Ejercicio de escritura creativa: La lista que amenaza

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa te propone una escena mínima con máxima tensión: una lista de compras que se convierte en amenaza. Es rápido, divertido y apto para todos los niveles. En 20 minutos tendrás un borrador listo para leer en voz alta y repetir como práctica de escritura.

Qué trabajarás

  • Ritmo: frases cortas y cortes para sostener pulso.
  • Conflicto: un objetivo simple que se complica.
  • Subtexto: lo importante se sugiere con objetos.
  • Focalización: una sola mirada, sin saltos de cabeza.
  • Verosimilitud: detalles concretos que huelen, pesan y suenan.

Pasos del ejercicio

  1. Elige un personaje y una urgencia concreta: “volver antes de las 21:00”, “no gastar más de 10€”. Dale una lista de 7 ítems. Seis normales. Uno imposible (p. ej., “hielo del verano pasado”). No expliques por qué.
  2. Escribe una escena de 200 palabras en presente, en un único lugar (supermercado, tienda 24h, mercado). Abre con acción. Inserta tres detalles sensoriales. Añade una línea de diálogo. Prohíbe estas palabras: miedo, amor, destino. Marca un reloj en escena; el tiempo aprieta.
  3. Haz que la lista “mande”. Cada vez que el personaje tacha un ítem, pierde algo visible: tiempo, dinero, control, dignidad. Introduce un obstáculo humano (cajera, vecino, niño) que presione. Mantén el tono estable y el ritmo tenso. Si aparece el ítem imposible, acorta oraciones.

Recibe un ejercicio nuevo cada semana y mejora tus textos con feedback personalizado

* indicates required
Te agregamos a un grupo exclusivo con otros escritores.

Intuit Mailchimp

Laboratorio de emociones: entrenamiento de escritura

Entrena una emoción mediante estrategias narrativas, con retroalimentación grupal y orientación directa.

[Asiste al próximo laboratorio →]

Comentarios

16 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: La lista que amenaza»

  1. Avatar de Griselda Lucero
    Griselda Lucero

    Jennifer en el supermercado
    Jennifer entra al supermercado a la siesta. Tiene 50 mil pesos para gastar en siete cosas: carne, verduras, líquido y trapo de pisos, aceite, fiambres y pan de masa invisible.
    En el local hay un olor extraño y la cajera la mira de reojo. Ella piensa en lo suyo así que no le preste atención. Toca con firmeza el carrito y comienza con la lista.
    Cuando llega al sector de los aceites ve una mancha en el piso. La esquiva pero la persona que venía detrás la pisa y zoom desaparece como en un agujero negro. Está muy sorprendida por lo que pasó así que suelta el carro y sale corriendo hacia afuera. La cajera la mira, pero no hace nada.
    Corre con las fuerzas que le dan las piernas y sube al auto. Azorada se va a su casa.
    Luego, lee en diario que en forma extraña personas han desaparecido después de ir a hacer sus compras en un supermercado. La policía investiga, pero no logra dilucidar lo sucedido con esos clientes.
    Sin lugar a dudas, esas personas fueron abducidas en ese agujero por fuerzas alienígenas de otros mundos.

    GRISELDA M. LUCERO

  2. Avatar de Sofia
    Sofia

    Abro la heladera ¿qué vine a buscar?

    Juan, olvidé qué vine a comprar. Disculpa que te llame. Ah sí, gracias. ¿Puedes enviarme una lista? es que estoy nerviosa y olvidaré todo. Si, a las 6 estaré en casa…¿Juan?

    La puerta está congelada, no lo soporto.

    Entonces veamos:

    harina,
    avena,
    huevos,
    manzana,
    azúcar negra,
    pasas de uva,
    leche de nuez de la India

    Son las 5:40, no llegaré a casa a las 6. Le he mentido a Juan, soy una pésima persona. Él no me merece. Soy una mentirosa.

    Este olor a panadería me da nauseas, debería hacerme un examen de celiaquía. Seguramente soy intolerante a la harina.

    Pondré un cronómetro para no estar más de diez minutos en esta tienda horrible.

    Empezaré por la fruta, lo más fácil de conseguir. Manzanas, check. Juan, prometo que llegaré, no me odies si me retraso un poco. Avena, pasas de uva, azúcar negra, check. Juan, escribeme un mensaje para saber que me quieres todavía. Harina, check. No me dejes. Huevos, casi termino. No soy capaz de mirar el reloj.

    Leche. Volveré a la heladera. Han pasado ya diez minutos. El cronómetro me aturde. ¿Por qué Juan? ¿Por qué esta leche imposible?

  3. Avatar de Margarita
    Margarita

    Juan patalea el suelo con el pie derecho. La cola para pagar es kilométrica. Son las siete. El gimnasio cierra a las ocho. Resopla. Cada minuto que pasa pierde una sentadilla.

    Repasa la lista que ha escrito su mujer. Una raqueta para Nati. Una bolsa grande de Hockey para Toño. Cuerda para colgar el Papá Noel de la ventana. Cinta aislante. Un cuchillo de cocina. Servilletas. Y, la última cosa, el toque irónico: unas vacaciones en Cancún para papá y mamá.

    —“Ja” —piensa—. “¡Qué graciosa!”

    Habían soñado tantas veces con ese viaje… Después llegaron los hijos y resultó imposible.

    Por fin es su turno. Ha perdido un total de diecisiete sentadillas. Mira a la cajera y lo entiende todo. Escanea los productos con la parsimonia de un monje. Para colmo, se queda parada cuando pasa el cuchillo por el escáner. Juan saca la cartera y, desesperado, le dice:

    —¿Podrías cobrarme? Llevo prisa.

    —Sí… —responde ella, con la expresión desencajada—. Lo siento, lo siento mucho. Ahora mismo.

    Juan carga la compra en el carro. Una bolsa grande. Cinta aislante. Cuerda. Un cuchillo. Ahora es él quien se ha parado en seco, bloqueando la puerta de salida del supermercado.

    Es cierto que últimamente se han quejado mucho de los niños. “Toño me agota”. “Ojalá no haber tenido hijos”. Pero nada serio. Su mujer no sería capaz de hacer algo así por unas vacaciones en Cancún. ¿Verdad?

  4. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Pasillo siete

    Tomo el primer carrito que encuentro y entro a toda prisa: 3:30.
    Debo estar en la trastienda a las 4:00.
    Consulto la lista en el móvil:
    Manzanas
    Pan integral
    Miel
    Café
    Yogur
    Foco luz cálida
    Nudo de bruja

    Directo a las frutas. Las manzanas se ven golpeadas. Me da igual, las llevo. 3:35.
    Pan. Tomo el paquete, ya casi caduca. Busco uno más reciente. Pierdo tiempo.
    Miel. Agarro un frasco, se me resbala. Se estrella en el piso. Todos me miran. Tendré que pagarla también. Intento limpiarla, no sale. Cojo otro frasco y huyo. 3:40.
    Café. Busco mi preferido. Revuelvo el anaquel.
    —Oiga, ¿se decide ya? — se queja alguien a mis espaldas.
    Yogur. Alcanzo uno. Me hiela la mano. Se me pegan las manos al envase. Tiro, suena fuerte. Siento que nadie me aparta la vista. 3:50.
    Foco. Ahí está. No recuerdo la potencia. El que sea, no hay tiempo.
    Repaso la lista, todo tachado. Excepto uno. 3:57.
    Nudo de bruja. Camino al pasillo siete. ¿Nudo de bruja? Me detengo en seco. No recuerdo haberlo escrito.

  5. Avatar de Daniela
    Daniela

    Un tomate, dos ciruelas, una vela negra, un conejo blanco de ojos rojos, harina, pan caliente.
    El reloj marca las 20:45.
    Me agarro de la bolsa como si fuera un bastón. Mi mano derecha aprieta el dinero hasta que los nudillos se vuelven pálidos. Aflojo. Vuelvo a apretar.
    La luz central parpadea. El zumbido se mete en mi cabeza.
    Meto el tomate y las ciruelas.
    Solo queda una vela negra partida en dos. Arrugo la nariz. La llevo igual.
    20:50.
    El paquete de harina me ensucia la remera.
    El olor del pan me da hambre. Lo toco. Quema. Lo suelto. La cajera me mira.
    —Use las pinzas.
    Asiento y quiero responder algo, pero veo pasar al conejo por debajo de las cortinas plásticas que divide la sala.
    Lo sigo torpemente y la oscuridad me envuelve.
    El blanco vibra y sus ojos rojos me miran fijamente. Me recuerdan un semáforo.
    —Quieto.
    Lo tomo por las orejas. Se retuerce. Me muerde. Pierdo el control. Aprieto más fuerte.
    Lo meto en la bolsa.
    La caja está vacía. El reloj sobre la puerta marca 21:00.
    Dejo el dinero en el mesón.
    —No puedo esperar – grito mientras salgo.
    Dentro de la bolsa las ciruelas ya no están enteras.
    Mierda, olvidé el pan.

  6. Avatar de Carolina Lizarazo
    Carolina Lizarazo

    Las 6:30 de la tarde. Tiene el tiempo justo para que la cena esté a las 8:00, antes de que llegue. Le faltan ingredientes y sale al supermercado más cercano.

    Toma el carrito con prisa. Lee la lista. 1. Un paquete de pasta tagliatelle. La marca económica está agotada, ante la urgencia, toma con resignación la más costosa, le toca gastar más.

    2. Una libra de carne molida. Al sacarla del congelador, se le estropea la manicure que se mandó a hacer para la cita.

    3. Cinco tomates. Deja la educación y para tomarlos empuja a una mujer que se le atraviesa.

    4. Un pan baguette. Hay fila en la panadería. Cuando llega su turno, ve que son las 7:00, hace el pedido de mala forma y pierde la paciencia.

    5. Un bloque de queso parmesano. No lo encuentra, ve que en un carrito cercano cuyo dueño fue a coger algo, hay un paquete de queso, sin vergüenza lo saca y se lo lleva.

    6. Está tachado, ¿qué era? ya no recuerda, la memoria le falla.

    7. Una botella de vino tinto del “Polo Norte”. Al tomarla, la botella se le derrite. Empieza a perder los nervios, y más cuando al terminar de pagar, recibe un mensaje en el celular: “Lo siento, no alcanzo a llegar”.

  7. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    La puerta de la tienda se abre como el bostezo de un animal dormido. El aire huele a especies y frutas pasadas.
    Claudia aprieta el papel arrugado contra su pecho: siete ingredientes, siete pasos para volver antes de las 10:00 de la noche. El reloj sobre la caja marca las 9:14.

    Primero la canela. El frasco pesa en su mano. Tacha. Queda poco tiempo.

    Anís estrellado. Dos pequeñas estrellas atrapadas en plástico, muy caras. El dinero se escapa. Tacha.

    Clavos de olor. El aroma punzante le raspa la garganta. Su dignidad se erosiona. Tacha.

    Una niña con chupeta la observa desde el pasillo. Ojos fijos, curiosos, como espejos sin fondo. Ella avanza, pero la niña se cruza. “¿Ya tienes lo que necesitas?”, pregunta con voz húmeda, su voz es un eco que no pertenece a su edad. Claudia no responde.

    El agua mineral está tibia, la botella dice que contiene gas. Tacha. El control se afloja.

    Cenizas de hierbas secas. El encargado niega con la cabeza. No hay. El reloj marca 09:32.

    La lista arde en su mano. Queda la figura de la quimera. Imposible. Las frases se acortan. Pasillo vacío. Estantes mudos. La niña sigue allí con su chupeta roja. Su mirada fija.

    Ella aprieta el papel. El reloj avanza. 09:41. La lista respira. La oportunidad es irrepetible. La salida parece más lejos.

  8. Avatar de Mariela Verónica Gagliardi
    Mariela Verónica Gagliardi

    Dafne ingresa al único mercado abierto durante la hora de la siesta. Tiene consigo una lista con productos que sí o sí tiene que conseguir.

    CAJERO —Buenas tardes, ¿otra vez por acá? ¿Se olvidó algo?
    DAFNE —Marimar es muy cabrona, digo, muy exigente y me pidió algunas cosas
    más.

    Leche deslactosada pero realmente deslactosada. (Observa la góndola de leches).

    DAFNE —Menos mal. Vení conmigo, chiquita. Un problema menos.

    Pero el zapato de su pie izquierdo se le desliza hasta la vereda y desaparece.

    DAFNE —No pienso preocuparme por nimiedades. Continúo con el talco para con fragancia a menta, vegano.
    CAJERO —Ahí lo tiene, justo acaba de llegar.

    En esta oportunidad, su campera se desabrocha y cae al suelo.

