Lo que haces después – Reto de escritura creativa

La conversación difícil ya terminó. La puerta se cerró, la llamada se cortó, el carro arrancó.

Y ahora tu personaje está solo con lo que acaba de pasar.

No te interesa la conversación. Te interesa ese momento raro de los dos minutos siguientes: lo que hace el cuerpo cuando la cabeza todavía no sabe qué sentir.

Tu consigna

Escribe lo que hace tu personaje inmediatamente después de una conversación difícil. Solo la acción. Solo esos dos o tres minutos siguientes.

Algunos puntos de partida:

  • Acaba de decirle algo a su madre que no podía seguir sin decir.
  • Colgó el teléfono después de una conversación que no esperaba.
  • Salió de una reunión de la que no va a hablar con nadie.

Límite: 200 palabras.

Regla única: No puedes contar de qué fue la conversación.


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Comentarios

11 respuestas a «Lo que haces después – Reto de escritura creativa»

  1. Avatar de Estela
    Estela

    Decir

    Cerró los ojos y escuchó el auto alejarse.
    Tomó aire, los abrió y caminó hacia la cocina. Puso la tetera al fuego y busco las dos tazas.
    Apareció Ramiro en la puerta: “¿y papá?”
    Ella lo abrazo y lo miró a los ojos con los labios bien cerrados.

  2. Avatar de Natividad
    Natividad

    En el restaurante El Rincón de Sabores, la chef Nathalia recibe una llamada que la deja perpleja y aturdida de inmediato se quita el gorro de chef, dejando su uniforme sobre la silla y sale deprisa de la oficina. Sin detenerse a explicar lo que sucedía, ella atraviesa el restaurante mientras sus compañeros la miran con curiosidad: ¿Qué pasa, Natalia?Pero ella no dice nada, solo sigue adelante, con esa urgencia silenciosa que no necesita palabras. Una vez más, le preguntan: ¿Qué pasó, Natalia?,pero ella sigue su camino sin mirar atrás.

  3. Avatar de Rosygatuna
    Rosygatuna

    El aire se sentía pesado y la soledad se aferraba al ambiente,
    todo se sentía como si fuera el último momento,
    y Kion miraba hacia atrás, viendo el cuerpo caído de su más grande enemigo, sintiendo tristeza y una profunda tristeza por no haber podido salvarle, sus manos manchadas de sangre de su enemigo

  4. Avatar de VALENTINA
    VALENTINA

    La llamada se terminó. Corrí hacia la cocina, abrí y cerré cajones; no había nada. Abría otro, nada. Abrí la nevera y, finalmente, lo mismo. La casa en silencio y todo parecía carecer de sentido. El móvil encendido y ni un puto mensaje. ¿Pero qué cojones me pasaba a mí? Ni yo misma lograba comprenderlo. Los dedos me temblaban, el tic tac del reloj era como una migraña constante en mi cabeza. Abrí la canilla y tomé tres vasos de agua seguidos, pero ya sentía que iba a vomitar. Me redirigí al retrete, me dejé caer frente a él y apoyé la cabeza sobre el borde frío. Permanecí allí sola, escuchando el reloj avanzar al otro lado de la casa mientras el agua seguía corriendo en la cocina.

  5. Avatar de Marisabel
    Marisabel

    Abrió la puerta después de una fuerte discusión con la arrendadora . Su rostro se sonrojó, su mirada estaba cargada de tristeza y decepción. Una lágrima corrió por su mejilla cuando le dijo a su esposa : Nos corrieron!.
    Solo por un espejo con luces.
    Voy hablar con ella!. Le respondió Fabiana furiosa y esperanzada de que a ella, si la iba a escuchar porque ella solo hacia peinados.
    Entonces su marido le dijo: Déjalo así. Nada la va a convencer, cree que haces keratinas. Buscaremos un lugar mejor, con el servicio eléctrico independiente y podrás atender tus clientas sin complicaciones.
    Fabiana miraba su pequeño salón de belleza frustrada, desalentada y triste. Recién lo había abierto hace un mes después de grandes esfuerzos en un lapso de dos años y ya debía cerrarlo.

  6. Avatar de Carolina Lizarazo
    Carolina Lizarazo

    El teléfono chilló tras caer de golpe en el suelo frío del apartamento. La mano temblorosa que antes lo sostenía, reflejaba el remolino interno que comenzaba a desatarse en ella.
    Por unos segundos contempló sus uñas recién maquilladas para la ocasión, y como si quisiera vengarse de ellas, cerró las manos en puños rabiosos para no mirarlas más. Luego se dirigió hacia el balcón.
    Miró hacia arriba donde había un cielo ardiente de estrellas. Tomó una bocanada de aire y cerró los ojos, mientras las lágrimas le fueron cayendo como lluvia.
    Con el estómago que le hormigueaba y la adrenalina recorriéndola, apoyó las manos sobre la baranda, se quitó los tacones, y con presteza se encaramó sobre ella.
    Cuando recordó las últimas palabras, dejó resbalar su mirada hacia abajo, donde vio una calle que bullía de gente y de carros, que hizo que su cuerpo se tambaleara. Entonces una sombra se alzó detrás de ella, y se produjo un maullido.
    Al darse cuenta de que aún no le había dado de cenar, juntó fuerzas y con un salto severo sus pies aterrizaron en el piso del balcón. Unos ojos amarillos y hambrientos la seguían, mientras ella volvía a su entera realidad.

