Ejercicio de escritura creativa: Escena a oscuras

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Este ejercicio de escritura creativa te reta a narrar una escena en completa oscuridad. Cuando se apagan las luces los sentidos se agudizan, el ritmo se acelera y el lenguaje debe trabajar con nuevas texturas. Es un recurso práctico y divertido para cualquier nivel. Además, fortalece tu práctica de escritura al obligarte a explorar cómo mejorar la narrativa desde el subtexto y los detalles invisibles.

Qué trabajarás (y por qué importa)

Trabajarás focalización sensorial: cómo un narrador construye mundo y tensión cuando no puede describir lo visible. Entrenas verosimilitud y aprendes a sostener una escena solo con sonido, tacto, temperatura y memoria.

Pasos del ejercicio

  1. Elige el espacio. Define en dos frases un lugar cerrado: sótano, vagón, sala de cine vacía.
  2. Corta la vista. Trabaja con ruidos, olores, texturas, ritmo respiratorio, imágenes.
  3. Introduce conflicto. Algo ocurre en la oscuridad: alguien se acerca, se rompe un objeto, algo sucede.
  4. Construye salida o giro. Finaliza con una acción que modifique el ambiente sin aclarar todo: la luz titila, una puerta cruje, un cuerpo roza otro.

Este tipo de retos de escritura ejercita tu oído narrativo y te muestra cómo mejorar la narrativa con recursos distintos de la vista. Al final tendrás un texto que prueba la fuerza del subtexto y la capacidad del lector para completar imágenes. Es una práctica de escritura ideal para romper rutinas y enriquecer tu caja de herramientas de ejercicios para escritores.


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Comentarios

16 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Escena a oscuras»

  1. Avatar de Marina B.
    Marina B.

    Me tocó el turno de madrugada en el hospital. Pero no cualquiera: un hospital psiquiátrico. Hice mis labores de costumbre; todo parecía en orden. De pronto, un apagón cubrió los pasillos. No era solo el hospital; al asomarme por una ventana vi que la ciudad entera estaba a oscuras.

    Al principio todo estuvo tranquilo. Después, escuché murmullos. Pensé que lo imaginaba: se supone que a esas horas todos deberían estar dormidos. Lo ignoré. Pero los murmullos se acercaban y mi piel se heló. Recordé que estaba en el ala de los que no deben salir.

    Avancé con una lámpara de mano; el haz de luz parecía más débil de lo normal. Los pasillos olían a desinfectante y sudor viejo. Entonces una silueta pasó veloz frente a mí. Sentí un terror frío: nunca había ocurrido algo parecido.

    —Oye… vuelve a tu habitación —dije al aire. Nadie respondió.

    Las puertas comenzaron a chirriar, una tras otra, como si se abrieran solas. El teléfono no funcionaba para pedir refuerzos. Permanecí inmóvil unos instantes, escuchando solo mi respiración agitada, hasta que uno de los internos apareció. Sonreía con una calma perturbadora. Me miró y se fue, sin decir palabra.

    Mis pies pesaban para seguirlo. Y de pronto me vi rodeado: rostros en penumbra, respiraciones contenidas, manos tensas. Era el ala de los peligrosos. Estaba solo. No sabía qué pretendían; tal vez en ese instante ellos tampoco.

    Entonces la luz titiló dos veces, y el pasillo se llenó de sombras que no supe si eran reales o no. Sentí un aliento frío rozar mi oído. Una voz susurró:

    —Ahora es tu turno.

    1. Avatar de santoago90

      Marina: Es muy bueno tu texto. Transmite atmósfera, se nota lo sensorial. Uno siente parálisis como el narrador.

      Solamente un par de comentarios: los hospitales suelen tener generador de energía, de alguna manera podrías trabajar eso, para que sea verosímil.

      Hazlo más fuerte: «de los que no deben salir.», es algo débil.

      Verosimilitud: ¿por qué no enciende la linterna del móvil?

      Hasta que dijo: estaba solo, pensé que el narrador era mujer.

      Buen trabajo,
      Santiago

      1. Avatar de Marina B.
        Marina B.

        Gracias Santiago, si no me di cuenta de lo de los generadores hasta después 😅. Tomaré tus consejos y los aplicaré. Que te mejores! 🫰🏻

        1. Avatar de Marcelo
          Marcelo

          Es poderoso, atemorizante y hasta compasivo… desde algún lugar me llevo a reflexionar que quizás, desde lo que los pacientes son catalogados, estan confundidos, desordenados, indefensos, quizas como una serpiente al sentirse amenazada en peligro, lo unico que pueden hacer es atacar… no lo se veo humanidad de alguien que puede ayudar. Me dio un giro de reflexion profunda

          1. Avatar de Marina B.
            Marina B.

            Gracias por tu comentario ☺️

  2. Avatar de Marcelo
    Marcelo

    La voz femenina, suave pero distante, sentenció: —Lo siento mucho, señor, no podemos hacer nada—.

