Ejercicio de escritura creativa: Tiempo comprimido

ejercicio de escritura creativa

Escribe una escena donde el tiempo narrativo no coincide con el tiempo real. La acción dura menos de un minuto, pero el texto explora recuerdos, hipótesis, miedos y decisiones que se despliegan dentro de ese instante. Este ejercicio de escritura creativa entrena control temporal, ritmo interno y claridad estructural sin perder emoción.

Qué trabajarás

  • Manejo de tiempo: diferencia entre tiempo contado, vivido y narrado.
  • Claridad estructural: saltos temporales sin confundir al lector.
  • Ritmo y respiración: alternas expansión y contracción emocional.
  • Verosimilitud: sensaciones corporales anclan la escena en realidad.

Pasos del ejercicio

  1. Define el instante límite. Elige un evento corto: sonar un teléfono, abrir una caja, soltar una mano, pulsar “enviar”. Ese momento físico marca inicio y fin. Debe durar entre tres y seis segundos reales. Fija un objetivo concreto y una consecuencia si falla. Aporta tensión narrativa sin exagerar.
  2. Expande la mente. Escribe en primera persona presente. Parte desde la sensación corporal: garganta seca, nudo en dedos, ruido eléctrico. Luego abre la mente a pensamientos, recuerdos y proyecciones futuras. Usa conectores claros: “si”, “cuando”, “antes”, “quizá”. Alterna párrafos breves para mantener ritmo. Evita relleno y moralina.
  3. Contrae y ancla. Vuelve al presente físico. Repite un detalle sensorial para cerrar el ciclo: olor, sonido, textura. Usa verbos concretos, no abstractos. Concluye con la acción final del instante (levantar, presionar, soltar). La emoción debe entenderse por contraste, no por explicación. Esto potencia la práctica de escritura y muestra cómo mejorar la narrativa.
  4. Extensión máxima 300 palabras.

Recibe un ejercicio nuevo cada semana y mejora tus textos con feedback personalizado

* indicates required
Te agregamos a un grupo exclusivo con otros escritores.

Intuit Mailchimp

Profundiza más en la escritura creativa:

¿Quieres feedback continuo? Conoce el Taller de Escritura Creativa Onlineprograma de pago, 95 €/mes.

[Ver programa →]

Los jueves seguirán siendo gratis.

Comentarios

14 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: Tiempo comprimido»

  1. Avatar de Andrea Lamas
    Andrea Lamas

    LIGUE

    Me acerco lentamente cuidando de no incomodarla, calculando cuantos movimientos debo hacer para, en el momento exacto en que se dé la vuelta y me mire, esbozar una sonrisa que parezca casual. Llego a su lado tenso, quitando las manos de dentro de los bolsillos y volviendo a ponerlas, alcanzo su diestra, la miro largamente y le sonrío. Al virar su cabeza hacia donde estoy sus ojos encuentran los míos. Baja su vista hacia la copa que tiene delante y siento como sus mejillas se llenan de sangre. Busco en mi bolsillo un cigarrillo, lo enciendo deseando que el humo me inspire; esta vez tiene que funcionar, no como con… ¿se llamaba Claudia? …creí que le gustaba y se volvió con su ex llevándose consigo casi todos mis ahorros en regalos para complacerla…esta vez no habrá regalos.
    Ella ya no me mira, conversa con su amiga, se arregla el pelo, no está sonrojada y yo ahí incapaz de moverme. Apago el cigarrillo en el cenicero que está de su lado estirando mi brazo lentamente logrando ver sus ojos una vez más.
    Me alejo hacia la máquina que hay al fondo del salón midiendo mi andar, sabiendo su mirada en mi espalda, sin volverme. Introduzco las monedas una a una por la ranura, busco en mi bolsillo los cigarros, enciendo uno, giro mi tronco y mi mirada se pierde en el hueco que ella ocupaba.

  2. Avatar de Andrea Laso
    Andrea Laso

    Inseguridad

    Sigo la conversación detalladamente, estoy atenta a sus gestos, sus movimientos, sus manos tocando las mías, sentados en el mismo sillón le sonrío y me acerco más a él para acariciarlo con mis rodillas, inmediatamente toco su rostro con mis manos, quiero que se acerque más íntimamente, quiero saber que está diciendo más allá de las palabras, que busca en mí, como me desearía más.
    Me soltó las manos y separó los brazos, sonriendo dijo “a mi mejor amiga le dieron un ascenso en su trabajo, es muy inteligente”.
    Me alejo un poco y quito mis manos de su rostro, las llevo a mis rodillas, desvío un momento la mirada, sabe que no podría hacerlo, cree que no soy buena en nada, parpadeo y rápidamente vuelvo a mirarlo, le sonrío y le digo que bien, mientras arrugo mi pantalón con las manos y siento como mis uñas me duelen. No quiero detenerme, pero se dará cuenta, entonces me arreglo el cabello y me retiro la chaqueta.

  3. Avatar de Fernanda
    Fernanda

    Caja Musical
    Hace tres meses dejé la casa de mi madre para construir un hogar con mi esposo. Subo a mi antiguo cuarto para empacar lo que me acompañará en esta nueva vida. Abro el armario buscando mi vestido de boda y algo cae entre mis pies. El sonido es leve, pero suficiente para que mi corazón se sobresalte y mi estómago se hiele como si una sombra familiar me abrazara. Es la caja musical que David me regaló al inicio de nuestra historia, hace más de seis años.
    Me agacho y la tomo con ambas manos. La madera está tibia, palpitante. Mis dedos tiemblan. Entonces, sin aviso, la tapa se abre apena un centímetro.
    Un suspiro musical se filtra, leve, casi vivo. Cierro de golpe, tres segundos, solo tres. Pero ese instante se estira como un pasillo interminable donde la luz nunca llega.
    Si la melodía hubiera continuado. No debo imaginarlo. Antes, cada vez que escuchaba una caja como esta, algo oscuro despertaba en mí: un zumbido blanco, una presión insoportable en el pecho, una oscuridad que no me pertenece. Recuerdo la voz de mi padre, áspera, llamándome; el olor denso del pasillo; mi pulso retumbando como un bongo; la sangre ardiendo y luego un silencio quebrado que jamás aprendí a nombrar.
    Trago saliva. Mi esposo está en la cocina, riendo con mi madre, ajeno a que esta pequeña caja guarda un eco que amenaza con devolverme a lo que fui, a lo que temí ser. Él me mira como si yo fuera luz, no sombra. Quizá por eso lo necesito tanto.
    El tintineo persiste en mi mente, como una avispa atrapada. Si hubiera sonado un segundo más, ¿habría cambiado yo?
    Aprieto la caja contra mi pecho. Exhalo. La guardo de donde nunca debió salir. Cierro el armario.
    Y me obligo a volver a ser yo.

    Escrito por Fernanda

  4. Avatar de Valentina Restrepo
    Valentina Restrepo

    Los destellos del sol iluminaban con total intensidad mi taza de té, que se situaba en mi laptop, mientras abría la dulce mañana. Yo disfrutaba, posada en mi cama, leyendo. Sin darme cuenta sonó un ding. El sonido del ding me cortó la respiración; me ponía atónita de solo escuchar el zumbido de mi laptop. Tres segundos después me encarrilo con total desesperación. Miro la pantalla: “Resultados de Admisión – Universidad”.
    La mañana tranquila ya no era la misma mañana. El café me sabía amargo, mi ritmo cardíaco aceleraba como los pasos de un caballo. El asunto brillaba como si me conociera, como si supiera cuánto anhelaba con total deseo esto.
    El dedo se me quedó suspendido sobre el trackpad. Ni avanza ni retrocede. El tinto amargo circulaba por mi garganta; era tan áspero, tan seco, como si tragara aire viejo. Poco a poco veo cómo empiezo a temblar, y un latido intenso sube a mi cuello, y rápidamente van cayendo gotas de sudor sobre mi cabello.
    Esto no podía estar pasando, ni yo misma me lo creía.
    Respiro.
    Si lo abro ya no podré volver a ese antes y todo está perdido.
    Si no lo abro, seguiré atrapada en un laberinto sin fin y en un bucle repetitivo.
    Realmente sabía que esto era por lo que mi sangre circulaba con tanta emoción los últimos meses, esperando una respuesta, preparándome para la entrevista, para ese examen que se sentía como un sí o un no definitivo para mi vida. Y ahora que te apareces frente a mí, tan emergente, sin aviso ni nada… no sabía. Los dedos me temblaban, al agarrar el mouse me sudaba; el táctil no cuadraba. El estómago me hace un vacío frío. Me visualizo entrando al campus, sintiendo el viento en mi cabello… pero hay una tormenta, una sombra más grande que esa: el fallido, que se asoma tan grande que desde acá puedo ver la palabra rechazo como un golpe limpio. No sé qué duele más, pero esta desesperación e intriga me va a matar.
    Vuelvo a tomar otro trago de café. Vuelvo al presente.
    Al sonido que inició todo. El mismo ding que aún siento vibrar sobre mi laptop, como un eco viviente en mis oídos que no se decide a irse.
    El cursor sigue encima del asunto.
    Parpadea.
    Yo también.
    Solo me dejo llevar, que ningún límite me gane.
    Y hago clic

    Escritora:Valentina

  5. Avatar de Carolina Lizarazo Torres
    Carolina Lizarazo Torres

    AL ACECHO

    Un frío sudor comienza a recorrerme con cansancio. Supongo que será algo normal, después de escuchar a mi estómago llorar tras no recibir ni un bocado. Mi corazón parece un loco tambor que se quiere salir de su sitio, entonces lo respiro hondo para que no se salga, y me contengo para que mis manos dejen de temblar.

    Una vaga nostalgia comienza a formarse en mis entrañas al ver esa imagen roja con dibujos de pescados, en la que súbitamente me voy perdiendo tan pronto la agarro.

    Recuerdo lo que me gustaban de pequeña, y más sí era la abuela Antonia quien las servía revueltas con arroz, cuando íbamos a visitarla. El olor de la infalible mezcla me llega y hace que reviva los juegos, cada risa, hasta las peleas, las historias que inventábamos… memorias de un hogar que creía perdidas.

    Sí la abuela estuviera aquí, me pregunto qué pensaría, quizás me lo recriminaría, para decirme que hay otras salidas más legales, o tal vez me apoyaría, al saber que no lo he tenido fácil y por eso a veces quebrantar las reglas se justifica para sobrevivir.

    Juro que esto no lo vuelvo a hacer, todo va a cambiar, gracias a ese trabajo que esta vez sí saldrá, porque mi amiga con sus influencias… pero ¿y…sí todo sale mal? Un metálico escalofrío me invade de nuevo.

    Miro cautelosamente de reojo y compruebo que no hay barullo de gente a mi alrededor. Con un ágil movimiento termino de echar en la mochila la lata de sardinas que cae triunfalmente.

    La sensación de victoria se esfuma cuando percibo el acecho de unos ojos inquisidores. Son los de una niña que con perplejidad me mira. Yo le lanzo una sonrisa de complicidad amiga, pero ella recibe mi propuesta con un grito estremecedor.

  6. Avatar de Isidora Luna

    Sábado noche, en la fila de la discoteca, escuché mi nombre muy cerca de la nuca. «María» fue un susurro tibio, demasiado íntimo para un desconocido. El sonido duró menos de un segundo, pero en ese instante se me abrió el pecho. Mi columna se tensó. El aire se detuvo. Algo antiguo, que preferí no recordar, despertó.
    Esa voz…
    Sentí el fantasma de Joan, mi exnovio: la última pelea, su «no te voy a dejar vivir en paz», los labios que dijeron mi nombre como una condena. Ese nombre —mi nombre— vuelve igual que entonces: un eco, un reproche, una invocación.
    El pánico me oxida la voz.
    El miedo de que algo enterrado siga vivo se me aferró al pecho. No debería volver. Y, sin embargo, ahí está: respirándome en la nuca.
    Me preparo para girar.
    El movimiento real dura menos de un segundo, pero por dentro se despliega una eternidad: una acusación, un fantasma, un recuerdo materializado.
    Giro.
    Y no. Detrás de mí, un chico abraza a una chica con una naturalidad que casi duele. Él ríe. Ella también. Ni me miran.
    —María —dice él, hundiendo la cara en su cuello.
    —Ay, Martín, ya déjalo —responde ella.
    Los dos ajenos al cataclismo emocional que acabo de tener a diez centímetros.
    Yo inmóvil, sintiendo cómo mi alma regresa a su sitio de golpe. El «fantasma de Joan» se disuelve como un mal chiste. Mi propio Apocalipsis se canceló. Y mi dignidad… bueno, esa queda tambaleando.
    Sigo viva. Ridícula, pero viva.

  7. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Vivir en el preludio

    Tumbada en mi lecho, donde apenas un tenue rayo de luz se desliza hacia adentro, levanto el brazo y miro mi muñeca: la herida aún está fresca. Giro la mano y el destello del diamante en mi dedo me devuelve a otra época, tan real ahora que, por un momento, no sé exactamente dónde estoy.

    La ráfaga de luz abre una grieta en mis recuerdos: Florencio se acerca, me acaricia el rostro y me toma de la mano. Paseamos. Su risa derriba los muros de mis miedos y dudas. El calor del sol nos envuelve, hasta casi fundirnos; para mí, todo lo que antes era gris ahora se ilumina con vivos colores. Caminamos así horas, días, meses… Mi hambre se mudó por completo a mis ojos, siempre buscándolo. Ya solo me alimento de él.

    El silencio es tan espeso que casi puedo tocarlo. Hago girar de nuevo la mano y la herida vuelve a sangrar. ¿Acaso su presencia se extinguirá igual que su vida? No lo acepto. Me refugié aquí para resguardar lo último que aún late de él en mí. Aunque las sombras del destino me entregaron a Pedro, mi corazón nunca se apartó de Florencio.

    Si cierro los ojos, casi puedo tocarlo… y no sé si volver a abrirlos.

  8. Avatar de Marina Barajas
    Marina Barajas

    Tenía el encendedor en la mano temblorosa; iba a encender un cigarrillo, después de tanto tiempo. Se me hizo un nudo en la garganta y el corazón me latía rápido, como si quisiera salirse. Mi ansiedad estaba a tope. Tenía la frente roja por el sol; me sentí mareada y agitada, así que tuve que sentarme.

    Entonces, el recuerdo me golpeó directo: la muerte de mi padre.
    La persona que más amaba, siempre sonriendo a pesar de todo. Su aroma a tabaco intenso y a café… sus mayores gustos, según él.

    Ese día el doctor me dijo: “Tu papá no va a salir de esta batalla, tienes que despedirte de él.”
    No podía aceptar la idea de perderlo. Luchó demasiado, incluso cuando la vida se le iba a pedazos. El cáncer pulmonar se lo llevó al día siguiente, justo a medianoche.

    Recordé por qué había dejado este vicio.
    Pero ahora estaba deprimida, ansiosa… e internada en un hospital psiquiátrico.

    Lo encendí.
    Al carajo con esto.

  9. Avatar de Christian
    Christian

    SOLO EN UN CUARTO.

    Prendo la radio, y escucho la canción de los Olimareños:

    «No me pregunten la edad… tengo los años de todos, yo elegí entre muchos modos, ser más viejo que mi edad…”

    Una de mis canciones favoritas, letras poéticas y sociales del canto popular uruguayo. Mi mente está un poco cansada y estoy solo en un departamento. Por mi pensamiento divaga con convicción todo lo que podrá llegar a ser luego de este viaje que estoy próximo a realizar. Si no hubieran matado a mis amigos me sentiría mejor. Antes, cuando estaban presentes tenía todo el apoyo necesario de ellos, ¡todo! Cuando nos reuníamos y organizábamos como lideres toda la estrategia para cumplir con nuestro sueño de vida, ¡nuestro sueño de vida! Antes éramos los tres, ahora estoy yo solo, ¡yo solo! Si no hubieran asesinado injustamente a mis amigos otra seria la historia de este momento. Si la vida hubiera sido respetada por lo que es en honor a los derechos humanos que tenemos.

    Me dirijo al cuarto de la cocina del departamento y me preparo una taza de bebida caliente. Al olor fresco del café mañanero vienen a mi mente los últimos momentos compartidos con mis padres, hermanos y sobrinos. Mis últimas palabras hacia ellos, lo que está por delante en el conseguir de este sueño que tengo. Mi corazón palpita aún con toda su fuerza, y la canción termina:

    «Mi sueño, el que sigue entero… y sepan que solo muero, si ustedes van aflojando… porque el que murió peleando… vive en cada, ¡compañero!”.

    Mi mente está un tanto cansada, solamente un poco, termino mi taza de café, y estoy solo en un cuarto.

  10. Avatar de Mabel Montoya
    Mabel Montoya

    La Madre

    La tome de la mano diciéndole con cariño “Mamá, soy tomas tu hijo”, pero ella con su mente en blanco no me reconocía.

    -No lo conozco, quien es Tomas?

    Al escucharla sentí un nudo en mi garganta, mis ojos se humedecían y mi corazón se oprimía. Veía a mi madre adorada pero su mirada perdida me decía que ella ya no estaba allí.

    La lleve a pasear por el jardín del sanatorio, nos sentamos y con dulzura le contaba de nuestra vida y de su historia…ella escuchaba atenta las historias de antaño…está vez le note un destello como si estuviera recordando algo en lo más recóndito de su ser.

    “Ohhh!!!, Siii…mi niño” respondió ella…”Tomacito!, pero que necio eres!, rompiste el florero jugando con el balón adentro de la casa, te lo dije mil veces, juega con tus amigos en el jardín”.

    Su mirada quedó nuevamente fija y vacía…me miró y repitió…

    -Quien eres?

    -Mamá soy Tomas, tu hijo!

    Le tome nuevamente su mano y con mi corazón acongojado le di un beso en la frente y le dije…

    -Gracias mamá por todo…Te quiero!

    Ella con su mirada perdida me escuchaba, la suave sonrisa en su rostro me decía que aún algo de ella quedaba en su más íntimo ser.

  11. Avatar de Tatiana Diaz Henao
    Tatiana Diaz Henao

    La Carta

    Cuando abrí la caja verde que era el buzón de mi apartamento había recibido una carta. Llevaba casi diez meses esperando respuesta de la oficina de migración para definir mi situación en el país y en mis manos ya estaba la respuesta.

    La nieve cubría las calles de Kajaani con una capa de diez centímetros de espesor. Estaba oscuro a pesar de ser las 4 de la tarde apenas. Había salido del apartamento con la bolsa de basura para ponerla dentro del contenedor, pero me había ganado la curiosidad. Ahora mi destino estaba en ese rectángulo blanco con mis datos personales.

    Me comenzaron a sudar las manos. Las pulsaciones en las sienes eran notorias a metros de distancia y hasta ganas de orinar me dieron. Sólo veía y palpaba el papel con ansiedad por la respuesta.

    Había llegado a aquí tratando de salvar mi vida y si la respuesta no era positiva no sabía qué diablos iba a hacer después.

    Mi mente evocó los panfletos con calaveras, el día que pusieron la corona fúnebre con mi nombre en la puerta de mi casa y las miles de llamadas con insultos e improperios. Nunca dijeron quienes eran pero yo sabía que eran “paras” o “Elenos”.

    Ya dentro de mi apartamento, tomé coraje y rasgué con cuidado la parte superior del sobre y saqué la hoja que venía adentro.

    El alma me regresó al cuerpo al ver el dictamen de la oficina de migración tras cientos de entrevistas donde me preguntaron una y otra vez por qué había salido de mi país.

    Por fin estaba a salvo.

  12. Avatar de Carlos Arellano
    Carlos Arellano

    El que a hierro mata a hierro muere. Al doblar la esquina, una de las balas me encuentra y me atraviesa. Eso ya es un recuerdo, ahora estoy boca abajo, sobre el piso de tierra y bajo un sol despiadado. Mi respiración levanta apenas el polvo que me rodea. La sangre, mi sangre, me abandona caliente. Escucho pasos, alguien corre y se acerca, con ecos y voces imposibles. A lo mejor el autor del balazo, un matón de poca monta. Seguro que no pagaron poco por mi cabeza, la cabeza del sicario más temido de la ciudad. 37 cruces rayan mi rostro, una por cada víctima, ya las dejé de contar. Escucho pasos de alguien que corre y se acerca. Es tal vez mi hermano el que viene, mi hermano que ya me llora. No, no es el martón ni mi hermano, es mi madre, la reconozco. Sus manos grandes me levantan y me limpian el rostro y las lágrimas. Mami, le digo, mami me mataron. Ya no llores, me dice, párate y levanta la bicicleta. Mami, le digo, mami los niños se ríen, míralos. Ya no llores, me dice y me seca las lágrimas, ya no llores que hoy te hice tú comida favorita. Mami, le digo, mami no me dejes, no me dejes solo. Ya no llores, me dice, ya no llores y vamos, que se enfría la comida y empieza a hacer frío. Empieza a hacer frío. Hace frío.

  13. Avatar de Pablo Arellano
    Pablo Arellano

    Prendo la mecha del cohete, enseguida vuela hacia arriba. A veces son defectuosos que no llegan a explotar. Todos en la fiesta esperan a ver las luces que explotarán en el cielo. Yo eso era lo último que esperaba cuando estaba en Ucrania. Estábamos en el cuartel del regimiento treinta seis cuando el cielo se iluminó. Aquello nunca era presagio de algo bueno. Era un espectáculo de terrible majestuosidad. Si aquella noche hubiera sido yo y no mi amigo el que estaba en aquella parte de la ciudad, él hubiese podido volver a su casa de campo con su familia. Lo veía caer sin piedad y los gritos de pavor resonaban por todas partes. Cuando cayó muy cerca de nosotros, mis oídos quedaron sordos por el estruendo. Me sentí dormir por un dolor terrible que se expandía por todo mi cuerpo. Cuando desperté mi boca tenía un sabor metálico, abrí los ojos con molestia por la luz. Me encontraba en hospital cerca de Kyev. Mis piernas apenas me respondían y todo ante mis ojos se presentaba con una atmósfera de sueño. Pregunté a la enfermera por mi amigo, pero en el fondo del corazón yo conocía la respuesta. El cohete explota y la gente, en especial los niños, celebran el espectáculo. Para mí solo queda el olor a pólvora alrededor mientras que todos están a la espera del siguiente cohete.

  14. Avatar de Miss Yaguarlocro
    Miss Yaguarlocro

    EL PUENTE Miss Yaguarlocro
    Son las 10 de la noche está casi oscureciendo camino por el extremo del puente. La neblina espesa no me deja ver nada, corro, sudo, sé que Blena está más adelante. La escucho gritar; sí gritar, como perro herido, me espera puedo verla, baja su mochila, al igual que su cabeza, su mirada y sus manos.
    Blena mira el celular, llora a gritos, yo corro, mi boca es un volcán de humo caliente que se mezcla con la neblina de los menos diez grados centígrados de Otogón.
    Ella está sobre el muro plomo macizo con los brazos abiertos; su blusa azul se infla con el viento le grito ¡BLENAAA! ya casi llego; sigo corriendo mis manos están heladas, mis orejas son como cartón quebradizo, copos de nieve están en mi frente.
    Ella lanza el celular al pavimento. No entiendo. Miro la pantalla: soy yo besando a una mujer en el bar callejero. Solo me dijo gusano.
    Ella saltó, desde ese momento estoy interno en el hospital psiquiátrico: canto, bailo y lloro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *