Ejercicio de escritura creativa: El narrador equivocado

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa propone un juego narrativo: contar una escena desde una voz que interpreta mal la realidad. No es que miente a propósito, sino que se equivoca. El resultado entrena precisión, ironía y profundidad. Es una práctica de escritura estimulante para escritores de todos los niveles que buscan retos de escritura distintos.

Qué trabajarás

  • Narrador no fiable: una voz que cree entender, pero falla.
  • Voz y tono: coherencia entre lo que se dice y lo que ocurre.
  • Subtexto: el lector detecta la verdad antes que el narrador.
  • Conflicto: nace del choque entre percepción y hechos.
  • Cómo mejorar la narrativa: separar mirada narrativa y realidad.

Pasos del ejercicio

  1. Elige el error central. Decide qué interpreta mal el narrador: una relación, una amenaza, una intención. El error debe ser concreto y sostenido hasta el final. Extensión: 200 palabras. Primera persona obligatoria. Tiempo pasado.
  2. Diseña la escena real. Define, solo para ti, qué está ocurriendo de verdad. Escríbelo en dos líneas y escóndelo. El lector no debe leerlo, pero tú sí conocerlo. Esto mantiene la verosimilitud del ejercicio.
  3. Escribe desde la convicción. El narrador está seguro. Describe acciones, diálogos y objetos que respalden su interpretación… pero deja mal cosidos. Usa frases cortas. Verbos claros. No señales el error. Que el lector lo descubra por contraste.
  4. Revisión estratégica. Elimina cualquier pista demasiado explícita. Refuerza una consecuencia final que demuestre el error sin explicarlo. Lee el texto preguntando: ¿yo creo al narrador?, ¿pero entiendo algo más? Si ambas respuestas son sí, el ejercicio funciona.

Recibe un ejercicio nuevo cada semana y mejora tus textos con feedback personalizado

* indicates required
Te agregamos a un grupo exclusivo con otros escritores.

Intuit Mailchimp

Laboratorio de emociones: entrenamiento de escritura

Entrena una emoción mediante estrategias narrativas, con retroalimentación grupal y orientación directa.

[Asiste al próximo laboratorio →]

Comentarios

19 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: El narrador equivocado»

  1. Avatar de Agustin
    Agustin

    A eso de las 12pm cayó a mi casa Graciela sin avisar, yo amaba a mis amigas pero que mal momento pensé. Mi hijo cruzó la puerta con el mazo de tarot en la mano, – ¿Le vas a leer las cartas a Gra? Pregunté irónicamente. -Sii yo se lo pedí lo necesito intervino mi amiga.
    Los dejé y seguí limpiando, en cualquier momento llegaban mis alumnos. No escuchaba mucho mas que ascendente, cáncer y algo que me hizo parar la oreja . A paso acelerado y echa una furia avancé hacía ellos, -¿Como es eso de que esta no es tu casa, yo no te hago sentir parte? , No mamá no es eso es que con las interncaciones pero no quise escuchar nada más . Pendejo insolente .
    -Dejalo explicarse – intervino Graciela , la miré sacada. ¿ Cómo no estarlo si se complotoban en mi contra?
    -Encima ahora estas con ese boludo siempre boludos te elegis, mi amiga aventuró a decir algo pero me vió y se calló.
    Ladre al aire este pibe nunca supo como vivir en familia y menos ahora.
    Unas lágrimas lastimeras salieron de los ojos de mi hijo y mientras se alejaba de la situación le dijo a mi amiga, – Dejala gra esta enojada todavia por lo que pasó, no me perdona haberme ausentado y no va a entender a lo que me refiero con hogar.

  2. Avatar de Cecilia
    Cecilia

    La ventana indiscreta.

    Miré el reloj de la pared, las tres de la mañana. Quité la mano de la cortina y con un suspiro de frustración me senté en mi sillón, desde donde podía observar la escena sin ser advertido.
    Tomé de mi vaso de agua mientras mi vista seguía a Claudio, quien para mi sorpresa, regresaba con una bolsa más. Era más pesada que la anterior; necesitó ambas manos para arrojarla junto al resto de desechos. De pronto, una mezcla dulzona y rancia invadió mi sala, filtrándose por la rendija de la ventana. Seguramente había dejado que la basura se acumulara por semanas.
    Mi asombro fue absoluto al verlo volver, luego de unos minutos, agitado y con un tercer bulto. Agotado por el esfuerzo provocado por su propia irresponsabilidad, Claudio miró temeroso hacia los costados, esperando no tener testigos de su negligencia. Esta vez ni siquiera intentó levantar la carga; la fue arrastrando hasta el contenedor. Un líquido oscuro y espeso se desbordaba por una rotura del nylon, manchando el asfalto.
    «Este tipo es repugnante», pensé. Todos en el edificio teníamos presente sus peculiaridades; era un hombre muy extraño, darme cuenta de que era cazador, representaba solo un matiz más de su errática personalidad.
    Pero jamás lo imaginé siendo un hombre desconsiderado como para tirar los restos de su caza en el tacho comunitario.
    Sin embargo ahí estaba, tirando sus porquerías con la ansiedad del culpable, con la torpeza de quien se reconoce en falta, en silencio a la madrugada.

  3. Avatar de Emy Onofre
    Emy Onofre

    El paso de la muerte

    No todo el mundo vuelve de una montaña siendo la misma persona. Recorrí gran parte del sur de América sola. Escalé montañas y recibí el aliento de los cerros más altos de los Andes. Mi lucha por el gremio LGBTI+ me volvió conocida entre montañistas de mi generación.

    Uno de esos viajes me dejó una cicatriz bajo la nuca. No fue grave. Con el tiempo, supe que una barba bien crecida podría ocultarla sin esfuerzo.
    La noche del seis de julio del año 2023 me convertí en noticia. Subí al Rucu Pichincha, en Ecuador, uno de los volcanes más amables para un montañista experimentado. La caminata era forzada, con zonas de escalada difíciles, como el llamado “paso de la muerte”.

    Antes de subir el último tramo, dejé mis cosas entre los pajonales y escribí una última postal de la montaña. Anoté, con letra clara: Mi fortuna queda para mi amigo Jhon Valdez. Firmé sin dudar.

    Un año después, Jhon Valdez retiró mi dinero. Llevaba barba espesa y el cuello cubierto. Firmó sin dificultad.

    Mi cuerpo nunca fue encontrado.

  4. Avatar de Fernanda
    Fernanda

    La ventana indiscreta
    Estaba trabajando hasta muy noche. Desde mi ventana vi a los vecinos de enfrente discutiendo otra vez. Ella gesticulaba, él caminaba de un lado a otro. Cerraron las cortinas de golpe. Vi la hora y la anoté mentalmente. Las discusiones siempre eran frecuentes y a veces eran muy pesadas.
    Me quedé observando. A las doce y media, la luz volvió a encenderse. El silencio reinaba. Entonces él salió. Llevaba una bolsa de basura negra, enorme, pesada. La arrastraba más que cargarla. Miró a ambos lados antes de avanzar. Nadie hace eso sin motivo.
    La dejó junto al contenedor y regresó rápido. No volvió a encender la luz. Esperé. Pensé en el ruido seco que había escuchado antes, en el golpe contra la pared, en cómo ella dejó de moverse frente a la ventana.
    Llamé a la policía. Hice lo correcto.
    Al amanecer, vi a la mujer salir con una maleta pequeña. Caminaba despacio. Él la acompañaba. Reían. Un patrullero estaba estacionado frente al edificio. El oficial habló con ellos y luego conmigo.
    Me dijeron que la bolsa contenía ropa vieja. Que la discusión era si dejaban o un sillón
    Cerré la puerta. No me disculpé. A veces la gente prefiere no ver la verdad. Yo, en cambio, siempre presto atención.

    1. Avatar de Mary Méndez
      Mary Méndez

      me gustó el cuento, la perspectiva del narrador al creer que ha presenciado que su vecino se deshace del cuerpo de su esposa, por la discusión previa de ambos.
      Y luego muestra la verdad que aunque vergonzosa, no justifica el no estar atento ante las situaciones.

  5. Avatar de Maritza
    Maritza

    Nómbrame

    Cuando llega frente a mi, clava sus ojos de adoración directo en mis pupilas y murmura… no la escucho, pero trato de leer sus labios. Sé que me nombra, cierra sus hermosos ojos y desde adentro de su pecho sale un suspiro… Antonio.
    Viene siempre, y yo la espero.
    Parecería que espero a todos, pero no, es a ella a quien quiero ver. Habla con otros, pero al fina, siempre me busca a mi. Se para justo en frente, alza la mirada, me nombra, cierra los ojos, suspira, me nombra, habla bajito, respira, me nombra.
    Admito que, desde donde estoy, puedo mirar más de lo que debería. Miro sus pechos generosos, sus hombros cálidos, sus boca gruesa nombrándome.
    Al fin la escuché esta tarde.
    Vino más preocupada que lo normal, llorosa, angustiada. Bajó su mirada al suelo, se cubrió el rostro, suspiró profundo y en un arranque de valor, abrió la vitrina, tocó mis sandalias y por fin la escuché nombrarme:
    “Te lo ruego San Antonio…”

  6. Avatar de Diana Mantilla
    Diana Mantilla

    Diana M
    Quise retener a la pelirroja para que se quedara en la ciudad. Entre más le decía que la quería, más se reía y me recordaba que se iría al finalizar el año. Me acostumbré a que controlara cualquier situación. Ella decidía la película que veríamos en el cine y si las palomitas serían de sal o de caramelo. Las compraba mientras yo servía las gaseosas de los dispensadores y cuando regresaba, la encontraba con una sonrisa y una bolsa repleta de palomitas azucaradas sin que hubiera atendido a mi pedido de que las comprara de sal y de dulce.

    Te tengo un regalo, me anunciaba con un tono de intriga. Se acercaba al vendedor para que le entregara algo, y aparecía con una bolsa amarilla repleta de los nachos que nos encantan. La sorpresa me obligaba a olvidar que me había dejado sin palomitas. Así ocurría con diversas situaciones, daba mi opinión, pero ella hacía lo que le daba la gana.

    Una noche le dije que en seis meses me iría a trabajar a los Estados Unidos. Se quedó callada, incrédula. Por primera vez, la vi explotar en llanto. A las dos semanas me contó que su padre había desistido de mudarse a otra ciudad y que podíamos continuar juntos. Me sorprendió que todo pasara tan pronto.

    Al mes siguiente, le avisé que aplazaría mi viaje. Se alegró mas de lo que me hubiera imaginado. Desde ese día, me encargué de recordárselo a diario y desde entonces, sin pedírselo, me compra palomitas saladas.

  7. Avatar de Carolina Lizarazo Torres
    Carolina Lizarazo Torres

    EL RAPTO

    Las cosas sucedieron muy rápido. Estaba en mi habitación, arreglándome como de costumbre para ir a trabajar, cuando todo se nubló.

    Aparecí en un auto con dos desconocidos que me llevaban a un lugar insospechado. Los hombres me miraban con un tono de burla y conmiseración. Les pregunté insistentemente quiénes eran y a dónde me conducían. Uno de ellos como si me conociera, me llamó por ni nombre, Esteban, y me dijo que estuviera tranquilo, que todo iba a pasar.

    Su descarada confianza y falsas respuestas hicieron que mis nervios me sobrepasaran, porque el pánico ante mi fatal destino me acompañó durante el trayecto.

    Cuando llegué al lugar de mi cautiverio, los hombres, cuyos rostros me parecieron después familiares, me arrastraron hasta la celda, debido a mi dificultad para caminar, —- Habrá sido por algún golpe que me dieron tras el rapto, pensé, pero luego dejé de pensar porque mi mente de nuevo se apagó.

    Hace un momento he despertado. Mi carcelera, que no deja de sonreírme como si le estuvieran pagando para eso, me ha dicho que llevo varios días sin recordar nada, que es normal mientras me adapto al lugar y al procedimiento. Acaba de dejar junto a la cama una libreta y un lápiz. —Escribir ayuda a sanar señor Rodrigo, me ha dicho la muy infame antes de marcharse.

    Lo que hice fue escribir mi plan de fuga, tengo poco tiempo para ejecutarlo, antes de que vuelvan…

    1. Avatar de Mary Méndez
      Mary Méndez

      De siente la tensión del protagonista, por lo que está viendo, por el secuestro. el giro inesperado es que ahora es otra persona, ya no es Esteban ahora lo llaman Rodrigo.
      Utilizaron su cuerpo para otra persona?
      Es interesante, espero la hora del «en vivo», para saber.
      De antemano, gracias por el cuento.

    2. Avatar de Estela
      Estela

      muy interesante. El lector sabe que algo pasa, no le cree pero recién al final cierra…

  8. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Error de ajuste

    Dejé el “Elogio de la Sombra” en algún lado, no recuerdo dónde. Les prometí la interpretación de uno de los poemas… Este dolor de huesos, como grilletes, no me deja buscar entre los montones de libros como antes. Mis ojos se cruzan con la laptop. No, la pantalla no es lo mismo que el papel. Eso solo sirve para lecturas rápidas, precisas, ocasionales; pero para la literatura no hay como un libro, su peso en las manos, el ritmo al pasar las hojas, el olor… ¿Dónde diablos dejé ese volumen?

    El reloj apura y mi desesperación crece. Haré una excepción. Con incredulidad enciendo la computadora y busco el soneto. Unos segundos y allí está, tibios versos ante mí. Ay, pero con esta letra tan pequeña imposible. La ajusto. Regreso al primer cuarteto: “Ya somos el olvido que seremos…”. Suspiro. No puedo seguir. Un par de lágrimas corren por mis mejillas; las seco pronto. Este resplandor artificial es insoportable. Sigo: “Ya somos en la tumba las dos fechas del principio y el término…”. Más lágrimas. Basta. Detengo la lectura y limpio mis gafas. Mis ojos están muy cansados ahora. Bajo la pantalla de un golpe.

    Mi corazón late aceleradamente: ¡otra vez la taquicardia!

  9. Avatar de Jhonatan.
    Jhonatan.

    Suelo ir por la orilla de la playa muy temprano, cuando la aurora emerge sobre la inmensa planicie de un mar adormecido. A esa hora, la soledad es absoluta. En esta isla poco habitada, los pescadores tienen las rutinas relajadas de la gente del campo. El pueblo despierta tarde, y sus habitantes solo salen de sus casas cuando el calor, exacerbado por el zinc bajo el inclemente sol, hace que estar dentro sea un martirio.

    Pues resulta que hoy, una brisa helada me sorprendió a medio camino. Escuché una voz deliciosa que entonaba melodías sublimes, levanté mis cansados ojos al horizonte y ví su singular silueta tañer un arpa que descansaba en su regazo. Sus cabellos, largos y dorados, destellaban en la luz marina. Me invadió un poderoso halo de felicidad y éxtasis. Me acerqué, nos abrazamos y no quise alejarme nunca más de ella. Ahora mismo vamos juntos, sumergidos como levitando, entre el suave mecer del oleaje submarino.

    Arriba, en la playa, quedaron mis ropas, mi sombrero y mis zapatos. Y aunque sé que ya no los necesito, hay algo me inquieta. Un presentimiento, un vacío. Tal vez olvidé otra cosa, hay algo más que se me ha perdido.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Este cuento me encantó. Tan sutil y escrito, tan claro. gracias por compartirlo.

  10. Avatar de Estela
    Estela

    Yo lo hice todo por ella. Deje mi vida para que fuese lo que es hoy día.
    La vestí, alimenté y eduqué en cada paso de su vida.
    Paso revista de las tapas dónde posó, gracias a mí. Bella, perfecta, jóven.
    ¿Quién la llevo a las escuelas de danza, teatro, modelaje, aunque se negara? ¿Quién la presionó para que no engordara? ¿Quién la acompañó a mejorar cuando había que romperle la nariz para hacerla más perfecta? ¿O cuando hubo que sacarle costillas para acentuar su cintura? Yo… siempre yo… dejé mi vida para que destacará en cada desfile, en cada presentación. Para que tuviera una vida que yo nunca tuve, que ni siquiera pude soñar.
    Era yo detrás de los telones o entre el público, diciendo: “esa es mi hija”.
    Era yo la única que la encaminaba cuando quería otra cosa. ¡Qué sabía ella!
    ¡Cómo se atrevía a retarme con esas salidas nocturnas, con esos hombres!
    Quién la llevó a enfrentarme como si yo fuese el problema y ahora esto…
    Quién le dijo que podía terminar con su vida, sin avisarme.
    Invertí mi vida en ella. Yo vivía por ella. Ella era mía.
    ¡Maldita desagradecida!

  11. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    «El perfume de las gardenias»

    Siempre supe que mi madre era frágil. O eso decía papá. Por eso la cuidaba tanto. Le preparaba el té con miel cada noche, le recordaba sus pastillas, le cerraba las ventanas para que no se resfriara.
    A veces se quejaba de que la casa estaba demasiado oscura, pero yo sabía que la luz le hacía daño a los ojos. También decía que se sentía encerrada, pero era por su bien. Afuera hay demasiadas cosas que pueden herirla.

    Ayer, cuando se cayó por las escaleras, supe que había sido mi culpa. No debí dejar la alfombra suelta. Me lo dijo muchas veces. Pero es que estaba tan cansado. No dormí bien la noche anterior, y el ruido de sus pasos me despertó. Pensé que bajaba por agua, como siempre. Luego escuché el golpe. Bajé corriendo, la encontré en el suelo, tan quieta. Le hablé, le toqué la cara, no tenía sus anteojos. Estaba helada. Como si ya no necesitara que la cuidaran.

    Hoy, la casa huele a gardenias. Siempre decía que quería flores blancas si algún día moría. Qué previsora era.

    Las pedí esta mañana. Las puse en cada rincón de la casa. Para que no se diga que no la amé.

  12. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Les digo a mis compañeros que en esa casa no vive una bruja. Nadie se atreve a ir y comprobarlo. Yo lo hago después del colegio. Llego a su casa al final de la calle donde empieza la de tierra. Mis acompañantes han quedado una cuadra atrás. Golpeo la puerta y la señora no tarda en abrirme. Es la primera vez que la veo. Si soy sincero la cicatriz debajo de su ojo parece una espiral. Justo como mis compañeros la describían. Ya en su sala no descubro nada más que íconos religiosos y figuritas que parecen traídas de la India. Seguro que son copias baratas de China. Le pido que me lea las cartas. Ella lo hace después de pagarle. Me dice algo sobre mi hermana menor, relacionado sobre su salud. Típico, sale con algo dramático para alertarme. Yo la escucho, pero nada más y finjo preocupación. Es verdad que tiene una voz hechizante.
    Cuando salgo les digo a mis compañeros triunfante:

    — ¡Ven! ¡es una señora normal!

    Ellos se quedan mirándome sin saber qué decir. Uno de ellos se adelanta y me dice que tengo una llamada de mi padre:

    — Es algo urgente – me dice mientras de repente esa cicatriz espiral vuelve a mi cabeza.

  13. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    YO LOS VÍ. POR MIS YAGUARLOCRO

    En el Rectorado del Colegio se prepara la expulsión de los tres estudiantes acusados de meterse a los baños de las niñas. La inspectora insiste en que están allí escondidos, ocultos, calladitos, esperando a que entren las niñas para trepar a la pared del baño y mirarlas. «Eso es una insolencia inaceptable». Primero entró Lety; también Ana y Marina. Las mamás de estas niñas gritaban: «¡Yo los mato! ¡Solo quiero tenerlos enfrente y los estrangulo! ¡Voy a traer mi pistola, les disparo, no me importa! ¡Iré de por vida a la cárcel!».

    Los chicos, en otro salón, no sabían de qué se les acusaba; al enterarse, sus miradas —las de Juan, John y Carlos—, muy extraviadas, se preguntan qué pasa. La inspectora insiste: «¡Yo los vi, yo los vi, ellos entraron!».

    La conmoción era total dentro y fuera del establecimiento. Los chicos no podían salir por el miedo a ser linchados. De pronto, el profesor viene con los videos de las cámaras, los revisan y ven lo que verdaderamente sucedió. Pudieron ver a los tres chicos que entran corriendo y salen con su balón de fútbol, el cual acababan de rescatar.

    1. Avatar de Estela
      Estela

      Este cuento da para largo. Muy bueno. No sé si cumple la consigna pero el cuento es buenísimo. A mí la consigno me cuesta, aún sigo intentando cumplirla y no lo logro.

  14. Avatar de Pepa Galán
    Pepa Galán

    VACACIONES DE LUJO
    Llevaba un tiempo que no recordaba bien algunas cosillas, lo cierto es que desde la muerte de Consuelo, el mundo se le había vuelto un tanto del revés. Y, sí, es verdad, había tenido algún que otro percance, como cuando confundió a su hija con su madre, pero es que se parecen tanto, y tampoco hay que darle mayor importancia, un traspiés lo tiene cualquiera.
    Sin embargo, todos aquellos recientes percances se los iban a curar aquellas vacaciones que sus hijos, sin tan siquiera pedirlo, le habían organizado… qué ilusión le hacía.
    Lo cierto es que, por las fotos, el lugar tenía un cierto aspecto de hospital, pero no les iba a contrariar, y total, las vistas al mar tenían un aspecto magnífico… tan parecido al de la Manga del Mar Menor… su mar, ese mar tan visitado desde la infancia… pero se iba, lo sabía porque se lo habían dicho sus hijos, a un resort de 5 estrellas, con todo incluido, desayuno, comida y cena… a un lugar lejano, y además con atención totalmente personalizada. Parece ser que no tendría que recordar ¡ni cuándo tomarse las pastillas! Vacaciones totales.
    Una vez llegó le sorprendió enormemente que ninguno de sus hijos se quedara allí y que dispusieran de un historial clínico tan detallado… en fin, avances de la hostelería…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *