Ejercicio de escritura creativa: Voz prestada

ejercicio de escritura creativa

Escribe desde la voz de un objeto que observa tu escena. Cambiarás de punto de vista y afinarás tono sin explicar emociones. Este ejercicio de escritura creativa es breve, divertido y útil para retos de escritura. Practicarás ritmo, verosimilitud y conflicto con reglas claras y medibles.

Qué trabajarás

  • Voz y tono: dominas el “cómo suena” la narración.
  • Punto de vista: aprendes a filtrar solo lo que el objeto percibe.
  • Construcción de escenas: eliges detalles con intención, aumentas verosimilitud.
  • Conflicto: el objeto revela tensión sin sermones; el lector infiere.

Pasos del ejercicio

  1. Elige y limita. Escoge un objeto visible en la escena (taza, felpudo, semáforo). Define un lugar y una acción humana clara. Objetivo del objeto: ¿qué quiere “ver” o impedir? Prohibido: pensamientos de personas. Longitud del texto: 200 palabras, tiempo presente.
  2. Narra solo lo que el objeto percibe: luz, peso, temperatura, distancia, sonido. Introduce léxico propio del objeto (cerámica, fibra, metal). Evita juicios. Si necesitas emoción, usa cambios sensoriales: calor, vibración, presión. Esto entrena prosopopeya (dar voz a lo inanimado) y focalización estricta.
  3. Conflicto por fricción. Da al objeto una micro‑meta que choque con la acción humana: la taza “quiere” sostener, la mano tiembla; el felpudo “quiere” limpieza, llegan botas mojadas. Añade tres gestos medibles. Cierra con un detalle que cambie el estado del objeto: fisura, lodo, luz roja.

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Comentarios

24 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Voz prestada»

  1. Avatar de Isidora Luna

    El móvil quedó boca abajo en la encimera, entre platos con restos de sal y un vaso a medio beber. De pronto, la superficie empezó a vibrar; la pantalla se encendía y se apagaba sola. Nadie parecía notar su presencia. Algunas manos pasaban cerca, un plato se deslizó casi rozándolo, pero cambió de trayectoria en el último momento.
    El ruido en el bar, lleno de risas y música, era más fuerte que cualquier tono que pudiera emitir, y ya había sonado varias veces. Cada vibración llegaba tarde, amortiguada por la madera y el cristal. La batería empezaba a flaquear. El paso del tiempo no ayudaba.
    Un empujón torpe, sin intención. La encimera tembló y el móvil perdió apoyo. Cayó de canto, rebotó una vez y terminó en el suelo, dentro de un charco de cerveza vieja. La pantalla se encendió por última vez, difusa, atravesada por reflejos amarillos. Vibró aún una vez más, débil.
    En el bar, la música y las risas seguían.
    El móvil murió en silencio.

    1. Avatar de Emy Onofre
      Emy Onofre

      Me gusta como en tercera persona puedes incluir solo lo que el objeto percibe, es me pareció difícil y lo has logrado muy bien.

  2. Avatar de Fernanda
    Fernanda

    Una mirada al mundo

    Desde hace quince años me cuelgan del cuello con una correa de tela gastada. Soy metal negro, vidrio pulido. Mi cuerpo se calienta cuando el sol me apunta; vibro cuando el obturador se tensa. Mis botones aún parecen como nuevos. Unas manos pequeñas y delgadas me sostienen y aprietan con la misma torpeza y alegría desde mi primera foto.
    Desde entonces me han cuidado mucho y siento que los años ya pesan en mí, pero sigo recorriendo aventuras; me apoyan en mesas de aeropuertos, me guardan en mochilas. Siento arena en mis ranuras, humedad salada en mis tornillos. El mundo pasa frente a mi lente: calles estrechas, montañas blancas, ventanas con ropa colgada. Cada clic es un golpe seco en mi interior. Cada captura es felicidad y vida, aunque ya no sea joven ni digital como los modelos actuales.
    Un día caigo. El suelo es frío y no hay correa. Me apagan. Ahora descanso sobre una mesa de fórmica. Alrededor de mí descansan llaves, paraguas, relojes detenidos. Nadie me limpia. El polvo se acumula.
    Unas manos nuevas me levantan. Son firmes, pero jóvenes. Ajustan mi rueda; reconozco la presión exacta. El obturador responde. La luz vuelve a entrar. Mis piezas encajan. Vuelvo a renacer.

    Por Fernanda

  3. Avatar de Christian GJ
    Christian GJ

    A la luz temblona de un viejo candil…

    Ahí se encuentra el hombre sentado en el suelo. Le han tirado. Un hombre uniformado le hizo encontrar un espacio en el rincón oscuro de este cuarto estrecho, un tanto a la fuerza. Miro al hombre sentado en el suelo, lo contemplo pobre y abatido, parece que siente frio y su cuerpo se mira un poco fuerte a pesar de su corta estatura. Desconozco cuál será su nombre más puedo ver su rostro sereno y un tanto triste. La alegría ha fallecido en su rostro. Su sonrisa se ha escondido y la melancolía parece dominar su alma. No puedo describir su dolor, mi luz trata de describirlo, mi titilar débil intenta descifrar el sentir muy íntimo de su corazón, pero no puede. Y ahí observo el proceder del hombre uniformado, su actitud autoritaria y un tanto déspota. Habla con rigidez queriendo imponer miedo y temor en el pobre hombre del rincón oscuro. Lo levanta apresuradamente y lo coloca en una silla frente a la suya. Entablan una conversación que revela desconcierto, y dura por unos minutos. El hombre uniformado se levanta cabizbajo y dilata su interés por saber la identidad verdadera del pobre hombre. El uniformado pone en duda su conciencia, el hombre pobre confirma su identidad y paz. Mi titilar débil continúa brindando luz en el cuarto oscuro, y puedo concluir: el pobre hombre, !es ciertamente mucho más rico, que el pobre hombre uniformado!.

  4. Avatar de Cecilia Muniz
    Cecilia Muniz

    Temporada de luces

    La caja tambalea, unas manos sacuden el polvo, con suavidad me transportan aún en la oscuridad hacia otro lugar, lugar que conozco de memoria, donde identifico sonidos conocidos, voces familiares.
    Un perro ladra. El hombre tose, reconozco su alergia, también su rostro, envejecido y con la nariz roja.
    Pero sus manos no son las manos que me transportaron, ni las que me retiraron de la caja.
    Reconozco a la niña de inmediato, con torpeza infantil me recoge de entre los chirimbolos y me comienza a desenredar.
    Sus manos tiernas pero desconocidas, no me sostienen con gentileza, al colocarme entre las ramas no testea mi funcionamiento. El hombre sigue tosiendo viéndonos desde atrás.
    Al finalizar la niña lo observa a la espera de que conecte mi extremidad a la electricidad, pero al hacerlo no le da dos toques a los dientes del enchufe, no sacude el resto de polvo entre ellos, no exclama «¡Que se haga la luz!» al mismo tiempo que me conecta.
    Me enciendo entre el verde, una vez más. Los ojos infantiles se iluminan, pero este año no hay nadie que le pida posar junto a nosotros.

  5. Avatar de Ana Laura
    Ana Laura

    Los rayos del sol empezaron a inmiscuirse zisagueantes por la gran ventana de la cocina , los vidrios se abrieron y una brisa refrescante empezó a danzar en el amplio salón De repente también empece a danzar en esas manos que tanto reconocía, esas manos que hoy las sentía nerviosas, abruptas y que me agitaron violentamente hasta pasar por todos los recovecos aspirando hasta las telas de araña colgadas en el techo. El piso blanquecino relucía , mi tarea había culminado, en el rincón de los instrumentos de limpieza quedé patas para arriba el resto de la mañana pero sentía un hálito misterioso, la calma previa al caos. El tic Tac del reloj colgado en la pulcra pared de ladrillo visto marcaba las diez y al cabo de unos minutos el alboroto de desato, por la ventana ya no asomaban los tenues rayos de sol sino que la mañana se había tornado grisasea y un vendabal se colo trayendo una polvadera de hojas y flores amarillas, me ví tentada a actuar de inmediato pero sin esas manos ásperas que que me ponían en movimiento nada podía hacer. Por la ventana no dejaban de entrar torbellino flores que rápidamente se plasmaron en el piso como un tapiz magico

  6. Avatar de Emy Onofre
    Emy Onofre

    Yo era más grande, más robusto. He perdido tamaño con cada raspado. De a poco me deshago en fragmentos cortos y delgados. Ahora estoy pequeño, y quepo menos, y cada vez menos entre sus dedos.
    La fricción de ser raspado contra el papel cada día levanta capas finas de mí sin ruido. Un peso extra me aplasta. El carbón persiste igual que la presión, aun así no he logrado aclarar el papel, a veces se oscurece mucho más y vuelvo a sentir un gran peso en mis bordes carcomidos y sucios.
    Cuando sus dedos se acercan y luego me oprimen, la vibración regresa. Me empuja cobrándose mi cuerpo en trocitos diminutos. El mismo pulso me inunda cada mañana, cuando dejo la bolsita donde duermo para raspar un nuevo papel, y otro y otro. No sé a dónde lleva los fragmentos que despojo manchados y pulverizados, pero desaparecen.
    Hoy, ha llegado otro como yo. Estoy rígido, inmóvil. Ya no queda mucho de mí y, el nuevo está tan blanco e intacto.

  7. Avatar de Verónica Gomez
    Verónica Gomez

    La manta rosa
    Siempre estuve acompañado con su aroma, su piel suave, su amor que inundaba todo el hogar.
    No sentía frío,ni calor..todo era alegría, una amiga había llegado a mí vida inerte
    Con el pasar de los meses su vitalidad disminuyo y la acompañe en su dolor y en sus miedos. Hasta que aquel día fatídico la muerte la vino a buscar y se despidió con una sonrisa y un ronroneo que imitaba una cascada de agua. Un cantar de pájaros y una brisa la acompaño en aquel momento.
    Estaba feliz, por liberarse de las cadenas que siempre la acompañaron. Con lágrimas le dije hasta pronto. Desde entonces lo material desapareció, pero todas las noches me visita con su suavidad y ternura. Tan cerca y tan lejos. Tan triste y tan feliz.

  8. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    VOZ PRESTADA
    CÉSPED Y SAPOS POR MISS YAHUARLOCRO

    En el jardín están el sapo y sus renacuajos moribundos con los ojos metidos y las lenguas afuera. Sus pieles están acartonadas, algunos pedazos se han dispersado; recorren cada uno de mis rincones. Mis hierbas y hojas los cobijan, al igual que los árboles.

    El sapo se hunde y se mete muy al fondo buscando el lodo. Su madre murió. Los renacuajos son veinte; también hay huevos que están esperando a romperse. El sapo cava la tierra seca. El sol se filtra por el suelo, lo vuelve incandescente.

    Hay pequeñas risas y pies descalzos; sí, son ellos y a la vez me pisotean. Aplastan los huevos. Alguien arroja un tabaco encendido; solo hay humo, calor.

    La lluvia llega al atardecer cuando la luz del sol casi se apaga; allí respiro. Espero al sapo que llega enlodado, casi muerto, y veo cómo los renacuajos se mueven y corren a donde está el césped mojado. Buscan el charco, sus ojos renacen y su corazón late; viven, saltan, reptan y croan. Es lo que escucho; entonces mis hierbas se ponen más verdes por ese croar tan sencillo de los sapos

  9. Avatar de RAQUEL
    RAQUEL

    ELIJO NEGRO

    Cada poco recordaba el momento en el que él pujó por ella en esa subasta. La razón de su alto valor era que, mediante un complejo logaritmo, la lámpara era capaz de dar el color de la luz que mejor representaba la emoción que su dueño sentía en cada momento.
    Para aumentar su valía, ponían ejemplos del tipo: «Esta lámpara es capaz de vestir la tristeza con una luz tenue y elegante a la vez». «Cuando usted necesita descansar, ella va bajando la luminosidad progresivamente para conseguir su descanso». «Del mismo modo, para conseguir el despertar paulatino, va aumentando su intensidad».
    Su actual dueño la consiguió, al ser su puja la más alta.

    Durante años fue estudiando el comportamiento de su dueño, para dar así la luz del color más apropiado a cada momento.
    Ya le conocía perfectamente.

    En el último cumpleaños de él, ella alternaba luces de colores, como una suerte de coreografía improvisada. Para ella fue algo estupendo. Ya no tenía que pensar qué color sería el siguiente. Le surgía espontáneamente. Siempre lograba que la gente disfrutase.

    Pero hoy…, hoy se sentía incapaz de dar coherencia a la situación.

    Primero oyó como, en la habitación contigua, unos gritos procedentes de una fuerte discusión, acabaron en un estruendoso golpe.
    Al momento vio como él entraba nervioso, con la respiración entrecortada y sin dejar de moverse por toda la estancia.Estaba visiblemente agitado.

    Se sintió perdida. Toda esa autoconfianza que le caracterizaba se vio truncada por esta situación. «¿Qué hago»?, pensó… No tengo instalado un software específico para este tipo de situaciones.
    Tras unos segundos, que para ella fueron eternos, decidió algo…
    Lo sucedido era algo turbio, algo oscuro… Entonces se provocó a sí misma un cortocircuito que le impediría volver a funcionar.

    Mientras sonaban las sirenas de la policía, todo quedó a oscuras.

  10. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Confusión

    Jamás pensé encontrarme aquí; y mira que llevo años a su servicio. Fui un regalo de su padre cuando terminó su primera novela. A pesar de las muchas páginas escritas, su cara frente al papel en blanco era siempre la misma: tan pálida como el papel. Me tomaba, pero no escribía. A veces apretaba mis costillas metálicas como si pudiera sacarme algo más que tinta; otras, me hacía dar vueltas y vueltas como si yo supiera el camino. Me mordía, me acariciaba y, al final, acababa por obligarme a escupir cualquier cosa.

    Dos, tres, cuatro líneas y el papel era arrancado, hecho bolas y lanzado con fuerza al cesto. Quizá ese fuera su destino, pero no el mío. Yo siempre estaba allí, listo para un nuevo intento. Pero de pronto, brotaban palabras sin parar y se llenaban hojas y hojas con mi sangre. Mi baile era ligero y fluido en ocasiones; otras, cauteloso, torpe o húmedo… siempre placentero.

    Es imperdonable. Esta mañana, después de la acostumbrada salida en falso, fui yo el proyectado al cesto. La bola de papel, en cambio, se quedó en su mano. ¡Si iba yo a volar, al menos que fuera por una buena frase!

    1. Avatar de NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO
      NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO

      Muy interesante ponerse en la carne de una hoja en blanco, tal vez el mayor miedo de quienes escriben profesionalmente. Aún teniendo el más rico capital de léxico, se siente el temor del sentido o sin sentido de lo que se escribe.

  11. Avatar de Pepa
    Pepa

    SÚPERPODERES
    Me adquiriste en aquel majestuoso y aséptico templo hindú al noroeste de Londres, en busca desesperada de unos valores que yo represento: sabiduría, suerte, superación de obstáculos, éxito… De entre todo un batallón de pequeños e infantilizados dioses-elefante de yeso barato, pintados en alguna fábrica del Rajasthan por un puñado de rupias al día, me elegiste a mí, ¡oh, prodigio del destino!
    Y ahora, aquí me encuentro, sobre una anodina estantería de formica blanca, de espaldas a un ventanal que −intuyo− asoma a una gran maravilla de la naturaleza que nunca disfruté. Lo intuyo por el constante olor a salitre y por el sonido, a veces atronador y a veces siseante, pero omnipresente de acompasadas olas en un vaivén infinito.
    Cuando estás aquí, y te veo trabajando, me llena de ilusión la esperanza de que mi presencia, con mis ojitos negro azabache contemplándote y mi trompa a punto de barritar, insufle en tu ser estos valores que la mitología me confirió.
    Pero tú no vives aquí, y yo vivo en una condena permanente, con mi condición de objeto inerte e inmóvil, hora tras hora, día tras día, a vivir una monótona vida, con mis ojitos negro azabache clavados en el gotelé de la pared, y consciente de que a mis espaldas se esconde todo un prodigio de la naturaleza.
    ¡Ya no puedo más! Ante tal paradoja, hoy invocaré a todas mis virtudes y lograré darle a mi existencia un giro de 180 grados 😊.

  12. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    “Fibra húmeda”

    Estoy en la esquina de la cama, con la costura del cuello aún tensa desde la última caída. La puerta se abre. Ella entra.
    Sus pasos no suenan como antes. Son más lentos. Más blandos.
    Me toma sin mirarme. Sus dedos tiemblan. Me aprieta contra su pecho. El calor de su piel atraviesa mi relleno.
    Algo tibio cae sobre mi hocico. Otra gota. Luego otra.
    No entiendo el agua sin baño. Pero no me muevo.
    Su respiración es irregular. Me envuelve con ambos brazos. Mi oreja se empapa.
    El hilo de mi pata derecha se afloja, pero importa.
    Quiero absorberlo todo. Que no le quede nada que duela.
    Ella me abraza con fuerza. Demasiada. Mis costuras crujen. ¿Esto es amor o tortura textil? Ella se acurruca. Me aprieta más.
    Mi relleno se hincha. Estoy más pesado.
    Mañana seguro me olvida en el piso. Otra vez.
    Pero por ahora, soy su oso favorito. Su terapeuta de trapo. Su escudo contra el mundo.
    Y si eso implica ser su esponja emocional… que así sea.
    La luz de la lámpara parpadea.
    Ella suspira.
    Yo no seco. Yo solo sostengo.

  13. Avatar de Graciela Cristina Bessone (Greis)
    Graciela Cristina Bessone (Greis)

    Amanece,la tacita de porcelana se despereza recibiendo los primeros rayos de sol que se filtran a través de la ventana del comedor.
    La casa deshabitada desde la muerte de la abuela Rita, permanece en silencio, sólo el canto de los pájaros entretiene a la tacita de porcelana.
    De pronto, un gran estruendo le estremece el corazón de porcelana. Se abren puertas, ventanas…. El sol inunda el comedor.
    Un,dos, tres adultos, varios niños. ¡Cuánta gente! ¿Quién es ése señor de traje,rostro adusto y estilográfica en mano?
    Su oído de porcelana, percibe: «El sillón para Rodrigo, los manteles Rocío, los muebles para Caritas »
    La tacita tiembla…. se acercan mi mueble,murmura… ¡Se acercan a mi mueble!
    Se abren las ventanas del bahiut. El señor serio escribe: Sonia, los platos. Lorenzo, las copas. Acá queda una tacita huérfana ¿Quien la quiere?..
    ¡Esa es para mí!!!! Grita Bety…
    La tacita la reconoce,,, ¡Esa es la joven venía a tomar el té con la abuela!!!
    Con suave voz de porcelana dice: Yo quiero ir con Bety…
    Envuelta en un suave papel de seda, viaja a otro hogar palpitando su corazoncito junto al pecho de la joven…

  14. Avatar de Carlos Arellano
    Carlos Arellano

    Una televisión empolvada en medio de un dormitorio. Un hombre sentado frente a ella, calvo y con inicios de sobrepeso, observa la puerta del dormitorio.
    La puerta se abre. Es su hermano menor.

    -Buenas noches -dice el que está sentado.
    -Hola Will, qué bueno verte.
    -No sabía si ibas a venir, como eres tan ocupado e importante.
    -Por favor, Will, ¿cómo podría faltar al velorio de mamá?
    -Ah, por eso vienes. Bueno. Ya está todo organizado, mañana la enterramos.
    -Gracias Will. – y mira el polvo alrededor. -Parece que nada ha cambiado.
    -Bueno- responde Will desde el sofá -ha hecho falta que uno de los dos se quede asegurándose que todo esté en orden. Cuidar a mamá, limpiar la casa.
    -Siempre te lo voy a agradecer Will.
    -¿Por limpiar ? Que va , me encanta, mira mi rostro de felicidad.
    -No, por haber cuidado de mamá todos estos años que no estuve.
    -Ah por eso.-responde Will – ella fue feliz, bueno casi, siempre extrañó a su hijo favorito, al inteligente, al menorcito que se fue al extranjero y que nunca la llamó.

    El menor agacha la cabeza. Después de un instante, y con la mirada de Will intensa sobre él, fija sus ojos en la televisión.

    -¿Aún juegas?
    -A veces, cuando me aburro.-responde Will.
    -¿Lograste pasar el último nivel , el último jefe?
    – Qué va, se necesitan dos para pasarlo.
    -Siempre fuiste el mejor, yo solo intentaba asistirte , a veces estorbaba -dice el menor.
    -Si estorbabas, pero aun así, se necesitan dos.

    Hay silencio .

    -¿Lo intentamos? – dice el menor extendiendo el control de mando de la consola hacia su hermano.
    Después de unos segundos que se alargan, Will toma el control.

    Ellos no lo saben , pero ese día derrotarán al último jefe, por primera vez, en 44 años.

  15. Avatar de Tatiana Diaz Henao
    Tatiana Diaz Henao

    Tu llanto no cesa y tienes la cara enrojecida. Los adultos no se dan cuenta que estoy seco hace mucho tiempo. No paran de gritar, aullar, lanzarse cosas. La tibieza del líquido blanco que tu madre pone en mi interior se le ha olvidado por completo como muchas otras veces sucedió. No es su culpa, también está en el suelo llorando.

    Calma bebé… calma… en algún momento estaré llenito nuevamente para ti.

    1. Avatar de NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO
      NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO

      Un tetero que habla, que se comunica con su dueño tiene mucho de creativo para mí, especialmente porque tengo una bebé en estos momentos de mi vida. Creo que no solo el tetero o biberón, también la cuna, los pañales parecen hablar.

      1. Avatar de Tatiana Diaz Henao
        Tatiana Diaz Henao

        Gracias por tu comentario 😀

  16. Avatar de NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO
    NESTOR FABIO BUITRAGO GIRALDO

    EL VENTILADOR

    Su sonido – bzz… bzz – llega desde un ángulo privilegiado del pequeño estudio. Aunque refresca, ese es solo el pretexto para funcionar. Realmente su labor consiste en monitorear las actividades personales y sospechosas. Está al tanto de la temperatura corporal, porque ella le revela el estado interior, las pesadillas más profundas. Y por eso aumenta la velocidad de su giro en la misma medida en que K hace introspección, en cuanto está pensado en sus deberes profesionales, en sus vacaciones que ya casi se terminan, en los cursos que le tocarán este año, en los insoportables niños del grado primero de bachillerato…

    El ventilador le está indicando que su ansiedad por volver al trabajo es similar al consumo de corriente eléctrica. La intensidad del amperaje, con la cual voltean más o menos rápido las aspas, depende de las ganas de trabajar un año más, del ímpetu que está poniendo en la lectura de los cuentos, de la preparación de unas clases que parece que se repitieran sin ninguna variación… sin el más minúsculo asomo de creatividad, de innovación.

    Después de media hora explota, no gira más, se rinde y claudica. No dio un solo respiro… K renunció a su trabajo.

  17. Avatar de Raquelll
    Raquelll

    Después de una cálida rutina habitual, de tráfico y los buenos días. Se encontraba viajando en una amontonada cartera, bastante apretado pero también acompañado por una serie de objetos un tanto misceláneos. Viviendo la cotidianidad a través del ritual de siempre, desenredar ese suave y despeinado cabello castaño.
    Recostado sobre el escritorio, se hacia un recuento de la indefinida cantidad de veces que había realizado su labor arduamente durante la última década.
    De repente unos pasos apurados se dirigieron hacia él; había sido secuestrado y llevado al baño de la oficina. El ajetreo de la mujer era intenso, el estrés se respiraba en el cuarto y así, soltó y dejó caer su cabello. Los dientes se hundían en las profundidades de su cuero cabelludo y estos crujían al enfrentarse ante los nudos mas monstruosos jamás antes vistos. Después de olas de quejidos ahogados y dolor, hubo silencio. La guerra había terminado, la escena era violenta, múltiples cabellos cubrían el suelo y cuatro dientes de madera que no se podrían volver a pegar nunca más. La labor no volvería a ser la misma, ese día su valor fue arrancado y no regresó más.

  18. Avatar de Ernesto
    Ernesto

    CUADERNO

    Hay un cuaderno nuevo en la mochila, de páginas blancas, pasta de cuero, tamaño mediano, va en la mochila, entre otros cuadernos, lápices y otras cosas, todo oscuro; se escuchan ruidos de cerámicas y voces al otro lado. Una mano entra a la mochila, toca otros cuadernos, revisando y buscando, la mano saca despacio de la mochila el cuaderno de cuero y la expone en una luz amarilla, aroma de café en el aire, la mano coloca el cuaderno junto a una taza con café hasta el borde, se siente la madera de la mesa; la otra mano toma la taza, el café se desborda, unas gotas de café se acercan, el café caliente choca en las páginas, se impregna entre ellas y se absorbe, el papel se arruga, las páginas blancas, ya no son blancas.

  19. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Polvo y sangre

    La carabina quiere ser encontrada una vez más. Alguien se acerca al armario donde yace olvidada. Los años en los que fue usada por Manuel ya son lejanos. Ahora la carabina extraña ser limpiada y que alguien apriete su gatillo, liberar estruendo y fuego al pretender defender a su patria, a pesar de ser fabricada en Estados Unidos. También extraña ser cómplice en las travesuras del hijo de Manuel, cómo fue sacada del armario a espaldas del padre y disparada contra un pájaro. Luego quedarse en silencio con sangre embarrada en el cañón porque el hijo no sabía qué hacer con el peso de la muerte del desgraciado animal. Desde aquella vez ha quedado silenciosa en su rincón luego de que Manuel la escondiera de su hijo. Ahora está empolvada y con óxido en su gatillo. De pronto la luz del sol la toca nuevamente mientras es recogida por alguien, que puede significar el inicio de una nueva aventura o el decisivo fin de su vida en esta família.

  20. Avatar de Jose Andrés Morales
    Jose Andrés Morales

    … El viento rozaba mi lateral. Cada vez más violento, unos pequeños líquidos jugueteaban con mi dorso, sin pedir permiso, se deslizaban y se perdían en la ventisca. Una extraña sensación de rudeza y un ruido de motor acompaña a esas pequeñas caricias húmedas. Luego, nada, algo se detuvo de repente. Las malditas caricias transparentes siguen cayendo en mi dorso, lateral y boquilla. Alrededor hay oscuridad, frío, y solo un ronroneo acompaña todo ese escenario. Hay un minuto largo de silencio. Las malditas y pequeños cristales líquidos siguen correteando en todo mi alrededor. Una fuerte vibración sacude esas pringas. Una cálida mano sujeta mi dorso con la simetría exacta para que encaje, y el dedo índice roza robustamente mi lateral, un leve toque, luego otra vez, una vez más, una vez más, la separación de su táctil y el encuentro de la ligera presión en mi lisa estructura metálica es acompañado de una palpitación cada más fuerte. Sujeta con más fuerza mi dorso, y de un momento a otro, alza violentamente mi boquilla. De nuevo, esas malditas perlas líquidas aparecen y esta vez me dan besos fugaces, me tocan y se resbalan por la circunferencia del anillo. Un temblor irregular me sacude sien. El fuerte peso de mi estructura está dando problemas para encontrar el equilibro con su extremidad, y poco a poco la tensión se desvanece hasta encontrar el punto de inercia, inmóvil, uno a uno con el concreto. De golpe, una violeta reacción hace que mi pesadez se convierta en suavidad, mi ascendencia es abrupta y esa mano firme con la extremidad extendida, genera una tensión entre mí fría consistencia y esa respiración agitada acompañada de unas secreciones involuntarios. Aprieta fuerte mi empuje de potencia, un calor abrumador invade toda la forma de mí, y una luz cegadora ciega por breves segundos todo lo que está alrededor. Una liberación gigante de energía excita cada detalle de la perfecta mecánica interior, diseñada para romper estructuras, condiciones, formas, tejidos… existencias. Y por último, un sonido potente y seco es el protagonista del corto lapso que existió entre mi fría consistencia y su firme decisión. Y luego … Nada. El silencio vuelve. El vapor de la boquilla fulmina mi utilidad, siento frío de nuevo, y entre la duda y la acción, recorren de nuevo esas malditas perlas de agua.

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