Ejercicio de escritura creativa: Empieza tarde

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa te obliga a entrar en la historia cuando ya es demasiado tarde. Sin introducciones ni contexto previo. Escribes desde el momento irreversible. Es sencillo, dinámico y eficaz para todos los niveles.

Qué trabajarás

  • Inicio in medias res: comenzar con acción y conflicto activos.
  • Ritmo: eliminar arranques lentos y acelerar la lectura.
  • Focalización: decidir qué información entra y cuál queda fuera.
  • Construcción de escenas: causas y consecuencias visibles.
  • Cómo mejorar la narrativa: enganchar desde la primera línea.

Pasos del ejercicio

Define el “demasiado tarde”. Elige una situación donde el punto de no retorno ya pasó: el tren partió, la puerta se cerró, la decisión fue tomada. Escribe en una línea qué ya no puede cambiarse. Extensión máx. 200 palabras.

Abre con acción. Primera frase: un verbo en movimiento. Nada de contexto. Sitúa al lector con un gesto, un ruido o una consecuencia directa. Evita explicar el pasado. Si necesitas información, entrégala como choque: reproche, objeto roto, ausencia.

Dosifica el antes. Introduce solo tres datos del pasado, y siempre empujados por la acción actual. Usa frases cortas. Verbos precisos. Mantén un solo punto de vista (primera persona o tercera limitada). El conflicto debe empeorar, no estabilizarse.

Cierre con efecto. Termina con una acción que confirme la irreversibilidad. Nada de moralejas.


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Comentarios

21 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Empieza tarde»

  1. Avatar de Christian GJ
    Christian GJ

    Golpea la mesa con fuerza y la llama del candil se contrae, como si también tuviera miedo. No levanto la vista. Mis manos siguen aprisionadas, y las esposas me perturban más que el frío del piso. El hombre uniformado se inclina hacia mí y deja caer una placa metálica que resuena como un disparo. “Dilo”, ordena. Yo ya lo dije antes, y él lo sabe.

    Respiro despacio y con calma. Hace una hora me arrancaron de la central telefónica. Hace tres días enterré una vez más mi nombre. Hace años decidí darlo todo por esta causa. Esos son los únicos restos de pasado que todavía me pertenecen.

    La silla cruje cuando él se sienta frente a mí. Sus botas negras revelan una existencia oscura y pasajera de aquel quien las calza. Tiembla, aunque intenta ocultarlo. Yo no. La luz revela mi serenidad y mi entrega entera por esta causa. Ahora no me pregunta quién soy, me pregunta por qué no tengo miedo.

    Sonrío gentilmente por primera vez en este cuarto. No porque esté a salvo, sino porque ya es demasiado tarde para traicionarme.

    El candil parpadea, y el hombre uniformado extingue la llama.

    1. Avatar de Emily Onofre
      Emily Onofre

      Me hizo sentir tensión e intriga porque me quedé sin saber cual era la causa, o que iba a hacerle ese hombre uniformado.
      Super interesante.

    2. Avatar de Silvia
      Silvia

      Hola, siento que algo se contradice, o no lo comprendi, al principio hay una frase que dice «como si tambien tuviera miedo, entindo que el personaje tenia miedo?
      Pero en su relato, hay significantes de miedo, o tal vez solo, no lo expresa?

  2. Avatar de Isidora Luna

    El mensaje apareció con el visto azul y desapareció casi de inmediato. Actualicé la pantalla, pero no había nada.
    Le llamé. Sonó una vez y se fue al buzón. Volví a llamar, con la misma respuesta: silencio.
    En el grupo alguien escribió si todo estaba bien y nadie más contestó. Cerré la app. Mi laptop seguía abierta, el archivo sin ver y sin guardar.
    Bajé las escaleras de dos en dos. En la calle, una ambulancia ya se alejaba. Un vecino grababa con el móvil; me hice a un lado para no salir en el video.
    Su portal estaba abierto, pero el ascensor del edificio estaba bloqueado. El aviso de fuera de servicio colgaba torcido.
    Subí corriendo. La puerta del piso estaba abierta, demasiado abierta.
    Asomé medio cuerpo. Adentro olía a alcohol y a algo metálico. El baño tenía la luz encendida y el espejo empañado.
    Mi móvil vibró. Era un número desconocido. No contesté.
    Me quedé ahí al menos una hora, mirando, escuchando el rumor de los vecinos, sus comentarios, sin atreverme a entrar, tratando de entender qué le había pasado.
    Cuando vi subir a la policía junto a un vecino del primero, supe que no había llegado a tiempo.