    DAFNE —Pasta dental con clavo de olor… Ahí está.

    Pero su pantalón pierde el elástico, alcanzando justo a sujetarlo con su mano derecha.
    DAFNE —Chocolate setenta por ciento amargo, acondicionador de rosa mosqueta, jabón de tocador amarillo y blanco.

    Dafne observa cómo su billetera vuela por los aires, al igual que su cartera y sombrero. No se detiene, continúa con su infaltable producto.

    CAJERO —¿Estás segura que te pidió eso tu patrona?
    DAFNE —Sí. Un hombre empático, guapo, inteligente, amoroso y que esté en todos los detalles cotidianos.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Me pareció muy interesante. Lleva la propuesta a otro nivel.

  9. Avatar de Mariela Verónica Gagliardi
    Mariela Verónica Gagliardi

    Dafne ingresa al único mercado abierto durante la hora de la siesta. Tiene consigo una lista con productos que sí o sí tiene que conseguir.

    CAJERO —Buenas tardes, ¿otra vez por acá? ¿Se olvidó algo?
    DAFNE —Marimar es muy cabrona, digo, muy exigente y me pidió algunas cosas más.
    Leche deslactosada pero realmente deslactosada. (Observa la góndola de leches).

    DAFNE —Menos mal. Vení conmigo, chiquita. Un problema menos.

    Pero el zapato de su pie izquierdo se le desliza hasta la vereda y desaparece.

    DAFNE —No pienso preocuparme por nimiedades. Continúo con el talco fragancia mentol, vegano.
    CAJERO —Ahí lo tiene, justo acaba de llegar.

    En esta oportunidad, su campera se desabrocha y cae al suelo.

    DAFNE —Pasta dental con clavo de olor… Ahí está.

    Pero su pantalón pierde el elástico, alcanzando justo a sujetarlo con su mano derecha.

    DAFNE —Chocolate setenta por ciento amargo, acondicionador de rosa mosqueta, jabón de tocador amarillo y blanco.

    Dafne observa cómo su billetera vuela por los aires, al igual que su cartera y sombrero. No se detiene, continúa con su infaltable producto.

    CAJERO —¿Estás segura que te pidió eso tu patrona?
    DAFNE —Sí. Un hombre empático, guapo, inteligente, amoroso y que esté en todos los detalles cotidianos.

  10. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    El Tren Por Miss Yaguarlocro
    El año termina en el orfanato, los niños van a casa. Debo encontrarme con mi niña, Julia. Subiré al mismo tren a las 6:25. Viajaremos cuatro días para llegar a casa; debe estar hambrienta, tiene siete años.
    Tengo el papel con la lista de comida indispensable, también los pocos 15 forintos en mi chauchera vieja, igual a mí.
    Haré milagros, ya tengo todo: pan, yogur, queso, papas, agua y seis salchichas tres para el almuerzo y tres para la merienda. Julia me pidió comprar bolones calientes tostados con chicharrón. No los encuentro. Camino a prisa por los pasillos del supermercado; busco y no hay. Pregunto dónde están los bolones; la cajera me dice que siempre hay, pero ahora que llueve se terminan pronto.
    —Por favor —le pido—, ayúdenme, necesito uno, solo uno; ya viene el tren y debo subir.
    La cajera sale corriendo, se nota en el movimiento de su delgada falda. Se demora en traer.
    El silbato pita, suena la campana por tercera vez. Último pito. El tren se mueve. La cajera regresa con una bolsa de papel grasienta, hirviendo. Agarro las bolsas y corro casi sin aire. Un hombre me empuja desde el culo hacia el único vagón abierto. Ruedo por el piso lleno de tierra. Respiro con la boca bien cerrada, aguanto diez segundos y suelto el aire por la boca, aliviada.
    Sé que en algún vagón del tren está mi nieta.

  11. Avatar de Emily Onofre
    Emily Onofre

    Antes de la Una

    Empuja la puerta de la ferretería y el timbre metálico estalla sobre su cabeza. Mira el reloj digital junto al mostrador: 11:25. Él siempre llega antes de la una. Se coloca en la fila y aprieta la lista contra el pecho. Huele a caucho y a tierra húmeda; el polvo le raspa la garganta.

    —Ayer dejé una fotografía en su buró, no sé si ya la habrá notado, hoy quiero llevar más cosa para que me recuerde. Es mi favorito —dice cuando le toca pagar.

    Saca el papel arrugado y toma el esfero atado a la caja. Tacha cinta adhesiva. 11:28. Pierde tres minutos contando monedas; el precio no era el que imaginaba. Tijeras. 11:31. La cajera pasa el código dos veces; pierde dinero y no protesta. Pala de jardín. 11:35. El mango astillado le deja una línea roja en la palma. Alfombra enorme. 11:41. La arrastra; siente las miradas clavadas en la nuca.

    —¿Está armando un jardín nuevo? —pregunta la joven.

    —Claro que no, solo decoro el de mi vecino.

    Dos juegos de tornillos. 11:47. Cuerda de cinco metros. 11:52. Tierra negra, oleosa. 11:57. La bolsa se balancea y se rompe al salir; la tierra cae espesa, mancha sus zapatos. Pierde control. Mira el reloj del escaparate: 12:04.

    He olvidado el cajón. Quizá la alfombra no baste.

  12. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    La lista de cosas está en mi cabeza. Siempre lo está.

    Estoy en la tienda. Tengo que apurarme, porque si no, Irene, mi esposa, se enojará. Cojo el pan y huevos en los brazos. En la casa nos lo comemos la mayoría de las veces quemados. Y la leche que tomo del anaquel huele a la última que se nos secó esta mañana. Agarro dos botellas de cerveza. Otra vez Irene me reclamará que bebo y me drogo. Pero ella fue la que empezó. Ahora no podemos parar. Siempre nos repetimos “mañana, mañana”. Hay una cosa de la lista que no puedo olvidar ahora pero un día olvidé. Quizás más de uno. La medicina para mi hijo. Tiene dos años, lo ha tenido por mucho tiempo. Pero esta vez no le voy a fallar. En la caja pido unos cigarrillos. La cajera me queda viendo como si me viera todos los días. Me dice:

    – ¿Busca esto?

    Y me entrega la medicina de mi hijo en vez de los cigarrillos. Pero le digo que esa no es la correcta, ella insiste. Miro atrás y luego la salida. Camino rápido a casa.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Me gustó la excusa de un hijo que ya no está. Siempre tiene dos años… entendí?

  13. Avatar de Carlos Arellano-Caicedo
    Carlos Arellano-Caicedo

    Tengo mal carácter y soy nerviosa, más de lo común. Mi marido me lo repite, una y otra vez. Pero ese día estaba más nerviosa de lo habitual, y las circunstancias lo ameritaban. Había tenido una cita con el médico y lo que me dijo me descolocó. Apenas salí del consultorio me dirigí al supermercado porque se me hacía tarde. Entré y me apresuré a buscar una por una las cosas. Revisé la lista y, a parte de las compras normales, leche, pan, huevos, me llamó la atención un par de items
    Benzoato de potasio
    Acetato de sodio

    Y mas abajo:
    Cualquier producto que contenga 2-iso-valeril-1,3-indandiona y 2-pivaloil-1,3-indandiona. (comprar en la tienda de productos agrícolas).

    Intenté entender qué quería mi marido con esos productos. Era él el que hacía la lista de compras desde que nos casamos, e incluso después del accidente que lo dejó postrado en cama, siguió haciéndola para sentirse útil.

    Estaba enfocada en la lista de compras, cuando mi atención se mudó nuevamente a lo que me había dicho mi médico antes de irme al supermercado. “Delirio de personalidad”, ¿qué se cree, que estoy loca?
    Al subirme al carro con toda la compra, saqué mi celular y busqué contactos de otros doctores. En ese momento recordé los productos de la lista de compras. Los escribí en el buscador y encontré que su mezcla era un veneno para matar ratas o animales grandes. Decía que los compuestos extras, benzoato y acetato, borraban su rastro. Su mezcla, concluía el buscador, es usada para matar aparentando una muerte natural.

    Casi no podía llorar del impacto. No podía creer que mi marido quisiera quitarse la vida por creerse una carga para mí.

    Al llegar a casa, temblando le pregunté por qué me había enviado a comprar esos químicos. Él pareció confundido. Después de unos segundos me dijo: Amor, ya son dos meses desde que también perdí la movilidad en las manos, ya dos meses en que tú haces las listas de compras.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Muy fuerte la temática.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *