Lo que encontraste en el bolsillo – Reto de escritura creativa

Metes la mano en un bolsillo. Hay algo. No lo reconoces, pero sientes que siempre ha estado ahí.

Esa sensación —familiar y extraña al mismo tiempo— es el punto de partida de este ejercicio. No hace falta una trama elaborada ni un giro dramático. Solo un objeto, una mano, y la incomodidad silenciosa de lo que no tiene explicación.

Qué trabajarás

  • Imagen central: un objeto concreto como motor de toda la escena.
  • Lo inexplicable cotidiano: la tensión nace de la normalidad, no del espectáculo.
  • Reacción como revelación: cómo responde tu personaje dice más que el objeto mismo.
  • Economía narrativa: en 200 palabras no sobra nada; cada frase tiene que ganarse su lugar.

Tu consigna

Metes la mano en un bolsillo —el de una chaqueta que no usas desde hace meses, el de un pantalón recién lavado, el de un abrigo que no es tuyo— y encuentras algo que no reconoces.

Pero lo sientes familiar. Como si siempre hubiera estado ahí.

Elige uno de estos objetos, o inventa el tuyo:

  • Un diente. Pequeño. No es de leche.
  • Una llave que no abre nada que conozcas, pero tu mano sabe perfectamente cómo sostenerla.
  • Un papel doblado en cuatro con tu letra, pero con palabras que nunca escribiste.

Cómo escribirlo

  1. Define el objeto con precisión física. Peso, textura, temperatura. Nada de «un objeto extraño» o «algo brillante»: tiene que existir en el mundo con toda la concreción posible.
  2. Escribe la primera reacción de tu personaje —y que no sea el pánico. La reacción más inquietante suele ser la más tranquila. Quizás lo mira un momento y lo vuelve a guardar. Quizás lo huele. Quizás sabe exactamente qué es, pero no puede decirlo.
  3. Formula una pregunta que la escena no responde. Puede ser explícita o puede quedar suspendida en el ambiente. El lector tiene que cargar con ella al terminar.
  4. Escribe máximo 200 palabras. Termina con el objeto todavía en la mano o en el bolsillo. Sin resolución.

Regla única: No expliques de dónde vino.


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Directo de escritura creativa

Comentarios

3 respuestas a «Lo que encontraste en el bolsillo – Reto de escritura creativa»

  1. Avatar de Mariana
    Mariana

    Llevaba puesta una americana de denim claro, mi favorita, algo gastada por el tiempo, pero aún lo suficientemente entera como para que, a simple vista, no se notase su paso. Metí la mano en el bolsillo izquierdo, esperando poder darle reposo, y justo ahí mis dedos se tropezaron con algo…
    Era un anillo. Un anillo que parecía ser de oro, con un diamante rectangular de color verde justo en el centro. Precioso.
    ¿En qué momento? ¿Cómo? Mío ¿Mío?
    Lo probé en mi mano izquierda: en el pulgar, en el índice, en el del medio… y no; en el anular encajó, clavado, exacto. Brillaba en mi mano.
    Embelesada, me quedé un rato observándolo en mi mano y, de pronto, una sensación recorrió mi cuerpo; mi piel se erizó. Algo hizo que me lo quitara desesperadamente.
    Este anillo… este anillo lo había visto antes, ¿pero en mí?
    Comencé a detallarlo, buscando, buscando algo… Había una pequeña inscripción en la cara interna: eran números, 25.13.90…
    Esa fecha… indiferente para mí; al menos no recordaba nada importante en ese momento.
    Al acercar más el anillo a mis ojos, pude notar que en el diamante había una manchita seca y un trocito de cabello rubio enredado.
    Recordé a quién pertenecía aquel objeto.
    Tenía la opción de tirarlo, de desaparecerlo, pero creo que, en mi arrebato, había decidido conservarlo como un tesoro.
    Lo metí de nuevo en el bolsillo. Ya habían llegado por mí.

  2. Avatar de Natividad De La Cruz
    Natividad De La Cruz

    Envuelta en la chaqueta gastada del abuelo, se convierte en la primera en abrazar ese calor antes que sus primos y hermanos. La alegría estalla en su risa, una carcajada que se desprende como un eco luminoso y acaricia a todos en la sala. Incluso el abuelo, absorto en la lectura, levanta la mirada, la observa y le regala una sonrisa cómplice.

    Cuando los niños salen a jugar con la nieve y ella siente ese frío, simplemente desliza la mano en el bolsillo. Siente ese pequeño susto al notar algo helado y desconocido, pero poco a poco, al tocarlo con curiosidad —esa textura metálica, los orificios alineados en una fila, la frescura del borde—, su imaginación empieza a volar hacia una música lejana que el objeto evoca.

    Entonces, la niña sonríe suavemente y levanta la mirada hacia la ventana, donde el abuelo observa con calma desde el interior de la casa. Su mente viaja de regreso a esos días en los que podía caminar y corretear con los niños. En aquellos tiempos, él tocaba ese pequeño objeto metálico, especialmente para ellos, que disfrutaban bailar y saltar al ritmo de esa música.

  3. Avatar de Marcelo Amor
    Marcelo Amor

    Las mismas caras, silencios, el retraso del autobús, la brisa, el sol, la rutina redundante de los lunes.
    El aire es frío. Subo el cierre de la campera que pelea con las hilachas de la bufanda y meto las manos en los bolsillos. La diestra reacciona como resorte cuando mis dedos advierten la existencia de un objeto. Me avergüenza que los demás descubran mi asombro. Mis dedos vuelven a bajar pero muy lentamente y las yemas recorren la costura del fondo hasta encontrarlo en el extremo de la bolsa. Parece inofensivo, aunque plano y afilado. Su base es irregular, sus lados suaves y de extremada dureza.
    ¿Acaso será una piedra? Intento rodearlo con el puño para sentirlo con la palma completa de mi mano. La boca del bolsillo aprieta mi muñeca, ajusta.
    ¿Por qué el bus demora tanto hoy?
    ¿Qué carajos es esto que tengo en el bolsillo?
    Miro alrededor como si estuviera a punto de robar algo. Lo aprieto y siento un ligero y soportable dolor. Me armo de coraje y muy sutilmente hago que abandone su prisión de tela. Abro la mano lentamente, no del todo, solo lo suficiente para develar el misterio.
    ¿Un diente?
    Finalmente llegó el autobús.

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