Ejercicio de escritura creativa: Silencios que hablan

ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio de escritura creativa entrena el subtexto: lo que los personajes callan pero el lector entiende. Ideal para todos los niveles. Sigue pasos claros, escribe una escena breve y mide el impacto. Úsalo semanalmente como práctica de escritura. Funciona en cualquier género.

Qué trabajarás:

  • Subtexto (mensajes implícitos): decir sin decir.
  • Economía verbal: precisión que evita la exposición.
  • Gestos como signos: acción que revela intención en ejercicios de escritura.
  • Punto de vista (quién percibe): coherencia en lo que sabe y calla.

Pasos del ejercicio:

  1. Prepara el campo. Escoge dos personajes y una relación. Define un objetivo para cada uno. Elige un tema secreto que no se nombra (despido, ruptura, deuda). Prohíbe la palabra clave del tema. Límite: 300 palabras. Escena única, con diálogo.
  2. Escribe la primera pasada. Tiempo presente. Mantén una focalización clara: interna (desde dentro) o externa (como cámara). Evita nombrar emociones. Muestra tensión con gestos, objetos y silencios. Alterna frases y pausas. Usa subtexto: lo importante ocurre entre líneas.
  3. Inserta señales verificables. Incluye cinco pistas: contradicción entre lo dicho y un gesto; respuesta lateral; cambio brusco de tema; microacción significativa con un objeto; pregunta evitada. Marca pistas en el margen o con comentario. Comprueba que el lector pueda inferir el tema oculto.

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Comentarios

15 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Silencios que hablan»

  1. Avatar de Valentina Restrepo
    Valentina Restrepo

    La lluvia que hundió lo nuestro

    La lluvia caía como si no hubiera un ayer. Y no lo había. Era hoy… o cerrar el colorín colorado sin un final.
    Así que lo llamé y le dije que bajara, que solo tenía cinco minutos.
    Cuando bajó, empapado con su chompa, me sonrió como si nada más existiera, y con eso me bastó para saber que en otro mundo solo seríamos los dos. Pero en este no. En este la lluvia me corría todo el rimel; las lágrimas y la nostalgia eran más fuertes que pensar en un mañana.

    No lo saludé. Solo decidí entregárselo.
    Rozó por última vez mis dedos con los suyos y empezó a abrirlo.
    Cuando lo vio, hubo un silencio enorme. Él no decía nada.
    Y yo… yo no sabía cómo reaccionar. Me quedé ahí, respirando a medias, esperando una palabra, un gesto, algo que me dijera que no estaba cometiendo el error más grande de mi vida.

    Me miró a los ojos con esa mirada que siempre me decía mil cosas… pero esta vez no decía nada.
    Se acercó más a mí y, en medio de la lluvia, solo éramos él y yo.

    —¿Cuándo…? —pregunta él, sin terminar.
    —En unas horas —respondo yo.

    La lluvia arrecia. Retrocedo.
    —Ya me tengo que ir

    Apretó el sobre con tanta fuerza que se arruga.
    —¿Y ya? ¿Así?
    Asiento.
    —Así.

    Nos miramos mientras la lluvia nos bañaba. Las gotas caían sobre mi cara; su mirada ya no era la misma. Era una mirada con lástima, sin brillo.
    Él sabía que iba a pasar.
    Yo lo sabía.
    Era un para siempre.

    Se acercó más a mí; yo lo esquivé y retrocedí. Ya no soportaba su respiración cerca de la mía. Parecía que quería decirme algo, pero se lo guardó, y eso me bastó para saber que su cobardía le ganó. No me dijo el último adiós. En la última línea de esta historia él se quedó en silencio. Anhelé tanto que lo dijera por última vez, pero tal vez a él ya le llegarían otros ojos, otros labios y otro cabello que besar, que mirar, que tocar.

    Durante ese momento todo en mí se rompió. Ese sentimiento de que no hay un atrás, de que todo acabó así, de la nada, sin esperar nada. Y él… él no dijo nada. No le importó. Se marchó con su asqueroso orgullo, sin una palabra, sin una mirada, sin gracia.Al final, le arrebaté el papel, me lo metí en el bolsillo de mi jean y me di la vuelta. Salí corriendo con mis botas y mi jean mojadísimos por la gran lluvia.

    Lo de nosotros quedó en un bucle:
    una lluvia que congeló todo y se llevó todo el amor que le tenía.

    Porque en la mañana iba a ser un mundo distinto.
    Uno cambiado, donde la lluvia era un recuerdo del ayer…
    y el sol de la mañana, y del cambio, era más fuerte que un simple papel.

    Con cariño Valentina,💋

  2. Avatar de Kimberly Noguera
    Kimberly Noguera

    Es tarde para su café habitual. Entra a la primera cafetería. En la puerta, un choque envía sus cosas al suelo.

    Se arrodilla a recogerlas. Unos zapatos se plantan frente a ella. Alza la vista. Lucas, de pie, con los brazos cruzados, la observa sonriendo.

    Julia recoge todo y le devuelve una sonrisa sellada.

    —¡Qué alegría verte! —dice él mientras la abraza haciendo crujir su espalda.

    Al soltarla, ella detalla los surcos prominentes de su rostro y las canas ganándole al castaño.

    —Sí… qué alegría —dice Julia clavándose las uñas en las palmas.
    —Te invito un café.
    —Voy tarde.

    Pero Lucas la rodea con su brazo y la lleva hasta la mesa.

    —Serán minutos —dice sentándose.

    Julia mira la puerta, suelta el aliento y sus mejillas arden. Se sienta.

    —Supe que volviste. ¿Qué tal la vida de hippie? —dice Lucas frunciendo los labios mientras alinea el borde de las servilletas con la mesa.
    —Yo lo que supe fue que tu mamá alcanzó su meta. ¿Qué tal la vida de casado? —contesta Julia con la mirada fija.

    Lucas desvía la vista, el rubor se adueña de sus mejillas, se suelta la corbata y recupera la sonrisa.

    —Bien. Pero cuéntame de ti.
    —Un placer verte, tengo que irme —dice y se levanta.

    Lucas la sujeta y la lleva hacia él. Deja de mirar sus ojos y baja la vista a su boca. No parpadea.

    Ella intenta alejarse, sus vellos se erizan. Los labios de Lucas se acercan, pero ella voltea y chocan contra su mejilla.

    La postura de Lucas se descompone. Ella toca su rostro y con un movimiento queda libre. Corre a la puerta sin voltear.

    Lucas va detrás de ella. Al salir da un paso, pero se detiene, aprieta su corbata y camina en dirección opuesta.

  3. Avatar de jaime cadavid amaya
    jaime cadavid amaya

    Habitación 456
    En la perilla de la puerta decía, prohibidas las visitas
    Solo una ventana 15 x 30 cm dejaba ver un cuerpo enfermo , flaco y huesudo
    Sin éxito procuraba cubrir su desnudez.
    Yo estaba siempre afuera sentado de guardia nocturna vigilando a la peligrosa mujer, que de alguna manera sufría por la amputación de su pierna derecha.
    Era curioso verla en muletas por los corredores del hospital apoyada en unas muletas de color negro brillante.
    Su risa nerviosa se sentía en todo el piso .
    Aún recuerdo como la trajeron en ambulancia después de fallar en un atentado con dinamita
    Los colgajos de la pierna parecían más unos tentáculos sin vida
    De alguna manera nuestras vidas se cruzaron ese día en el que me habían asignado desarmar la bomba maldita pues no alcancé a desarmarla
    Ahora me correspondía como policía evitar su fuga.
    Mas no su muerte, la cual me imploraba llorando en mis brazos como implorando perdón
    Decidí entonces quitarle el oxígeno a las 8:45 pm
    Vi como se fue durmiendo hasta no respirar mas
    Finalmente pudimos descansar los dos
    Ella ya no iba a matar a nadie
    Y yo no tenía a quien cuidar
    El letrero de prohibido entra lo puse en la 457
    Nadie vino a su entierro, ni siquiera el líder de la banda que le alteró el tiempo de detonación.
    En los noticieros afirmaron que era una gran mujer, madre de 5 hijos, pero que el haber sufrido una violación, decidió tratar de vengarse.
    Lo sè porque yo fui el padre de esos 5 hijos

  4. Avatar de Susana Restrepo
    Susana Restrepo

    Escondidos en el callejón, Diego y Clara intentan recuperar el aliento.

    – No siento el cuerpo de lo cansado que estoy. Te perdí de vista por unos segundos cuando corríamos, ¿estás bien?

    – Yo también te perdí de vista a ti – Le responde Clara sonriendo irónicamente mientras se sienta detrás de él con su pistola en la mano. Debajo de ella, en el suelo, nota un líquido espeso. Después de buscar con la mirada de dónde viene, ahoga un grito antes de seguir hablando. – Estoy bien.

    Diego levanta un dedo para señalar un almacén abandonado ubicado en la esquina de la calle de enfrente.

    – Nos persiguen demasiados, pero aún están lejos. Si logramos llegar allí antes de que estén lo suficientemente cerca como para vernos, podremos esperar a que anochezca y volver al refugio para celebrar Navidad mañana con los demás. Es la clase de cosas a las que debo aferrarme para no perder la cabeza, incluso en el fin del mundo. ¿Hasta qué hora crees que debamos esperar?

    Clara guarda silencio unos segundos.

    – ¿Crees que tengan la capacidad de recordar lo que eran cuando dejan de serlo? – dice finalmente, mientras baja la mirada y revisa disimuladamente que su arma esté cargada. – Empieza a correr hacia el almacén, voy detrás de ti.

    Diego se pone de pie, pero de repente se queda inmóvil, mirando primero hacia el almacén, después mirando su tobillo, y finalmente volteando para ver a Clara detrás del cañón del revólver.

  5. Avatar de Carolina Lizarazo Torres
    Carolina Lizarazo Torres

    AL DESCUBIERTO

    En medio de la luz de unas velas que han sido puestas no tanto para alumbrar, sino para teñir de calidez a una noche áspera que se ha instalado, ambos se disponen a cenar en un raudo silencio.

    Con el aspecto consumido y movimientos apagados come con dificultad, al sentir una opresión física que se le clava en la boca del esófago, que hace que el filete se le convierta en una especie de verdugo.

    — No has comido casi nada. ¿No tienes hambre?
    — No mucha. ¿Qué tal tu día?
    — Vi que has empacado una maleta. ¿Otro viaje de trabajo? ¿Cuándo regresas?

    El olfatea el aire ansiosamente y carraspea antes de contestar. — Unas dos semanas.

    Mientras ella lo mira de manera contrariada, a él le suena un mensaje en el celular, que de inmediato lee: <>.

    — ¿Quién es?
    — Mi padre, luego le respondo. Por cierto, ese vestido te queda radiante, creo que fue el qué te regalé en el viaje de…

    Ella lo interrumpe bruscamente al tirar sobre la mesa una carpeta con papeles. — Cuándo empezó todo?

    El hombre les da una rápida hojeada. —¿Por qué tienes esto?

    — Te descuidaste. Ayer antes de salir los dejaste regados sobre el escritorio. ¿Qué tienes qué decir?

    Un silencio más incómodo se impone. Mientras espera una respuesta, ella hace música con sus dedos, dando ligeros golpecitos sobre la mesa.

    — Las cosas se fueron saliendo de las manos, no creí que…

    De nuevo es interrumpido, esta vez por el sonido constante del celular que decide ignorar.

    — ¿Este viaje será indefinido verdad?
    — Perdóname.
    — ¿De cuánto estamos hablando?

    El celular no deja de timbrar. Hay cinco mensajes de Marcos. Lee el último, se levanta de la mesa y le da un beso a su mujer. — Entre menos sepas, mejor para ti, cuando todo se calme, te llamaré.

    La mujer acerca su mano a la mejilla para restregarse ese beso que siente untado de trampa.

    — Lo siento. No hay sitio para ti, ni para mí, ni para tu ambición, somos demasiados en esta casa. Te quedan cinco minutos, antes de que lleguen.

  6. Avatar de Jose Morales
    Jose Morales

    (“Welcome to your life, There’s no turning back…”) … y de fondo la letra es acompañado de jadeos a destiempo y un trago de saliva fuerte…

    La canción de Everybody Wants To Rule the World, se reproducía en la radio de aquel sedan, acompañado de silencio negro que lo inundaba. Un Kia Río rojo modelo 2022 de vidrios polarizados, estaba estacionado con el motor encendido. Las luces delanteras mostraban un tenue rastro en el pavimento cegado por la espesa neblina. Alrededor de la situación, era una jungla de polvo, neblina, concreto en inicios de un edificio y la agitación de sus respiraciones.

    — ¿Ahora, ¿qué hacemos? — Preguntó la chica, sin parpadear, con las pupilas hundidas, el pecho frío y un sudor frío que recorría desde su frente. No se atrevía apartar la vista de ese punto.

    — Esa canción, mi mamá me la cantaba antes de apagar la luz. Interesante que abordaba temas de la crítica del poder que es una posesión efímera, y que todo cae por la justicia. Y mí mamá me decía que era una canción de cuna. ¡Ja! ¡JUSTICIA!

    — ¡Damián!

    De nuevo una ausencia de palabras y vacíos existenciales (“Acting on your best behaviour, Turn your back on Mother Nature”) Él, puso su dedo índice y el su pulgar en el botón de volumen y lo giro a la derecha, dando énfasis importancia a la letra…

    — Vamos a estar bien.

    Dijo, mientras llevaba sus dos manos a su boca y apretaba muy fuerte su maxilar superior, sus ojos muy abiertos y perdidos en el límite dónde la luz se encontraba con la oscuridad. Arda, lo volteó a ver, luego de unos segundos, él le devolvió la mirada. Ella con un gesto leve, elevó su mano derecha y la llevó hacia su pómulo izquierda, y limpió la culpa. Él sintió el universo irse y ella sintió lágrimas venir…

    (“Everybody wants to rule the world…”) Y a lo lejos, destellos de luz roja y azul, reflejaban la mitad de sus caras.

  7. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Al final, él

    Empujó la puerta y dejó las llaves sobre la mesa. Un repentino vacío le invadió el pecho al no oír la algarabía acostumbrada a su llegada.

    – ¿No hay un saludo para mi hoy?
    – …
    – Lo sé, lo sé…

    Ni siquiera se miraron. Pasó un minuto sin que ninguno emitiera sonido. Respiró hondo, luego insistió:
    – Ya sé –murmuró apenas –. Volvió a suceder… lo siento… ven a mis brazos y olvidémoslo.
    – Pffft…
    – Por favor, perdóname, trataré de que no vuelva a suceder. ¡Vamos! Te prepararé algo, ya verás cómo todo cambia después de una deliciosa cena.

    Se hizo un largo y pesado silencio.

    – Entiendo –admitió finalmente–. Me ignorarás por un tiempo, pero no tiene caso. Mira, no se puede rehacer el pasado. Si acaso, a veces tenemos la oportunidad de redimir nuestros pecados… pero ahora mi cuerpo no puede más –añadió, y se dejó caer en el sillón–.
    – …

    Sus miradas se encontraron un segundo, atrapadas en un destello de luz. Ninguno logró emitir sonido alguno.

    Cerró los ojos. Cierto, sentía algo de remordimiento, pero ahora lo único que quería era descansar. Dejaría pasar así, sin más, este incidente. Quizá, si le daba su tiempo, se arreglarían las cosas entre ellos y serían los de siempre otra vez. Exhaló profundamente, buscando relajarse un poco.

    Dormitaba cuando sintió en las mejillas el lengüeteo de su fiel perro. Le hundía las patas en el vientre, pero el vaivén de la cola lo valía todo.

  8. Avatar de Gloria
    Gloria

    Era verano, el clima caluroso a pesar de la suave llovizna que caía, ambos estaban sentados lado a lado solo en cuerpo, en mente estaban tan lejos el uno del otro.

    -Bonito día, como te gustan -murmuró él seguido de un suspiro cansado, como si era fuera la rutina de siempre.

    -Mmmm… -ella solo respondió con ese sonido para hacerle saber que lo había oído y a la vez no había prestado atención.

    -Es tarde… -alargó la oración al final como si quisiera alargar ese pequeño momento de dos seres tan desconectados uno junto al otro.

    Las lágrimas de ella comenzaron a rodar y sintió la opresión en el pecho como si algo pesado se posara sobre el.

    -¿Es todo? -preguntó ella intentando sonar indeferente.

    Él simplemente asintió, quería abrazarla, pero no quería que aquello le diera falsas esperanzas, apretó los labios y se levantó, se marchó y no miro atrás ni por un segundo, sintió la cara rígida, como si no pudiera expresar nada, se puso las manos al bolsillo e inhalo el aire húmedo del ambiente, eso era todo…

  9. Avatar de Tatiana Díaz
    Tatiana Díaz

    El Vacío

    Angelica, sentada en la cama, miraba el suelo como buscando una respuesta mientras sostenía una hoja de papel. Ernesto estaba de pie contemplándola. La lluvia nocturna golpeteaba sin cesar la ventana:

    -Sigo sin comprender Ernesto. ¿Qué fue lo último que te dijo?

    -Para qué le sigues dando vueltas a la vaina. Tenemos que hacernos a la idea de que ya no está.

    -Pero…

    -No más Angélica, por favor- Ernesto saca un cigarrillo estrujado del bolsillo de su camisa y lo enciende.

    – ¿Por qué no me llamó a mí? -Una lágrima rodaba en la mejilla de Angélica.

    – ¿Hubiera cambiado algo? Deja de torturarte y de torturarme, ya no podemos hacer nada al respecto – Una bocanada de humo salía de la boca de Ernesto quien también veía al suelo.

    Angélica comenzó a llorar. Ernesto se sentó a su lado y la abrazó.

    -Yo también lo extraño muchísimo, pero estoy tratando de seguir adelante.

    Ernesto le quitó la hoja de papel. Cuidadosamente la dobló y la puso en un cajón de la mesita de noche.

    -Pero, si hubiéramos… – Los dedos de Ernesto silenciaron los labios de Angélica.

    -Le dimos lo mejor, cielo y eso es lo que debemos tener presente. No podíamos saber que tomaría esa decisión.

    Ernesto toma la mano de Angélica y besa su frente.

    Tras un largo silencio, ambos se levantan de la cama y caminan hacia la puerta buscando la salida.

    Angélica apaga la luz, le da una última mirada al cuarto vacío y cierra la puerta tras de sí.

  10. Avatar de Martha Jacome
    Martha Jacome

    Quiso sostener la amistad, no dió paso a su intuición, recorrió sus pensamientos, la mente no percibió el ruido del silencio del intercambio de miradas fugaces, luego como con ojos en la espalda sintió el ambiente manipulador, después miradas y cabezas inclinadas , no miran ,no dicen humillan, reducen, conflictuan. No responde, solo se aleja.

  11. Avatar de Diana Mantilla
    Diana Mantilla

    Detrás de la puerta

    La madre toca la puerta de la habitación con tres golpes seguidos. Escucha unos pasos y un cajón que se cierra. Insiste, hasta que el hijo de quince años le quita el seguro.
    —¿Por qué te demoras tanto en abrir?
    —Eres una exagerada, no ha pasado ni un minuto.

    La madre echa un vistazo rápido por la habitación y encuentra el mismo desorden de todas las tardes: el uniforme del colegio arrumado en la silla, los tenis tirados al lado de la cama y sobre el escritorio, unos de billetes arrugados junto a unas monedas.

    —¿Qué quieres? —le pregunta impaciente.
    —Huele raro.
    —¿Raro? Estás mal de la nariz, ma.
    Se dirige a la ventana para abrirla por completo. Saca un chicle de la maleta y empieza a masticarlo. Lo cree insuficiente y se come otro.
    El aire se torna pesado y la madre empieza a sentir un ligero ardor en los ojos.
    —Hazme un favor, Pipe, tráeme un vaso de agua de la cocina que me dio sed.
    El joven tuerce la boca y sale de la habitación. Trata de devolverse, pero se decide a bajar por el pedido.
    Regresa con el vaso, la madre le da dos sorbos y sale con la ropa sucia.

    La puerta se cierra, corre hacia el cajón, lo revuelca, busca una y otra vez la bolsa con la hierba, pero no la encuentra. Abre la puerta con rabia para reclamarle. Luego de que baja dos escalones, se detiene y cae en la cuenta de que no tiene autoridad para interpelarla. Se devuelve a la habitación y se acerca al escritorio. Los billetes también han desaparecido.

    Maldice el robo del que acaba de ser víctima. La frente y las axilas le empiezan a sudar. Esa semana lo buscarán para rendir cuentas del negocio.

  12. Avatar de Mabel Montoya
    Mabel Montoya

    La Carta

    Una linda mañana de primavera Martín despierta al lado de su amada. La observa en silencio recordando momentos íntimos y apasionados que afirman aún mas su intenso amor por ella…pero una sombra de preocupación empaña su apacible despertar.

    La noche anterior no fue capaz de decírselo…tanto pensar no le dejo conciliar el sueño.

    – Hoy si lo haré, le diré lo que pasa y buscaremos una solución…pensaba preocupado.

    Maria despertó por las caricias y el beso que Martín depósito en sus labios.

    El suave aroma de café recién hecho que el le traía afloró una sonrisa y un,
    -“Gracias amor” que terminó en un abrazo de buenos días.

    -“Cómo estás amor…Dormiste bien?” le pregunto Maria.

    -“Si, si…dormí bien…le mintió…aunque me siento cansado”…inmediatamente cambio de tema…

    -“No encuentro la corbata gris” y añadió bruscamente,

    -“Tengo que alistarme para ir al trabajo”, balbució algo más entre dientes sonrojado.

    Se levantó bruscamente, tomó una ducha, se vistió con su traje de ejecutivo y corbata.

    No pronuncio una palabra más, estaba cavilando, perdido en sus pensamientos.

    -Amor, que te pasa, estas extraño!… le dijo Maria.

    El no respondió y bajo a desayunar …sólo pensaba en sus adentros acerca de las presiones económicas que enfrentaban, temía perder la casa, habían sido 6 meses duros de trabajos intermitentes y aun seguía buscando algo estable.

    -“No se que voy a hacer…Como se lo dire?…pensaba para si mismo mientras terminaba de alistarse.

    Se sentó un momento …en sus manos sostenía la carta arrugada del banco que leía una y otra vez…ya había llegado el momento…y con lágrimas pensaba nuevamente…

    -Cómo se lo dire???

    Era una realidad dura que tendrían que afrontar juntos…y hoy había llegado ese momento!

  13. Avatar de MARY MENDEZ
    MARY MENDEZ

    Elisa sostiene su bolso con ambas manos.
    Emiliano guarda su celular, sin mirarla.
    —¿Te costó encontrar el lugar? —pregunta él.
    —No. En realidad ya había estado aquí.
    Su ceja se alsa, y sus ojos se entre cierran, tratando de leer dentro de su mente y descubrir, con quién abría estado allí.
    Disimulando un poco el comentario que lo a sacado de su zona de confort, le dice sin dudar – Siempre tan puntual.
    —Siempre. – responde ella en un tono imponente.
    Silencio.
    El camarero deja dos vasos con agua. Elisa no los toca.
    —¿Cómo está tu madre? —dice Emiliano.
    —Bien. Muy bien. Gracias.
    —Me alegra.
    Ella asiente.
    —¿Y tú? ¿Cómo va la oficina?
    —Tranquila. Aunque… sin ti, se siente más vacía.
    Elisa desvía la mirada.
    —No sabía que te afectaría.
    —Claro que sí. Fuiste parte importante.
    —¿Lo fui?
    Silencio.
    Emiliano juega con el borde de la servilleta.
    —¿Has pensado en volver al diseño?
    —No, lo dejé.
    —Me refiero… en otro lugar.
    —Estoy viendo opciones.
    —Puedo recomendarte.
    —No hace falta. Creo que podré sola.
    Silencio.
    Elisa se inclina hacia adelante.
    —¿Para qué me citaste?
    —Quería hablar.
    —¿Sobre qué?
    —Sobre nosotros. Nunca quise mezclar sentimientos y trabajo.
    —Nosotros? No hay un “nosotros”, Emiliano.
    Emiliano sonríe, tenso.
    —Siempre tan directa.
    —Siempre. Se llama sinceridad.
    Ella se pone de pie.
    —Gracias por el agua.
    —¿Te gustaría quedarte un poco más?
    —No. Lo siento.
    —¿Te vas a quedar en la ciudad?
    —Depende.
    Silencio.
    Elisa se aleja. Emiliano observa su vaso, intacto.

    Cuando la puerta del café se cierra tras ella, él suspira. Mira el asiento vacío frente a él, como si aún pudiera verla allí. Saca el celular, lo desbloquea, duda. Luego lo apaga. Afuera, el cielo amenaza lluvia. Emiliano se queda un momento más, solo, con el eco de lo que no fue y lo que pudo haber evitado.

  14. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    Favor leer como los Ashuar

    La Caja Miss Yaguarlocro

    Chumpi la niña ashuar de 4 años juega en los matorrales húmedos y espesos, sus pies tienen atados bolitas de colores, vestido rojo y collares que contrastan con su risa.
    -Chumpi te mandé a traer el tarro para dar de comer a los chanchos
    -Ya voy. No encuentro mamá.
    Chumpi tiene puntitos de agua en su frente y en el filo de la boca por el calor.
    La niña corre sin zapatos como siempre, debe coger un palo para alcanzar el tarro de los cerdos. pero de allí muy escondido sale el venenoso alacrán, que pica en el talón de Chumpi
    -mamá Nunuku, mamá Nunuku-
    -Está rrisbaloso, mi cay, toy inlodada-
    Se desploma.

    En el hospital, Aparu con respiración entrecortada solo espera, sus ojos salidos, la pintura de achiote se le corrió al camisón de costal que está empapado, al mismo tiempo que sale la enfermera con una caja de cartón, medio rota que empuja con esfuerzo, también trae una bolsa negra y
    Nunuku se agacha la cabeza y abraza la caja con fuerza mientras dice -Todo está bien-
    Aparu antes de agarrar el cartón se pone de rodillas y se queda acurrucado en el piso.Luego carga el cartón en su hombro y sale sin decir ni una sola palabra.

    Los dos padres caminan bajo la lluvia, el cartón casi se ha deshecho.

  15. Avatar de Fernanda
    Fernanda

    El gato sabe el secreto
    El gato negro se enrosca sobre la mesa y mueve la cola con una impaciencia que parece ajena, pero no lo es. Mara le pasa la mano por el lomo sin apartar la mirada del reloj detenido, como si ese objeto pudiera darle una respuesta que teme escuchar. No esperaba visitas tan temprano, pero el sonido leve en la puerta anuncia a Julián antes de verlo entrar.
    Él deja la chaqueta en el respaldo de la silla y evita mirar hacia la ventana. Dice se ha quedado dormido, aunque las sombras bajo sus ojos cuentan otra historia. Mara asiente en silencio mientras el gato suelta un maullido breve y cortante, un reclamo que hace tensar el ambiente.
    Ella pregunta si lo escuchó anoche. Julián finge no comprender y toma una taza del escurridor, secándola sin necesidad. Murmura que los gatos sienten cosas peculiares y, casi de inmediato, pregunta por el jardín, como si el detalle pudiera diluir lo que ninguno quiere enfrentar.
    Mara solo comenta que quitó unas manchas del suelo, y baja la voz como si las palabras pesaran más que el hielo que Julian pone en un vaso. El gato baja de la mesa y va directo a la puerta trasera, donde olfatea con insistencia antes de arañarla, inquieto.
    Julián le dice que no debería dejarlo salir. Mara responde que el animal ya no soporta quedarse adentro desde aquella noche, y se arrepiente al instante de haber pronunciado esas dos últimas palabras. Él aprieta la taza hasta que sus nudillos palidecen. Asegura que todo está resuelto, aunque la frase suena frágil.
    Ella guarda rápidamente unos guantes de goma en un cajón antes de admitir que lo único que resta es aprender a vivir con ello. Julián no contesta. El gato, frente a la puerta, maúlla de nuevo, más largo, como si supiera exactamente lo que yace al otro lado.
    Escrito por Fernanda

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