Ejercicio de escritura creativa: Nochebuena a contraluz

ejercicio de escritura creativa

Escribe una escena navideña sin decir “Navidad”. Usa rituales, objetos y silencios para insinuar la fecha. Este ejercicio de escritura creativa es breve, divertido y medible.

Qué trabajarás

  • Subtexto: el significado vive en gestos, no en etiquetas.
  • Ritmo: alterna preparativos lentos y cortes tensos.
  • Focalización: primera o tercera limitada, sin omnisciencia.
  • Verosimilitud: detalles sensoriales (luz, olor, textura) anclan la escena.
  • Conflicto: microdecisiones con coste emocional inmediato.

Pasos del ejercicio

  1. Semilla y regla. Elige un ritual de Nochebuena (poner la mesa, llamar a un familiar, envolver un regalo). Define objetivo y obstáculo. Prohíbe estas palabras: “Navidad”, “fiesta”, “familia”, “amor”. Escoge un objeto-símbolo (vela, adorno, turrón).
  2. Escena en presente. Un solo lugar (cocina, pasillo, portal). Abre con acción concreta. Incluye tres señales sensoriales (luz cálida, cinta que cruje, olor a canela). Evita explicar emociones; sugiere con manos, distancias, respiración. La focalización no salta de cabeza. Cada frase empuja una decisión. Máx. 200 palabras.
  3. Giro mínimo. Repite un detalle inicial, pero desplazado: la vela se apaga sola; el adorno cae; el móvil vibra y nadie contesta. No lo expliques. Deja que el gesto revele la grieta. Sube el pulso con frases cortas y verbos de acción.

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Comentarios

13 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Nochebuena a contraluz»

  1. Avatar de Daniel Pezzi Gorriaran
    Daniel Pezzi Gorriaran

    Jo-Jo-Jo
    dnielpezzigorriarán

    ¡Otra vez, Navidad! —
    Dicho eso, se dobló por el dolor y vomitó el pandulce en la acera.
    El hambre, no le permite razonar con claridad…Hincó la rodilla sobre los adoquines como un guerrero vencido…, como un amante que va a pedir la mano de su enamorada…pero él…, solo pide perdón, al Señor…Mira el cielo, está nevando… Y se agachó para comerse el vómito, antes de que se enfríe…
    La cena del 24, a los que no tienen qué comer, les provoca náuseas.

  2. Avatar de Emily Onofre

    Los diecisiete

    Recuerdo los muñecos enroscados en el árbol del año pasado, diecisiete para ser exactos. Sin vida, igual que los diecisiete Aurelianos asesinados cerca de Macondo.
    Mi madre adora esta clase de encuentros. Uno de nosotros recorta las figuras, el otro reúne la espuma para rellenarlas y yo, intento coserlas sin perder su forma. Al final del día debe haber un hermoso pueblecito de fómix y espuma en medio de la sala. Pero, es difícil hacer las tareas con determinación y evitar indisponerse. Largas conversaciones y quejas, para luego olvidarlas todas frente a la chimenea.
    Antes de empezar, he dispuesto muchas velas blancas alrededor de la mesa, todas encendidas esperan el momento. No sé cómo he de revelar esto ante un tumulto de gente tan conservadora y locuaz, pero, Jason lleva demasiado tiempo allá afuera, esperando a que me decida y admita que puse las velas para otra persona, y que pronto he de necesitar muchas más.
    Las velas se apagan. La mirada de todos se dirige hacia la entrada, esperando conocer al causante de la embestida del viento que ha corrido los hilos y la tela hasta el suelo, pero no es él.

  3. Avatar de Valentina Restrepo
    Valentina Restrepo

    Más allá de las luces✨

    El dulce olor de la cocina llenaba de felicidad toda la casa, la tranquilidad poco a poco llegaba a su paso. Ya no eran tristezas, solo alegrías y risas.El momento que más esperaba en todo el año, anhelaba su sabor en mi boca, las risas de las tías. Veía también las luces titilando con tan grande intensidad que decían más que mil palabras, lleno de grandes bolas y adornos que decían lo que era la unión.

    Yo me motivaba tanto, pero tanto. El abrazo de mis primos, mis tíos lejanos, todos y totalmente todos reunidos en una misma sonrisa. La luna nos sonreía con sus tres hijas en el cielo, estrellas que compaginaban como piezas de rompecabezas, tan perfectas como si fueran sacadas de otra realidad totalmente desconocida.

    Era el momento: la sonrisa, el calor, la tranquilidad y la emoción reunida. Mis tías nos compraban lo mejor, nos traían detalles más inmensos, y con ellos también un abrazo gigante que me dejaba sin respiración. Con sus grandes labios me dejaban la cara pintada de todo ese labial que se ponían.Y de mi papá ni qué decir, su sonrisa, su gozo y su borrachera se juntaban ;sacaba sus grandes equipos de sonido y resonaban con tanta intensidad las ondas en todo el barrio, que anunciaban no solo una fecha, no solo una fiesta: significaban la unión.

    Con emoción se los relata,
    Valentina 💗

  4. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Ya está aquí
    El foco encendido colgaba del techo en medio del cuartucho que les servía de hogar. Rosario arreglaba el pequeño pesebre para acomodar al Niño Dios y cantarle después de la cena. Sonreía con una dicha callada: les alcanzó para un pollo rostizado este año. Además, su patrona le había regalado una chamarra muy buena para el intenso frío de la montaña.

    Esperaba con inquietud la llegada de Refugio, comenzaba a tardarse.

    – Espero que no le haya sucedido algo malo…– murmuró para sí.

    En ese momento la puerta se abrió y apareció Refugio con un poco de pan.

    ─ Hola amor ─ murmuró, aflojándose la bufanda.

    ─ ¿Cómo te fue? ─ le contestó Rosario abrazándole con cierto nerviosismo.

    ─ Bien, como siempre. ¿Y tú? ¿Te ayudo con algo?

    ─ No, gracias. Acabo de terminar con el pesebre. El Niño Dios ya está limpio y esperando “nacer”… Pero sí que hubo noticias en el vecindario.

    ─ ¿Ah sí? Pues cuéntame.

    ─ ¿Te acuerdas de doña Lenchita? Pasaba yo esta mañana frente a su casa y vi mucha gente. Me acerqué. En el patio había un ataúd, la estaban velando.

    ─ Pobre mujer, Dios la tenga en su gloria.

    ─ Allí cerca estaba su viejo gatito, con los ojos muy tristes. ¿Ahora quién lo va a cuidar? Está tan acostumbrado a ella. Y creo que hasta enfermo se encuentra el michi.

    ─ Ni lo pienses… No tenemos ni para nosotros. Y menos si está enfermo ─ le respondió con seriedad Refugio.

    ─ Sí, lo sé ─ dijo Rosario, alisando nuevamente la paja del pesebre.

    Refugio se sentó en su silla, con los codos en la mesa y la mente en otro lado. Después de un rato le dijo a Rosario:

    ─ Ve por el gatito, ha de estar que muere de frío. Ya nos apañaremos para su alimento y medicinas.

    Rosario abrió la cortina que cubría lo que podría llamarse su armario, miró de reojo el pesebre y dijo:

    ─ No iré, ya está aquí ─ y señaló al gatito.

  5. Avatar de Andrea Laso
    Andrea Laso

    No llegó

    Cojo el teléfono y marco el número de mi hijo Roberto para saber dónde se encuentra. Me dijo que llegaría hace media hora, pero el timbre de la casa no ha sonado y su auto no está estacionado afuera. No responde. Nunca ha sido puntual en nuestras reuniones, pero siempre llama para explicar su tardanza. Me imagino que debe ser el tráfico; quizá está conduciendo y por eso no contesta.

    Dejo el teléfono en la cocina y regreso al comedor para seguir preparando la mesa. Este año quise hacer un adorno para el centro: lleva flores navideñas y unas cuantas guirnaldas. Me quedó muy lindo. Coloco los platos alrededor; son los que el vecino me ayudó a sacar, con unos bordes dorados muy elegantes. Desde que falleció mi Jaime hace dos años, me ha tocado hacerlo todo sola.

    Los cubiertos están en orden y las servilletas encima de los platos. Solo me faltan las copas para el vino que traerá mi hijo. Han estado guardadas todo el año; debo lavarlas antes de ponerlas en la mesa. Pero… ¿dónde está Roberto? Ya está tardando más de lo normal.

    Lo llamaré nuevamente.

    —Aló, hijito, ¿dónde estás?
    —Hola, mamá. Perdón por no responder. Me llamaron a última hora del hospital; no hay personal de enfermería para esta noche y debo cubrir el turno. No podré asistir a la cena.
    —Qué pena, hijo… te entiendo. Será el próximo año.
    —Podría ir otro día a visitarte un momento. Pero espero que pases bien con Samanta. Que tengan una linda noche.
    —Está bien, hijo. Que tengas un buen turno. Adiós, mi niño. Ya nos veremos.
    —Adiós, mamá. Que te vaya bien.

    Cuelgo el teléfono. Otro año con la mesa vacía. ¿Qué haré con toda la comida? Creí que esta vez sería diferente.

  6. Avatar de MARY MENDEZ
    MARY MENDEZ

    Título: “La silla vacía”
    La olla cantaba en la cocina. El vapor se eleva cargado del leve dulzor de las pasitas y la acidez de las aceitunas entrelazados con el pimentón. Carmen revuelve el guiso con una cuchara de madera, como si acariciara un recuerdo. Hace años que no preparaba hallacas. Esta vez, su hijo le envió desde lejos los recursos con una nota que decía: “Para que la casa vuelva a oler como antes”.

    En la mesa, una hoja de plátano se arruga bajo el peso de la masa. Sus manos tiemblan al doblarla, una botella de ponche de crema sin destapar refleja las luces del árbol. Algunas bombillas parpadean, otras se han rendido. Junto a la botella, un regalo envuelto con esmero espera frente al sillón de cuero. El lazo dorado brilla, intacto.

    Acomoda las hallacas en la bandeja. Se limpia las manos en el delantal y mira el reloj. Las nueve. Nadie llama. Nadie toca la puerta. Solo el zumbido de la música de gaitas que llega desde la radio de un vecino.
    Una vela parpadea junto al sillón. Carmen no lo mira. Dobla otra hoja. Ata con hilo. Suspira.

    El teléfono vibra. Una foto llega: su hijo, bufanda al cuello, nieve en el fondo. “Te extraño”, dice. Ella no responde. Se levanta, acomoda el pan dorado en la bandeja.

    Se sienta. Observa la silla vacía. El respaldo aún inclina su sombra hacia un lado, como si alguien estuviera a punto de incorporarse. La vela, encendida desde temprano, lanza una luz temblorosa sobre el sillón. Carmen con el corazón desbocado y los ojos húmedos estira la mano, pero no toca nada. Solo espera.

    Entonces, sin aviso, la llama se apaga.

    Carmen no se mueve. Solo mira el regalo. Y espera.

  7. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    LUCES DE DICIEMBRE Por Miss Yaguarlocro
    Con todo cuidado saco la caja al mismo tiempo que rezo y cruzo los dedos para que todas las luces estén buenas. ¡oh sorpresa!, funcionan lindo. Sonrío porque todo se prende y se apaga. La luz se refleja en mi cara, son rojas y verdes al igual que la mueca y la sonrisa.
    Me trepo a la escalera, al techo, amarro la lana y el chenis sostiene los cables. Las cuelgo, las acomodo. De pronto estas empiezan a crujir, se recalientan. sale humo y estallan estoy sola.
    La escalera se mueve, caigo al cemento como una sandía con jugo rojo y caliente.
    Las luces no funcionan, corro de un lado a otro, con mis manos arranco todas las luces y las echo al tacho de basura.
    Lloro, me revuelco, menos mal que estoy viva, muy cansada, me voy a dormir.

  8. Avatar de Tatiana Diaz Henao
    Tatiana Diaz Henao

    Hielo negro

    La nieve es bella. En postales, en fotos, en películas. Es romántica y a la vez tierna. Pero nadie habla de aquello que sucede cuando la temperatura sube algunos grados y comienza a derretirse. El día que lo descubrí, fue una tarde gris. Tenía varios libros que debía entregar en la biblioteca y no podía renovarlos más.

    Me vestí por capas como una cebolla. Decoré mi vestuario con un gorrito de lana rojo que traje de mi ciudad natal y me había acompañado en todos mis recorridos desde que llegué al país. Tomé las llaves, el bolso con los libros y abrí la puerta de la calle.

    Sólo fue comenzar a dar los primeros pasos para sentir la película jabonosa que se formaba cuando el hielo se derretía. Me temblaban las piernas por la fuerza que tenía que hacer para mantenerme en pie. A pesar de que en el piso había miles de piedrecitas que “trataban” de ayudar el caminar, era imposible hasta que inevitablemente caí al suelo dándome un golpe en la cabeza. Mis vecinos en vez de ayudarme se partieron de la risa y comenzaron a hablar en ese idioma que aún no logro entender.

    Como pude me puse en pie y regresé a la casa.

    Me quité la ropa, la tiré al suelo y maldije el día en que había decidido venir a vivir acá.

  9. Avatar de Carla Chamorro
    Carla Chamorro

    Recuerdos.

    En la cocina hay una nube de olor a canela y clavo de olor; la cáscara de naranja se abre y perfuma aún más el aire.

    Es un espectáculo ver a mi hermana y a mi mamá alistar la mesa y preparar esos platillos exquisitos. Ver a Martha poner la mesa es como verla danzar con el mantel rojo, aunque se queda un momento en lucha con el camino de mesa verde; al ganar la guerra, continúa adornando la mesa. El gato salta sobre ella y se queda quieto, con la mirada fija en mí. Yo le sonrío desde el sillón que está junto a la chimenea. Nos sobresalta la voz de mi mamá, que desde la cocina le indica a mi hermana que prenda las velas, pues ya están por llegar los abuelos, papá y la tía Lupe.

    Enciende la vela. La llama baila, se estira hacia donde me encuentro; la cera gotea y deja un camino brillante, como si marcara un lugar.

    La vela se mueve otra vez, empujada por nada. Mi hermana, al ver ahora el sillón vacío, susurra:

    —Gracias por venir un año más.

    Escrito por Fernanda

  10. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    La hora se acercaba escurriéndose por las lucecillas que iluminaban toda la casa. La emoción bullía especialmente entre los más pequeños. La comida estaba servida. Rocío ponía los últimos detalles en la mesa. Veía el pavo listo para cortarse, pero veía más, el aura de su hijo de pequeño pidiendo que se le diera el pastel y el helado primero. Los treinta años que habían pasado desde aquel entonces se los había llevado la educación militar y luego una serie de desgracias con su esposa. Pero este año era diferente. La noche extrañaba esa voz de niño en los cantos de los villancicos que llegaba a todos los rincones de la casa. Ella iba a servir la comida, pero se vio interrumpida por uno de los sobrinos, aún muy pequeño, que pidió con sobresalto:
    – ¡Pastel y helado quiero, tía!
    Ella no respondió, sino tan solo con una sonrisa a medio alzar. Intentaba ver a su hijo, tras el velo de la impotencia, en ese hospital psiquiátrico en el que llevaba un par de meses. Sus ojos se humedecieron al ir a traer el postre para sus sobrinos.

  11. Avatar de Mabel Montoya
    Mabel Montoya

    Nochebuena

    La nieve cae suavemente cubriendo todo de blanco, es una noche especial, la cena está casi lista, un brindis, un beso, un abrazo, un te quiero.

    Se escucha una música suave que tranquiliza el alma, las luces titilan, la chimenea se enciende, los niños juegan mientras esperan con ansias la llegada anunciada del visitante tan esperado.

    Se hace tarde, ya los niños cansados se van a dormir, mientras tanto con pasos silenciosos y con una sonrisa de complicidad llega el visitante, deja unos regalos que son descubiertos al siguiente día por los chiquillos que gritan sin timidez….

    -este es mío!!!

    -Aquel es el tuyo!!!

    Los adultos sonríen al ver los niños felices. Desde la ventana aún se ve la nieve suavemente caer, mientras una bella melodía acompaña las risas, los abrazos y besos que todos felizmente intercambian.

  12. Avatar de RAQUEL
    RAQUEL

    RECUERDO

    Nuria coloca los polvorones y los mantecados en la bandeja. Lo hace mecánicamente, y casi con la precisión de un cirujano. Mientras la luz de la cocina parpadea.

    Mientras, Aitana se acerca sonriendo, y vestida con el jersey de renos que ella misma tejió. Un olor a jengibre y canela recorre toda la cocina. Ha estado preparando las galletas que tanto le gustan, y aún se siente el calor del horno.

    “¿Cómo vas con los preparativos de la cena, cariño?”, dice Aitana con una sonrisa

    “Bah”, replica Nuria secamente.

    Nuria no soporta el ruidito de los envoltorios de los polvorones. Le hace recordar al ruido que su madre hacía al colocarlos. Esa mujer que ocultó durante años los abusos sexuales que la niña recibía por parte de su padre.

    De pronto ve claramente su imagen semidesnuda tirada en la cama reflejada en el cristal de la ventana

    Recuerda también el momento en el que, dos años antes, tiró la bandeja, y, en pleno ataque de ansiedad, comenzó a gritar y amenazar a Nuria con el cuchillo que usó para abrir los polvorones,

    Nuria empieza a respirar fuerte y profundamente, se gira súbitamente, la bandeja cae… Y Aitana deja de sonreír…

  13. Avatar de Isidora Luna

    La cocina llevaba horas despierta. Ahora al mirar. Me daba cuenta que caía una luz tibia sobre la mesa. Que exactamente no sé de dónde venía. Pero lucía tan cansada como yo.
    Preferí terminar de colocar los platos. Los acerqué. Los separé apenas. Una vez más. Sintiendo esos nervios que hacen todo distinto en estos días.
    Estiré las esquinas del mantel. Era el mantel de siempre. Ese que tiene un olor antiguo. Estaba tan limpio como triste. Con recuerdos de cenas pasadas. Y el peso de los que ya no están presentes.
    Así que encendí una vela. Pensando en ellos.
    La llama titubeó. Saludándome cantarina. Hasta que se quedó quieta. Expectante.
    El aroma de lo que tenía en el horno llenó la sala.
    Doblé rápido la última servilleta y caminé hacia la cocina. Al mirar la mesa vi que la llama oscilaba. Quizás olvide algo. Entendí que era el horno que me llamaba con urgencia. Al abrirlo. El calor me subió al rostro. Bajé el fuego al mínimo. Creo que habrá que raspar algo.
    El móvil vibró entonces. Avisando. Ya llegan.
    Miré la mesa. Todo estaba en orden. Y sonreí. al ver la vela que parpadeaba.
    Creo que también espera.

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