  7. Avatar de SILVANA
    SILVANA

    Él se levantó, no cuestionó, no discutió. Tenía mil preguntas de esas que sabía no le encontraría ninguna respuesta. Repasó una y otra vez cada una de las palabras que le lanzó. Hubiese querido más respuestas…ensayó en su cabeza miles de situaciones distintas, otros desenlaces, otros escenarios, otras oportunidades, otras conversaciones, de esas que incomodan y que marcan un antes y un después. Sabia que lo que venia, lo incierto, le generaba ansiedad y desconcierto. Aún así, se dispuso a levantar la cabeza, secó sus lágrimas y la vida siguió como siempre.

  8. Avatar de Juan Miguel

    Comenzó la semana con varios altibajos, el hecho de recibir esos mensajes se estaban convirtiendo en una verdadera molestia, no podía concentrarse en su trabajo, le faltaba concentración en su trayecto diario y en el hogar era la chispa que encendía la disputa. Decidido a calmar su ansiedad producto de esto, acordó con un doctor, un abogado para ser exacto, tener una cita, necesitaba asesorarse sobre su situación; conversaron un largo rato sobre el tema, hubieron muchos puntos sobre los cuales estaba preocupado y que en muchas ocasiones le causaban stress, el platicar con alguien imparcial le resultaba tranquilizante, porque le hablaría claro, sin rodeos, buscando una alternativa real a su caso. Se retiró satisfecho; pero al salir de la oficina recibió un mensaje en su whatsapp, y pensó para sí, ¿Fue necesario?

  9. Avatar de Victor Jácome Bustillos
    Victor Jácome Bustillos

    Cuelga la llamada. De inmediato, un hormigueo le recorre la cabeza y el cuerpo; un ardor profundo que nace en algún rincón de su ser. Podría llamarlo de muchas maneras, pero ninguna le parece suficiente.
    Toma el teléfono. Quiere marcar de nuevo y decir todo aquello que calló para no agrandar el problema. La incertidumbre lo consume: no saber qué hacer se ha convertido en una sensación intensa, casi insoportable. Sin embargo, se convence de que, después de un cigarrillo, todo parecerá más sencillo.
    Lo enciende y saborea la primera bocanada. Observa cómo el humo se desvanece en el viento y, por un instante, desea que sus preocupaciones pudieran disiparse con la misma facilidad. Camina sin rumbo fijo mientras intenta ordenar sus pensamientos, encontrar una explicación, un origen para lo ocurrido. Necesita comprenderlo, analizarlo y resolverlo de inmediato.
    Pero no es la primera vez que sucede. Son demasiadas las ocasiones en que la historia se repite. Y entonces surge la duda: ¿vale la pena volver a ese vaivén de emociones, a ese territorio inestable donde nunca sabe qué esperar? ¿O sería más sensato alejarse de una vez y abandonar ese escenario antes de que vuelva a derrumbarse sobre él?

  10. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    Lo que haces después
    Miss Yaguarlocro
    Colgó el teléfono y el reloj marco las diez de la noche, ya no había sol. Julio caminó directo hacia el riel y se metió a la vía. Casi no respiraba; solo sentía la tierra y las piedras que le pinchaban el pecho. Allí se quedó, inmóvil y callado, sin abrir sus ojos hasta que el tren pasó.

  11. Avatar de Carlos Arellano
    Carlos Arellano

    Cuelgo el teléfono lo más rápido posible. Lo hago antes de que la mujer al otro lado de la línea me alcance a gritar “cómo”, “por qué”, “seguro es otra persona”, “por favor señor policía”.

    Por más que pasan los años no logro acostumbrarme. Me intriga esa delgada línea que separa el antes y el después de mi llamada. Es como una línea de la que no hay retorno. Siempre que estoy a punto de marcar el número pienso en la persona al otro lado del teléfono. Su vida sigue normal hasta ese momento. Su preocupación más grande será en ese entonces pagar alguna factura vencida, organizar las próximas vacaciones, o pensar en el crédito que planea hacer junto a su pareja. Al pensar en eso me espero, fumo un cigarro, me siento en lo que haya alrededor. Intento pensar que estoy otorgando minutos de felicidad a una persona. Estoy alargando su dicha algunos minutos más. Para ellos, la persona que yace a mis pies aún está viva, en su trabajo, conduciendo, tomando una siesta. Siento que tengo en mis manos decidir si esa persona vive o muere. Qué pasará, pienso a menudo, si no llamara, si con los otros policías acordáramos no avisar a la familia que su hijo, su padre, su hermano, no volverá jamás. ¿Lograríamos evitar la muerte?

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