bastante energética ahora que lo pienso mejor, cuando llegó la hora de irnos, le dije a mi hermanito, «te quiero mucho, te prometo que pronto nos veremos de nuevo», mi instinto me gritaba que dijera algo más, sin embargo le di un beso y ignore aquel sentimiento que me oprimía el pecho, mientras me iba me voltee para despedirme con la mano, cuando llegamos al auto sentí un arrepentimiento tan grande de no haber dicho algo más o haber insistido en que mi instinto me gritaba que mi hermanito no estaba bien, pero simplemente lo volví a ignorar y sonríe pensando que pronto volvería a ver a mi querido hermanito. (tres días después, me enteré que nunca más le vería, te extraño mucho, mi pequeño hermanito gatuno, Yuyin era su nombre y lo recordaré por siempre, espero algún día poder volver a verle, y deseo con todas mis fuerzas que exista algo más allá de la muerte, como el cielo o algo así, para poder cumplir aquella promesa de volver a vernos)

  9. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    Tía Aurelia por Miss Yaguarlocro

    La tía Aurelia es jovial, baila, se ríe a carcajadas, es autoritaria y buena para los negocios; además, cocina delicioso. Hoy que fui a su casa, ella me dijo que el secreto de todo lo rico es el refrito. Cocinó, comimos y hablamos toda la tarde.

    De pronto, me preguntó: «¿Te operarías o no te operarías si estuvieras enferma?». Mi corazón se paralizó y no contesté.
    «Contéstame», me dijo.
    La tía vieja se levantó, me apretó el brazo durísimo y clavó sus ojos en los míos.

    Enseguida me soltó y dijo: «Mejor tomamos el chocolate de Ambato con mucho queso en tu jarro despostillado favorito». Me abrazó, me besó con sus babas de siempre y me fui.

    A los tres días, la ambulancia con la sirena ruidosa se la llevó.

  10. Avatar de Jose Andres Morales Quintana
    Jose Andres Morales Quintana

    – “¡NO, me quedaré con ustedes! ¡Puedo luchar! Por la familia, por mamá…” Dijo con voz agitada. Intentando tomar por el mango la ligera espada de su costado. Alzó el brazo, de un segundo a otro deja caer el arma.

    – “Hijo,” dijo suavemente Arthur. “Tu corazón arde como el fuego en las brasas. Tienes la voluntad del sol. Lo he visto desde el día que llegaste aquí, pero tienes los ojos de tu madre, y cargas su legado. Ella está aquí, Calius, viéndonos, protegiéndonos” decía tomando la cara de su hijo que seguían saliendo lágrimas de sus ojos. “Observa al oriente en el 4to amanecer, cuándo el sol toque el pecho del refugio, fija nuestra llegada. Pero por esta ocasión, hijo, estos hombres, mujeres y niños, están a tu costado por la justicia y fuerza que posees, hijo mío, haz valer tu recuerdo poniendo a salvo a cada uno de ellos y frótate el pecho de la gran responsabilidad que se avecina. Te necesitamos, Calius, yo te necesito. Tú eres la voluntad de Fuego.”
    El muchacho miró fíjate a su padre, desvió la vista a su caballo, dio un pequeño golpe al costado y este, empezó a caminar. Mientras avanzaba, observó por última vez la Fortaleza de Hierro, y dio instrucciones a su escudero para que abriera la puerta trasera. Su misión se iba con él mientras atravesaba la gran puerta negra.
    Arthur esperó a que su silueta se desvaneciera. Sonrío y levantó su espada a los cielos.

    Todos estaban en alrededor de la mesa. Galaf tomaba del tarro de cerveza, leyendo las miradas de sus camaradas. El pequeño Fiderir afilaba las puntas de sus flechas en dos formas balísticas que generaban una penetración segura. Remik jugaba con su daga presionando la punta al suelo, girándola y provocando un efecto espiral. Ederik estaba junto al fuego, viendo fijamente como las llamas que la crepitación era lo único con vida en la sala. Arthur vigilaba el horizonte, sujetaba el tarro, pero no bebía, en su lugar, fijó su vista en la segunda torre del fuerte, captó a dos hombres que rían fuertemente. Pero en un instante, las risas se apagaron. Y un sonido sacudió la atención de los guardias. Era el cuerno de guerra de los Marukai.
    Los pasos de los demás soldados se convirtieron en movimiento de prisa y se enfilaban cerca de las tres torres principales del fuerte para tomar armas. El sonido metálico de las armas chocaba con los escudos y armaduras de los valientes
    El hombre más viejo giró en sí mismo y gritó a los otros hombres que estaban en la planta baja:
    – “¡PREPÁRENSE! MILAAAAAAK, MILAAAAAK… VE Y TOCA LA CAMPAÑA, RÁPIDO. AVÍSA A LA COMPAÑÍA DE LA PUERTA DEL ALA ROJA QUE PREPAREN CATAPULTAS”. El soldado que recibió las instrucciones asintió con la cabeza y apresuró su paso, empujando a quiénes se seguían formando.
    Arthur dio la vuelta y se dirigió a su compañía: “prepárense, esta noche cenaremos el vacío, esta noche nos abrazará la Sombra Eterna…” Tomó su espada, abrió la puerta y contra todo pronóstico, corrió al enemigo.

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