    Aquella era la confirmación de que Lucía se quedaba sin su asistencia por discapacidad a causa de su esquizofrenia.

    Fueron segundos que oscurecieron en tinieblas todo mi juicio y razón. En la pequeña cocina sin vista al exterior, mi alma, como en un eclipse total, se cubrió de tinieblas. En el teléfono, el silencio, después de que la llamada finalizó, aceleraba frenéticamente mi respiración. El aroma de la carne extrañamente me era indiferente; mi mente solo visualizaba lo que hubiera hecho si hubiera estado cara a cara con la voz.

    Pude enfocar, como si la luz se abriera a través de un túnel oscuro, el rostro de mi esposa, que se acercaba a mi cara. Con un gesto suave, me invita: —Otra vez ignoran nuestra situación, ¿verdad? Lo veo en tu rostro, amor. No te preocupes, le vamos a encontrar la vuelta. Ven, vamos a almorzar—. ¿Sentía odio o sarcasmo? Me esforzaba un montón por creerle.

    En ese instante, y respondiendo al dulce llamado de mi esposa: «¡Está la comida!», llegó nuestra amada Lucía. Como siempre, un poco desalineada, vestida como niña a pesar de sus confundidos 25 años. Me miró, se sentó confiada, rozo mi mano, le dio un beso y me dijo: —Gracias, papá. Sé que aun en los días difíciles, siempre lo intentamos—. Mi cara debió comunicar un: «¿Cómo sabes eso?» y abrazándome respondió: —Es lo que nos decís siempre pa -. La luz, aunque tenue, regresó.

    1. Avatar de santoago90

      Marcelo, es un texto que conmueve y sorprende. La partes que se habla de la penumbra o de la oscuridad, funcionan porque no se alejan de lo concreto, y sugieren lo abstracto. Se funde lo enfermo, con momentos de «lucidez». El efecto de la confusión es revelador.

      Buen texto,
      Santiago

      1. Avatar de Marcelo
        Marcelo

        Gracias Santiago, mi interpretación de la consigna fue por el lado de la oscuridad de los momentos difíciles, que hoy con mi edad son más fuertes que los de la noche, cuando el sol se oculta, o los lugares oscuros. Quizás son mis ansias de habitar en metáfora más que en la realidad. Muchas gracias por este sanador espacio.

    2. Avatar de Marina B.
      Marina B.

      Marcelo fue muy conmovedor tu texto, muy buena la forma diferente de usar la oscuridad. 🫶🏻

  3. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Medianoche

    Cerró los ojos, recorrió su cuerpo mentalmente sobre la cama: la suave almohada y el cálido duvet. Dormir era imposible, abrió los ojos de nuevo, la completa oscuridad de la habitación era igual de frustrante. Intentó conciliar el sueño otra vez.

    El canto de los grillos nocturnos lentamente se diluyó, el peso de sus párpados lo hundió en las sombras: la medianoche lo esperaba. Escapó, como cada jueves, por la puerta trasera. Tomó su bicicleta y, en tinieblas, recorrió casi por intuición la vereda que lo conducía a la vieja cabaña. No podía darse el lujo de llevar una linterna: lo habrían descubierto. El aire fresco de la madrugada le secaba el sudor del nerviosismo que le acompañaba.

    Le recibió el aroma a madera húmeda de la cabaña, las sombras de sus condiscípulos bailaban con la tenue luz de las velas. Sentados en círculo, susurraban mientras repasaban las crujientes páginas de los libros prohibidos por el régimen.

    Un lejano chasquido inesperado los dejó sin respiración. Rápidamente apagaron las velas. Enmudecieron. Parecía que la cabaña hubiera desaparecido con sus habitantes, solo quedó el olor a humo de las velas apagadas. A tientas fueron saliendo uno a uno, cada quién tomó su camino de regreso en la fría y espesa penumbra.

    En la escapada tropezó, sintió la tierra helada como una cachetada… y abrió los ojos, la noche parecía haberse colado en la habitación.

  4. Avatar de El Kevin
    El Kevin

    El Apagón

    Nuevamente, me encuentro en mi cuartucho de foráneo universitario, una terrorífica oscuridad invade todo el lugar, solo me digo –este infierno no va a acabar—escucho el golpear de una gota de agua una y otra vez, probablemente sea del lavamanos de la cocina y su grifo anticuado. Ahora se escucha una especie de silbido junto a un pequeño golpe continuo, no sé si son las ventanas que pelan contra el viento o tal vez la puerta que intenta abrirse en una especie de vals andino con su amante, el invierno.
    Sigo sentado con los ojos sobre un punto fijo, ni siquiera sé que miro todo está a oscuras, solo puedo sentir el abrir y cerrar de mis pupilas que intentan dar forma a grandes bultos negros que se encuentran en el suelo y las paredes. Lo impensable sucede, un grito atraviesa las paredes, no puedo deducir si es de mujer u hombre, o si tal vez es un grito de dolor o placer. Eso a la final no importa, sigo petrificado y me siento absurdo.
    Entonces mi celular vibra, el pequeño aparatito me impacta con su frágil luz, es un mensaje de mi único amigo “Tulio” de la universidad, que dice –viste, otra vez apagones de 10 horas, pásame el deber de estadística, tkm bro—cierro mis ojos e intento volver a sentir esa terrorífica y amigable oscuridad.

  5. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    El aire huele a humedad rancia y metal oxidado. La chica está sentada en el suelo frío, con las muñecas atadas y una venda apretada sobre los ojos. No sabe cuánto tiempo ha pasado. Solo se escucha el goteo constante de una tubería rota y el zumbido lejano de un motor que vibra como un corazón enfermo.

    Su respiración se vuelve más rápida cuando oye pasos, lentos y medidos. El sonido de unas botas que se arrastran sobre el concreto, se detienen frente a ella. El silencio pesa, luego, un tibio aire roza su mejilla, no hay palabras, solo el crujido de una bolsa de plástico que se abre. Algo metálico cae al suelo y ella se tensa, con un zumbido se siente la rapidez de un objeto pasar frente a ella, y algo de vidrio cae al suelo, mientras los flequillos de su frente se muevan.

    Un dedo toca su cuello. No con violencia, sino con una calma que hiela la sangre. El captor quiere que sienta cada segundo, que imagine lo que no puede ver, que el miedo invada cada músculo de su cuerpo .

    Pero entonces, sin previo aviso, los pasos se alejan. La puerta se abre con un chirrido largo y una ráfaga de briza fresca invade nuevamente el lugar. Por un largo rato, Nada más ocurre en aquella oscuridad. Solo ella, respirando, mientras su mente la alienta a levantarse y quitarse la venda.

  6. Avatar de Luna
    Luna

    Otra vez estoy aquí, en el cuarto que se quedó vacío cuando tú partiste. Un silencio espeso, roto solo por el canto lejano de los grillos, llena el espacio como una niebla tangible. Mi respiración se condensa en el aire frío, un pequeño espectro de vida en esta oscuridad que lo devora todo. Avanzo a ciegas, y la punta de mis dedos roza el polvo sobre el escritorio —cada partícula un testimonio del tiempo detenido, de los días que han pasado sin tu voz—. Es una calma odiosa, una paz que aterra, porque pone al desnudo cada uno de mis miedos, cada grieta que dejó tu ausencia.

    ¿Por qué sigo volviendo, si sé que este lugar no me dará más que dolor? Me pregunto si acaso busco en estos rincones algún resto de ti, una señal que se me haya escapado antes, o si simplemente me castigo recordando lo que ya no está.

    La noche es un suplicio. Me devuelve siempre a esa madrugada en que te fuiste, a la imagen de tus gritos mudos pidiendo a alguien que compartiera tu agonía. Revivo cada instante, cada sombra que cruzó tu rostro, y siento el mismo vacío helado que dejó tu partida.

    Entonces, justo cuando el peso parece insoportable, un rayo de luna irrumpe por la ventana. Su destello me ciega y me calma; un instante de belleza pura, como tu sonrisa, que ilumina la memoria de tu último deseo: «Sé feliz». No eran solo palabras, eran un mandato, un camino que trazaste para mí desde la despedida. Y en medio de este cuarto frío y del eco de tu dolor, esa es la luz en la que elijo creer.

  7. Avatar de Christian
    Christian

    Había llegado la noche, caminé en la mañana y talvez presentía que el momento había llegado. Me sentía un poco solo, en la mañana me despedí de compañeros que nunca más iba a volver a ver. Había ido a la central de teléfonos y fue ahí donde me ubicaron. Hice las dos llamadas necesarias, una al contacto muy importante que tenía, y la otra a mi familia. Y fue a partir de haber terminado las dos llamadas como me conducía de vuelta a la casa. Pero no pude hacerlo, saliendo de la centra de teléfonos fue cuando injustamente me apresaron.

    Frente a un revolver no pude hacer nada, se identificaron como que oficialmente eran representantes de la justicia – vaya manera de a veces encontrar ironías en esta vida. Y ahí estaba, encerrado en un cuarto oscuro tirado en la esquina húmeda recordando lo que había sido el día.

    Estoy aquí, solo, triste y rodeado de un panorama oscuro. No puedo ver nada pues me han han atado un pañuelo alrededor de mii cabeza. Mis ojos están cubiertos, mis manos están atadas, mi cuerpo esta un poco débil pero mi espíritu, ¡se mantiene fuerte! No pude ver a donde me llevaron, no veo nada y estoy aquí. Sentado en la esquina húmeda de un lugar que desconozco. Recuerdo a mi madre, mi padre, mis hermanos y también a mis sobrinos. Pareciera que todo llego hasta aquí. Huelo a tabaco, siento un poco de frio. Las horas de la noche presiento están llegando y estoy aquí. Parece que todo hasta aquí había llegado.

  8. Avatar de Susana Restrepo
    Susana Restrepo

    La caja de carga

    La caja de carga estaba tan oscura que solo entraban hilos de luz por las rendijas de la puerta, y el frio helaba la sangre, aunque no de manera equiparable al recuerdo de la noche anterior. El suelo frío y el sonido metálico del andar del camión se mezclaban con el olor a humedad que se desprendía de las paredes, y que resultaba incómodo, tal vez, premonitorio. ¿Así se sentía la muerte? Un interminable andar oscuro y sin final, en el que la única prueba de una existencia anterior es esa luz que entra por la rendija de los recuerdos.

    De repente, el camión se detuvo. ¿Había llegado a su destino? No. Eso solo significaría que el destino estaba sellado. Mil veces hubiera preferido que se alargase el camino, que jamás existiera una parada. Solo así, y por tiempo indefinido, existiría una certeza de que aún había vida.

    Fuera del camión, hubo pasos que se acercaban, y luego hubo silencio. Pero cuando la sombra de un perfil deformó el hilo de luz que venía de la rendija, se rompió el silencio con una esperanza que la sombra no hubiese podido prever cuando mencionó aquellas palabras:

    – Aún no.

  9. Avatar de Mabel Montoya
    Mabel Montoya

    Oscuridad en el castillo:

    Era el año de 1697 en la heroica ciudad de Cartagena de Indias, tras un ataque por las tropas francesas a la ciudad los españoles trataban desesperadamente de defenderse contra el enemigo desde sus fortificaciones que rodeaban la ciudad incluyendo el Castillo de San Felipe…allí se encontraba el Capitán Robles al mando de un grupo de soldados que obedecía ciegamente sus órdenes.
    El Castillo de San Felipe era una robusta edificación construida con rocas talladas y cemento que según contaban estaba mezclado con sangre de animales y de algunos de los esclavos que ayudaron a construir esta fortificación. En su interior había un laberinto de túneles los cuales los Españoles usaban cuando eran atacados por fuerzas hostiles…allí fue donde el Capitán Robles se refugió cuando ya todo estaba perdido y las fuerzas enemigas estaban dando su cometida final para capturar el fuerte.
    El capitán junto con un grupo pequeño de hombres entraron a los túneles buscando una salida para escapar a los franceses, estos los siguieron hasta la entrada disparandoles constantemente…los túneles estaban totalmente oscuros, un olor fétido y una sutil brisa fría y húmeda acompañaban a los hombres que a tientas buscaban la salida que finalmente los llevaría al mar donde podrían escapar.
    El Capitán Robles quedó solo resguardado en un socavón que encontró en la pared del túnel, en las tinieblas llamaba con susurros a sus subalternos pero no escuchaba respuesta…solo sentía su corazón palpitando tan fuerte que quería salir de su pecho, gotas frías de sudor corrían por sus sienes, cada ruido que escuchaba le contraía su pecho asfixiandolo cada vez más. Se sentía perdido, exhausto, casi a punto de claudicar dándose por vencido…fue en ese momento que sintió un suave llamado,
    -Capitán está usted ahí?, era el cadete Montes; al escuchar su voz le volvió la vida y la esperanza.
    Juntos lograron llegar al final de uno de los túneles, ya desde el mar podían observar el castillo envuelto en llamas y los gritos desgarradores de los que no pudieron escapar y eran torturados por sus captores, regando de sangre, sudor y lágrimas las rocas frías y tristes del Castillo de San Felipe.

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