  3. Avatar de NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO
    NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO

    Ejercicio in media res

    – RA, ta ta ta ta ta ta – sonó una ráfaga desde un cerro cercano.
    – Virgen del agarradero… están disparando desde la montaña
    – Y son balas de verdad
    – Pues claro gran pendejo, estos tipos no están jugando.

    Aunque ya estaban acostumbrados a los disparos, siempre los llevaba el pánico por el horror de los ataques inesperados. Así era la vida en los pueblos montañosos del Cauca. Nunca se podía afirmar que hubiera tranquilidad completa.

    – Es la tercera vez en dos semanas. No sé cómo es que seguimos vivos.
    – Pues por la pura misericordia de Dios, que es grande y poderoso
    – Me avisás cuando nos toque morirnos, pa estar preparado.

    Era tan grande el susto y la paranoia, que se volvían hasta chistosos. Tal vez era mejor reír que infartarse por los golpes de fusil, o por las explosiones que hacían temblar las pocas casas que se conservaban en pie. La mayoría de ellas estaban abandonadas desde el 2001, cuando se puso más inhumana la situación por los secuestros, las extorsiones, los asesinatos y las desapariciones.

    – Salgamos, que ya dejaron de disparar.
    – Yo prefiero amanecer en este potrero. No me vayan a matar en la calle. Andate vos.

  4. Avatar de Emily Onofre
    Emily Onofre

    El agua rojiza inunda la bañera. Empapa mis pies. Tiene los ojos abiertos, dolientes. Mis gritos espeluznantes llenan el silencio.
    Ella llevaba sudadera roja, dice uno de los policías. Asiento. Ya no recuerdo cuándo la vi con vida por última vez, con esos amigos que siempre olían a alcohol.
    En el cementerio no veo a sus padres. Ningún familiar. Solo a su hermana. Me acerco a la tumba. Quizás por morbo. Yo la quería —pienso. Tiene los ojos entreabiertos. Las costuras despuntadas como si algo empujara desde adentro para mirar. Absurdo.
    Tenía pesadillas. Eso temo.
    Cuando hablo con la hermana, me distrae el suéter rojo que lleva. Dice que dejó la escuela. Dice que quedó con ella para ir a un café ese día.
    Luego, al caer la noche la veo en la calle, con shorts, bajo la nieve. Lleva el mismo suéter.
    Tiene quince.

  5. Avatar de Susana Restrepo
    Susana Restrepo

    Sintió el espacio vacío donde antes algo había estado. Miró su celular y vio aparecer la primera palomita, luego la segunda. Las palomitas se tornaron azules. Junto a su foto de perfil se leía “escribiendo”. Al cabo de un rato ningún mensaje llegó, en cambio entró una llamada.
    – ¿A qué te refieres con ese mensaje? – le preguntó calmado, para sorpresa de ella. – ¿Esto es lo que quieres, Liliana?
    – No me estoy sintiendo bien, necesito un tiempo para pensar.
    – ¡Hace un mes que te estoy dando un tiempo para pensar, Liliana! – explotó.
    – He decidido que no quiero volver a verte, Héctor. – dijo con tono neutral. – Hace un mes tenía dos dientes más de los que tengo hoy. El mensaje es cierto, no quiero verte más. – Colgó y bloqueó su contacto.
    Al cabo de unos segundos, Liliana tomó la maleta en la que había guardado todo lo que tenía, y abordó el avión para nunca volver.

  6. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    Empieza tarde
    El casino por Miss Yaguarlocro
    Salieron las últimas cartas; la talladora las puso sobre la franela roja. Lo perdió todo.
    Mike se quitó de los dedos los anillos heredados en una jugada desesperada. Recibió fichas doradas y las apostó junto a la última que le quedaba; quería ganar, recuperar lo perdido. Sin embargo, todo se esfumó.
    En ese momento se dio cuenta de la enorme estupidez que había cometido.
    Muchas veces había ido al casino a observar el éxito y el fracaso de los jubilados millonarios y depresivos, que pasaban de las sonrisas escandalosas al llanto. Miró a la mujer hermosa retirar, con manos ágiles, los naipes y el botín a favor de la casa.
    El shock fue letal. Se levantó, caminó fuera del antro, se quitó la elegante chaqueta y la arrojó a los desperdicios; luego, se dejó caer en una esquina inmunda. Desde ese momento come de las sobras, bebe, se droga y amanece en la calle.

  7. Avatar de RAQUEL
    RAQUEL

    Después de la sentencia del juez, Natalia corrió hacia la salida del juzgado mientras las lágrimas recorrían sus mejillas, mojaban su escote…

    Sólo quería gritar, patear todo, empujar a las personas que se cruzaban en su camino.
    No se lo podía creer.

    En el taller de igualdad que impartió la mañana siguiente en el centro juvenil del barrio, intentaba ocultar el inmenso odio que sentía.

    Para ello, intercalaba bromas macabras con datos espeluznantes acerca de asesinatos cuyas víctimas eran mujeres.
    El humor negro siempre le ayudó.

    Algunos chicos le lanzaba preguntas del tipo:

    -«¿Cómo iba vestida?. ¿Iba borracha?».

    -«Si se visten como guarras, acabarán teniendo lo que buscan».

    Las chicas reían tímidamente, con temor a ser rechazadas y alimentando así el ego de ellos.

    Ella intentaba sonreír, pero apretando los labios. Si no, los insultos agolpados en su cabeza iban a salir uno tras otro.

    Al salir se le acercó el primer chico que había preguntado.
    Ella le miró entre asustada y recelosa. Podía imaginar quien era.

    Él le contó casi orgulloso que su hermano mayor acababa de ser absuelto por el «presunto» asesinato de su pareja.
    A ella la definió como una «puta». Repetía constantemente que él habría hecho lo mismo que su hermano.

    Dicho esto, le dio una palmada en el culo a su chica, que esperaba cual mascota a su dueño, y le obligó a dejarle chequear su móvil mientras se iban.

    Aunque Natalia se mudó hace tiempo, aún sabía dónde vivían.
    Eran vecinos desde pequeños, y ese hermano mayor fue la pareja más tóxica que había tenido su hermana.
    Ella la había intentado avisar tantas veces…

    Como trabajaba en Servicios Sociales, les puso al tanto de este menor y de lo que le había confesado. Esta vez no se iba a escapar.

  8. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    ¡SORPRESA!

    Estornuda. Desde el armario.
    No una, sino dos veces.
    Mi esposa frunce el ceño.
    —¿Qué fue eso?
    —¿Qué cosa? —pregunto, con la voz de quien ya cavó su tumba y está eligiendo flores.
    Otro estornudo.
    —¿Hay alguien aquí?
    Me encojo de hombros.
    —Debe ser el gato.
    —No tenemos gato.— levantando la ceja derecha, finamente delineada.
    —¿No? Qué raro.
    Ella avanza. Yo me planto frente al armario.
    —¿Qué escondes?
    —Nada. Solo… sorpresas.
    —¿Sorpresas?
    —De cumpleaños.
    —Mi cumpleaños fue en Agosto.
    —¡Exacto! Por eso es sorpresa.
    Ella abre la puerta.
    Lucía cae como fruta madura. Rimel en fuga y el vestido olvidado bajo la cama como un cómplice culpable.
    Silencio pesa.
    Mi esposa la mira. Luego a mí.
    —¿Una amiga?
    —Muy buena amiga.
    —¿Desde cuándo?
    —Desde que dijiste que necesitabas espacio.
    —¿Y tu solución fue llenarlo con ella?
    Lucía intenta hablar. Mi esposa alza la mano hacía ella, con la mirada fija en mi.
    —No. Tú no.
    Toma las llaves.
    —¿A dónde vas? — le pregunto con incertidumbre.
    —A adoptar un gato. Uno real. Uno que te aseguro, no voy a esconder en el armario.
    Cierra la puerta.
    Lucía estornuda otra vez.
    Yo también.
    Pero lo mío es alergia al desastre que se me viene encima.

  9. Avatar de Fernanda
    Fernanda

    El Ritual
    Mi sangre resbala entre los dedos mientras el aro se enciende. Se ha dicho el nombre tres veces y la vela oscura se parte con un chasquido fuerte. Ya no hay marcha atrás.
    Alguien toca la puerta, pero yo sigo sin mirar. El cristal enfrente se ensombrece y lo que veo se mueve despacio, siempre atrasado, como cuando dijo que ya no volvería a fallarme. El adorno roto de aquella velada cruje ahora bajo mi calzado. Era de mi madre. Él lo sabía.
    El ambiente se siente pesado. Me viene a la mente su carcajada, el primer daño, el pacto sellado sin mi permiso, el segundo y la falta de respuesta cuando pedí auxilio, lo peor de todo. No hay otro pensamiento.
    Un alarido suena desde el cristal. No es el mío. La llama se extingue sola y el sangrado cesa. A fuera, los golpes paran.
    Junto los restos del ritual y los tiro al fuego. Cuando el polvo se pone gris, entiendo que todo ha terminado.
    Abro la puerta y la cruzo. Él ya no cruzará ninguna más.

  10. Avatar de Pepa
    Pepa

    La brevedad de un «para siempre»

    «Sí. Quiero».

    Como una sonora bofetada, esas dos palabras la devolvieron a aquella aplastante realidad.

    Escasos minutos antes, una risita histérica e incontrolada había escapado de su boca, en el momento en el que la jueza declaraba aquella protocolaria fórmula de: «si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o que calle para siempre».

    No podía creerlo, su gran amor estaba casándose ante ella. Y ella, en su papel de testigo, no solo había permitido que su propia inacción les condujera a ese momento, sino que era protagonista de toda aquella pantomima.

    En esos momentos de obnubilación, habían cabalgado velozmente recuerdos de aquel beso robado en la noche, de aquellas confesiones de amor siempre bañadas en alcohol, y de aquellos continuos lamentos contra la que ya era su esposa.
    Cuando sus pensamientos volvieron a esa anodina sala de casamientos, y el «sí, quiero» ya se había perpetrado, su risita fue transformándose en una sonrisa congelada por todo aquello que podía haber sido y no fue, para acabar en una mueca ante la bofetada de realidad después de 20 años de absurda ilusión.

    Unas horas después, la línea de metro Esperanza quedó detenida por la presencia en las vías de un cuerpo de mujer.

    Aquel día, miles de personas pensaron en ella, irritadas por el descalabro de sus rutinas.

  11. Avatar de Estela
    Estela

    Entrega inmediata
    El tipo paso puteando al lado mío. ¡Madrecitaaa!… Lo ví pasar, puteándola.
    La puerta se abrió sin que tocará y salió el tipo puteando. Me corrí. Yo no me meto, señor. Nombré a la mujer que salió y ella hasta la clave me dió.
    Si, la ví golpeada. Tenia un ojo violeta y cortes en la cara. Pero yo no me meto. Le di el paquete. Lloraba.
    Ella agarro la caja y la abrió. Cómo iba a saber yo y, aparte, no me corresponde.
    Fué cuestión de minutos, el tipo paso, entregué la caja, mire la propina, doy la vuelta y Bang.
    El tipo cae y Bang de nuevo. Veo a la mujer en la puerta apuntandosé. Podía haber corrido Pero no soy psicólogo. Bang!
    Sale un nene y grita, abraza el cuerpo de la mujer caída. Me mira. Capaz que podía abrazarlo Pero es un menor!!!
    Y acá me tiene! Una vecina llamo, sabe.
    Y olvidé que me firmara. Sin firma no me la pagan… que hago, Oficial. Por qué nadie me ayuda?

    Estela Iglesias

  12. Avatar de (Greis)
    (Greis)

    ¡PLAFFFF!!!!
    ….. ¡Me caí!!!!.
    Quedo tendida cual larga soy en el piso… (Menos mal que soy cortita, 1,55 cm)
    Club de barrio, muestra final del taller final de Folklore Argentino, bajando del Vestuario en el primer piso, emocionada no noto qué los tres últimos escalones NO TIENEN BARANDA…
    ¡qué dolor! ¡qué vergüenza! ¡mi orgullo heriiiidooo!
    Se acercan mis compañeros a socorrer.
    ¡No me muevan, por favor! Hago un escaneo mental sobre mi cuerpo, parece que no se rompió ningún hueso… suspiro aliviada.
    De a poco me incorporo y me siento. Miro mi pie izquierdo inflamado, se empieza a poner morado.
    Alboroto alrededor. Juan, el profe debe reacomodar las parejas de baile. Algunas modificaciones en la coreografía. Listo, a la pista. A bailar…
    Contemplo desde mi ubicación a mis compañeros. Me siento triste por mí, tantos ensayos, tantos pasos corregidos.
    Feliz por los compañeros que cosechan tantos aplausos. Luego, directo a la clínica.
    Radiografía, receta de calmantes, reposo.
    Cada 10 de diciembre algún compañero me manda un mensaje risueño recordando mi entrada triunfal, con aterrizaje en el piso.

  13. Avatar de Mariela Verónica Gagliardi
    Mariela Verónica Gagliardi

    La tormenta arrasó con mi casa. Todo había comenzado ayer a las tres de la madrugada cuando la ventana de mi cuarto golpéo incesantemente. Me sobresalté de la cama y corrí a cerrarla pero fue demasiado tarde. Un remolino gris oscuro se llevó mi techo de chapa, la puerta recién estrenada e incluso mi cama.

    Corrí a la cocina para llamar a los Bomberos que ellos todo lo resuelven o al menos lo intentan. Pero la luz se había cortado y la línea también. Lloré sin parar hasta que vino Bob y me lamió la cara para tranquilizarme. Esa fue la última vez que lo vi. No pude seguir lamentándome. Tomé mi mochila, las botas de lluvia, el piloto e intenté reptar por la vereda. Sabía que si me paraba, no iba a poder contar la historia.

    De repente un rayo fluorescente cayó a mi derecha, cerré muy rápido los ojos. Le pedí a Dios una oportunidad pero se ve que no estaba disponible para mí en ese momento.

    Me paré aún sabiendo que podría ser mi última vez. Toqué con las palmas de las manos la pared del negocio que tenía detrás y una sensación de hormigueo invadió todo mi cuerpo.

  14. Avatar de Carlos Arellano-Caicedo
    Carlos Arellano-Caicedo

    El ascensor

    Aplasté como loco el botón pero el ascensor se fue. Los números indicaban piso 1, piso 2, y así, y no supe qué hacer. Le había dicho a mi hijo que me esperara, pero él corrió apenas se bajó del bus escolar. Corrió porque le dije que no iba a poder llevarlo a la piscina como le prometí, y apenas le dije eso su sonrisa desapareció, y corrió al ascensor.

    Aplasté el botón hasta que me dolió el dedo. Tomé las escaleras y corrí. Subí y subí, pero los números del ascensor aumentaban. Cuando iba en el 24 se detuvo y apresuré mi paso a pesar de no tener aliento. Pero al llegar a ese piso, el ascensor ya bajaba. No pude ver a mi hijo por ninguna parte.

    Me dispuse a bajar cuando una puerta se abrió y del departamento oscuro salió un anciano. Me preguntó que qué era ese ruido y le dije que estaba buscando a mi hijo que se fue solo en el ascensor. El anciano pareció conmovido, pero su rostro se deformó en llanto. Fue entonces que me di cuenta de que era mi padre. Me abrazó y me dijo que lo perdonara por no haberme hablado todos estos años. Pero yo estaba tan alterado que no pude hacer más que devolver el abrazo y decirle que no se preocupara.

    Bajé corriendo las gradas, y luego las subí, y así parecía no terminar nunca. Llegué a pensar que no vería jamás a mi hijo. Cuando ya mis piernas temblaban y mi espalda parecía estallarse, reparé que estaba en el piso de la piscina y que alguien chapoteaba ahí. Entré y vi a un hombre con su hijo. No tardé en reconocer que ese hombre fuerte era mi hijo y que de algún modo ya había aprendido a nadar sin mí y ahora le enseñaba a su propio hijo.

    Me acerqué con pasos temblorosos típicos de mi edad. Él no supo qué decir, habían pasado tantos años que a lo mejor había olvidado mi rostro. Lloré, y él también lloró, y su hijo no entendía lo que pasaba. Preguntó si aún podía caminar. Le respondí que caminar no mucho, pero nadar sí. Me ayudaron a cambiarme, y los tres saltamos al agua y nadamos toda la tarde.

  15. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Quedarse

    Termina la llamada y avienta el teléfono. No, no aceptaría el nuevo empleo en otra ciudad por más jugoso que fuera el salario. Hubiera sido fácil tomarlo. Cargar con la decisión, no.

    Sin ingresos, sin quehacer, cada semana era más complicada. Llegó a pensar que aceptaría lo primero que le ofrecieran. No meditarlo también era una forma de ceder.

    En su mente aún estaban nítidos esos ojos que le miraban profundamente pidiéndole apoyo. La directora del refugio de gatos apenas comenzaba. Le había prometido estar cerca hasta el final; ahora, no era fácil continuar.

    A veces, dar la espalda también es hacer frente.

  16. Avatar de Cecilia Muniz
    Cecilia Muniz

    El peso del aire

    El sonido de metal tintineando contra el mármol rebotó.
    Cara.
    Mis piernas flaquearon.
    Subí la mirada hasta encontrarme con sus ojos, los cuales ya se encontraban analizando mi reacción.
    Yo no necesité leerlo, podía imaginar el alivio circulando por sus huesos.
    Me recompuse en un instante, no había tiempo para esto. Teníamos claro a qué veníamos y de la forma en que esto terminaría.
    Él aún permanecía en su lugar escrutinándome con la mirada, esperando.

    Sabía que la decisión era mía, estar condenado trae consigo el peso de la última palabra.
    Asiento con la cabeza.
    Corre hacia el teléfono y luego de esperar una respuesta, suelta las palabras estipuladas de memoria.
    Recorro el camino que me separa de aquella sombra que nos persigue hace tantos años, finalmente inerte sobre el suelo.
    Retiro el cuchillo manchando la pared.
    Una vez la llamada finaliza, deja el teléfono de un golpe sobre la mesa.
    Está hecho. Respiro por primera vez.
    Me acerco a mi hermano, busco su mirada, sus manos tiemblan.
    Abro la ventana por él, intenta decir algo pero lo corto, no hay nada que decir, ya no sirven las palabras, no entran en esta habitación.
    Lo veo desaparecer entre la noche y finalmente suelto el aire.
    Contemplo lo que hicimos, mientras a lo lejos comienzan a escucharse las sirenas acercándose.
    Pero ya es muy tarde para eso, tres décadas tarde. El culpable se encuentra en el suelo y a su lado solo quedo yo.
    Su creación.

  17. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Veneno

    Llego con el antídoto, y veo a Rubén inconsciente en medio de la oscuridad selvática. Quizás me demoré mucho. La muerte no le puede llegar. Deseo ver el sufrimiento en sus ojos. No la muerte, solo ese dolor que yo he sentido estos años. Cómo fue el ascenso en la carrera académica de Rubén al trabajar en proyectos internacionales mientras yo apenas quedé como técnico. Él siempre ha sido un tipo inteligente y suspicaz.
    Somos biólogos” le había dicho yo al guía de la comunidad para que no se preocupara tanto por nosotros. Estábamos buscando unos hongos que aún no habían sido registrados, pero de los que mi amigo tenía un vago conocimiento de su existencia.
    De repente, siento un dolor punzante en el costado. Veo cómo una serpiente yace en mis pies. La cerceno inútilmente con mi machete. Rubén abre los ojos de súbito y se levanta de un salto. Me da un golpe en la cabeza que me deja en el suelo de hojarasca. Recoge el antídoto y se lo inyecta. Yo me siento adormecido y solo siento cómo la vida se me va. Lo observo a él una vez más en su victoria.

  18. Avatar de Maritza Rubianes
    Maritza Rubianes

    OLIVIA ME MIRA
    Entro a tu habitación y me atrapa el gris de tu vida y sus paredes. Un vaso de agua a medio tomar, un libro a medio leer.una frase a medio decir y la vida que dejaste a medio vivir.
    En las rejas de la ventana, aún está atada la sábana de la que colgaba tu cuerpo, como el hilo de una marioneta muerta. En la silla, (última tierra que pisaste), está Olivia inmovil, con sus ojitos como platos. La llamo con la memoria y su mirada me atraviesa, ignora mi presencia y se clava en la pared a mis espaldas. Su cuerpecito, casi estático, intenta un maullido que se le atranca en la garganta. Mi mano recorre su lomo, demasiado pequeño para tantas orfandades, Olivia no se inmuta, ha fijado de nuevo su mirada en tu ausencia.
    Intento un abrazo.
    ¿Cómo se le da el pésame a un gato?
    Entonces, pronuncio tu nombre y Olivia me mira directo a los ojos… allí, en el fondo de sus ojitos verdes está pendulando tu cuerpo aún colgado de las rejas.

  19. Avatar de Jose Andrés Morales
    Jose Andrés Morales

    … Cómo látigos en el concreto y todas direcciones, veloces, letales, determinados… Un ráfaga de pólvora acompañado de repetidas sonidos secos, solo se ven instantes, unas pequeñas rayas que dibujan las trayectoria de los proyectiles, el sonido la persigue pero no la alcanza y sin pedir permiso, perfora paredes, metales, cristales, madera, entra por el cuero de los cuerpos, arranca las pieles, arranca los tejidos, muerde el pecho de las arterias para causar hemorragia, y en ese instante un festival de sirop de frambuesa, de salsa boloñesa, cómo si fuera un artista enojado tirando odio en su cuadro contemporáneo tiñendo todo de rojo vivo, sale sangre lo de los cráneos, los cuerpos caen, miradas sin esperanza, las pálidas y sucias caras tratan de aferrarse a la esperanza. No hay diálogos aquí, la comunicación son las balas que se mueven como electrones en un campo atómico, se escuchan los gritos de dolor, gritos de resistencia, lágrimas, los rezos se multiplican, el miedo se extiende en el campo de batalla, no hay vuelta atrás. El pánico y la muerte son los escenarios de una obra llamada guerra, dónde los protagonistas se juegan la vida con tal de llevarse los aplausos de un dios que no está escuchando. El soldado Juaréz, sujetando su casco con la mano derecha en su cabeza, se arrastra entro escombros, polvo, casquillos, cadáveres y cartas incompletas. Se recuerda del juego infantil que practicaban con Sebas, su hermano mayor, que ahora solo es parte del montón de cuerpos que algún día serán polvo e historia en ese lugar.

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