Una escena contada desde dos perspectivas (ejercicio de escritura creativa)

Persona escribiendo un cuento en un cuaderno con bolígrafo, representando la creatividad en la escritura.

Uno de los retos más estimulantes del taller de escritura creativa es aprender a mirar una misma escena desde distintos ángulos. Este ejercicio forma parte de nuestros ejercicios de escritura creativa, diseñados para que experimentes con la voz narrativa y explores cómo cambia una historia según el punto de vista.


El poder de la perspectiva en la narrativa

Un mismo hecho puede parecer radicalmente distinto si lo cuenta un personaje o si lo narra otro. En La señora Dalloway de Virginia Woolf, la trama se transforma gracias al cambio constante de perspectivas. Lo mismo sucede en el cuento Rashomon de Ryūnosuke Akutagawa, que inspiró la célebre película de Kurosawa.


Instrucciones del ejercicio

  1. Piensa en una escena simple (un café servido tarde, alguien esperando un tren, una discusión doméstica).
  2. Escríbela primero desde un narrador en primera persona, que esté involucrado en la acción.
  3. Reescríbela después desde la perspectiva de otro personaje, que perciba la misma escena de manera distinta.
  4. Tiempo sugerido: 20 a 30 minutos.

Objetivo del ejercicio de escritura creativa

Este ejercicio te ayudará a descubrir cómo el punto de vista cambia no solo la información, sino también la emoción y el significado de un relato. Es una técnica fundamental en el cuento corto y un recurso que todo escritor en formación debería dominar.


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Comentarios

4 respuestas a «Una escena contada desde dos perspectivas (ejercicio de escritura creativa)»

  1. Avatar de The Last Witch
    The Last Witch

    La Casa del Silencio

    No estaba de más decir que, mientras Amapola recitaba redundante y —a mi parecer— fantasiosa lo que había sucedido ayer en horas tempranas entre nuestra madre y ella, mi mente volaba por mundos y escenas imaginarias para rememorar o ilustrar, de cualquier forma, lo que mamá, tan adelantada como solo ella puede ser, dijo:

    —No eran más de las ocho de la mañana, cuando tu hermana, terca y vaga como siempre, seguía echada en cama, aparentemente dormida. En tanto, tu tío Pablo y yo discutíamos la decisión que se tomaría respecto a tu hermano.

    Imaginé sin querer a mamá con su pijama desgastada, aquella marrón, mirada cristalizada por lágrimas contenidas, mientras su voz subía un tono más cada vez que alguien intentaba opinar. Irónicamente, cuando alguien expresaba una palabra, ella era la única que podía darse el lujo de callarte y eso era —tristemente— la mayor parte del tiempo.

    Regresé la vista y bajé mi mente de las nubes para prestar atención a la última parte del relato matutino de Amapola.

    __________________________________________________

    Era tan cansado para mí como para cualquier miembro de mi familia que esta desastrosa situación fuera el pan de cada día.

    Caminé arrastrando mis chanclas cerradas, esas que había comprado hacía un mes y estaban a punto de decolorarse, pasando de un rosa vibrante a un frívolo tono. Supongo, en mis adentros, que toda situación familiar termina por dañar no solo el alma del hogar, sino también lo material.

    Llegué a la habitación de mi hermana —si es que puede llamarse así a una triste división en la sala de estar—. Narcissa se encontraba reposando (durmiendo) sobre la gran cama, siendo cerca del mediodía.

    Tomé una respiración preparándome mentalmente para la rutinaria reacción de mi hermana cuando era forzada a despertar de su agradable sueño. Pero era más soportable un grito de ella que un reproche que duraría horas de mi madre.

    Como era de esperarse, Cisy se levantó malhumorada porque no completó sus horas de descanso, alegando que el restaurante nocturno en el que trabaja es pesado y que siempre le hacen lo mismo. (Pienso yo que podría descansar mejor si no se desvelara llamando a su pareja, pero no tengo completamente voz y voto en casa).

    Estando en la cocina preparé el arroz y cociné papas, mientras Cisy iba a comprar el resto para completar el almuerzo. Estiré mi cuerpo, preparando anticipada —como mi ansiedad dictaba— un discurso, llegando incluso a anotar en el aire posibles preguntas o respuestas que mi hermana podría dar.

    Había pasado media hora desde que ella entró a la cocina. Ahora mismo preparaba la carne justo en el punto que le gusta a mamá y a mi hermano. Aproveché el momento de complicidad que se formó por un chiste tonto que salió de mis labios.

    Deslicé entre mi lengua aquella pregunta que ya era tan conocida:

    —¿Mi mamá te dijo algo?

    Bajé el tono hasta casi murmurar, subí el volumen de la música en el celular de ella. Al percatarme del ligero estirón que pegaron las comisuras de sus labios, comencé a narrar como si tratase de un chisme ajeno y no de una tragedia familiar:

    —Ayer en la mañana, mientras dormía escuché las voces del tío y mamá, no hablando, sabes bien cómo son, gritan y despiertan a media cuadra. Entre sueños alcancé a escuchar lo mismo de siempre: “Yo le dije a esa Narcissa que le escriba al papá de Gustavo para que se haga cargo del niño, estoy cansada de la misma situación con Gustavo en el colegio”. Ya te imaginarás lo que siguió después: el tío le reprochó los castigos blandos que apenas duran unas horas, los regaños llenos de cólera y, finalmente, el típico “Es que ustedes no saben cómo es tener esto”.

    Para ella, la única que sufre y que está mal desde que la abuela Soledad partió de este mundo es ella. ¿Y nosotros? ¡Yo también sufro! Cuando me levanté por sus gritos, los reproches y regaños recayeron sobre mí como siempre. Según ellos, el mal ejemplo soy yo porque estoy siempre en casa, que porque no estudio, Gus es así. ¿Puedes creerlo? ¡Yo la culpable! Porque claro, lo permisiva que es, los descuidos y la libertad que le dieron cuando era niño, los regalos, el dinero que le dan aún cuando se porta mal, no tiene nada que ver, ¿cierto?

    No sé por qué para ellos no les vale que estudie a distancia… “¡Es que estás sana!” Sí, claro mamá, por eso dejé de comer y me encerré y por eso…

    Me di cuenta de que para ese punto mis palabras eran gritos, mi corazón eran latidos erráticos y mi garganta un nudo difícil de ignorar. Pero para mi hermana —como siempre— solo resultaba un aburrido recital.

    Callé mi relato al instante, carraspeando y fingiendo abrir el refrigerador para sacar el tazón de ensalada. Pasé las yemas de mis dedos sobre las esquinas de mis ojos, asegurándome de que las lágrimas no resbalaran y revelaran que mi pesar es más profundo de lo que hago notar.

    Narcissa tenía entre sus manos su móvil, respondiendo algunos mensajes con tranquilidad, como si la escena anterior no hubiese sucedido. Me habría gustado decir que ignoré sus palabras, pero —lamentablemente— terminé escuchando con atención:

    —Solo haz lo que mamá dice. Si llega a decirte algo sobre ti, no le respondas de vuelta, Amapola, o solo la vas a estresar.

    Hice un sonido de afirmación, asintiendo, y serví el almuerzo como cada día, dejando que mi opinión y sentir partieran con las ráfagas de viento, tal como me gustaría hacer a mí.

  2. Avatar de Keyla Utrilla
    Keyla Utrilla

    UN DOMINGO CAÓTICO
    Me encontraba asustada porque se me hacía tarde para llegar a la prepa, faltaban 20 minutos para mi hora de entrada y ni siquiera me había levantado de la cama por pensar si me apuraba como sea y me iba o simplemente me quedaba a dormir un poco más y perder la primera y segunda clase; pero cuando recordé la razón por la cual anoche me dormí tarde caí de la cama y me fui directo a ducharme, luego me preparé un café qué casi le desvaciaba la mitad del contenido del pomo.
    –Ugggh..– el sabor amargo me era imposible tragarlo pero lo hice para poder sobrevivir en la clase y no quedarme dormida a pasar una vergüenza con el profesor.
    Era un caos… me había puesto el uniforme y luego cuando fui a ver mi horario para guardar mis cosas me di cuenta de que era miércoles, el dia en que podríamos ir con cualquier ropa menos el uniforme. Frustrada porque el tiempo avanzaba muy rápido y yo no me deshice del uniforme, abrí el closet y me puse lo primero que encontré, tomé mi mochila y salí disparada hacia la parada del autobús pero tomé un taxi para llegar más rápido. Ya era un hecho, había perdido 15 minutos de la primera clase más 5 del camino ya eran 20.
    En mi mente iba rezando que el profesor me dejara pasar a su clase y me recibiera la tarea.
    –¿Se encuentra bien señorita?–
    escuché decir al taxista mientras me miraba por el retrovisor con un rostro de duda
    –Llego tarde a mi clase– respondí agitada.
    –Pero hoy es domingo– dijo sonriendo ampliamente.
    Tomé mi teléfono para fijarme y en efecto me había equivocado. Mi cara se puso del color de un tomate y sentí vergüenza qué pedí bajar justo ahí.
    –Tranquila ya llegamos– susurró el sinvergüenza del taxista y aparcó junto a la prepa..
    Sonrojada me bajé y luego tomé otro taxi mirando a todos lados que alguien conocido me viera.
    Llegué a mi casa y me tiré en la cama avergonzada y cansada por todo lo que sucedió. Mi madre y mis hermanos ya habían llegado y me miraban de pie a cabeza estupefactos me hicieron las preguntas de rigor las cuales me resistí en responder y me encerré en mi cuarto me di cuenta que me había despertado luego de dormir por la tarde y por eso el caos.

    VIAJE GRACIOSO NO TAN GRACIOSO PARA OTROS
    –Taxi taxi– escuchaba gritar al pasar a una chica que iba toda desordenada y apurada. Me paré junto a ella abrió la puerta y se subió –lléveme a la prepa por favor– la escuché decir de una manera muy agitada casi enojada. Entonces no dije más y decidí conducir hacia su destino pero iba pensando en el camino –hoy es domingo–. Me fijé y ví que iba muy nerviosa tenía las manos llenas de agua por el sudor y miraba hacia la ventana deseando poder llegar presurosa. Pensé en mi mente –tal vez esté equivocada o tiene un par de copas encima y por eso actúa de esta manera tan rara– Así que mientras la observaba por el retrovisor me animé de una vez a preguntarle si se encontraba bien. Ella me respondió de una manera muy brusca:
    –llego tarde a mi clase–
    No pude evitar sonreír y le hice saber que era domingo, de manera repentina su rostro se transformó, se empezó a teñir de rojo a causa de la vergüenza que sintió. Mientras yo solo podía sonreír por lo que estaba pasando, casi parecía que me burlaba de ella, así que trate de ocultarme
    –No se preocupe la puedo regresar otra vez– me escuché decir y nada más la observé; tomó su teléfono de una manera en que quizá no me creyó y se dio cuenta que realmente era domingo y me pidió bajar justo ahí en la carretera en donde íbamos. Pero le dije: –tranquila señorita ya casi llegamos– aparque junto a la escuela. Inmediatamente se bajó no me quiso dar la cara, pagó hice como que si me fui rápido pero en realidad iba conduciendo muy lento, quería ver cuál iba a ser su reacción..
    por el retrovisor iba observándola y noté que le hacía parada a otro taxi y se subió de manera inmediata. Supongo que para regresar a su casa le había dado una gran vergüenza ir conmigo de nuevo, quizá pensaba que me iba a seguir burlando pero en realidad ya no lo haría. Cuando llegué a mi casa le conté a mi familia lo sucedido y nos pusimos a reír a carcajadas pero luego nos dimos cuenta que eso a cualquier persona le puede pasar.

  3. Avatar de Marina Barajas
    Marina Barajas

    La fila del super.

    Lucía: estábamos en la fila del super, para pagar nuestros artículos. Veía el carrito revisando si llevaba todo lo necesario, el cereal favorito de Pedro, el vino que elegimos juntos para el fin de semana y algunas cosas más. Me encanta cocinarle y venir por los víveres juntos. Poder salir de casa un rato, como en una cita casual, me pone muy contenta. Lo miro de reojo y está viendo su celular. Lo amo tanto, sé que viene cansado del trabajo y aun así logre convencerlo de venir a hacer las compras. Me mira y le sonrío, levanta una ceja y vuelve al móvil. La cajera empieza a escanear los artículos y yo observo entretenida. Por fin llegaremos a casa a cocinar la cena.

    Pedro: estábamos en la fila del super, ya estaba impaciente y parecía que las cajeras hoy estaban demasiado lentas. Hacía rato que llegué de la oficina cansado, y encima dolor de espalda. Entro a casa y a Lucía se le ocurrió venir a hacer las compras. Pídelas en línea dije, pero la vi feliz por salir de casa y accedí. Aunque lo hice más por obligación, no por ganas. No me interesan las ofertas, y menos que quiere comprar, y aun así ella todo el tiempo preguntando, ¿llevamos esto, llevamos aquello?, ¡mira esto está en rebaja!. Vamos Lucía solo ponlo en el carrito y ella asentía sonriente. La fila avanza demasiado lento. Yo miro mi celular desesperado siento que hemos estado una eternidad aquí de pie. Ya me pesaban los zapatos. Veo a Lucía mirándome con una sonrisa y yo solo alzo la ceja y vuelvo al teléfono. ¿Por qué la hace tan feliz venir a comprar víveres?, admiro su entusiasmo en silencio. ¡Al fin! Empiezan a escanear nuestros productos, y yo solo pienso en llegar a casa a descansar y disfrutar la cena juntos.

  4. Avatar de Genry Pastor
    Genry Pastor

    El amor y su poder transformador
    En la calle GRP comenzó en el fondo estaba sentado una muchachita rubia preciosa, designado Zara su reflejo llamó a un joven en silencio, era un joven atractivo en reputación Sam. La risa es contagiosa, el joven sedujo a la muchacha, requirió su dirección, desde ahí es la mirada más extraña y la noche más larga de pensar, en la mañana recorre las calles buscando conciencias lógicas para estar con la doncella, imaginando si ella estaría pensando en él, en ocasión tiene su propia inspiración sentado en el parque central, contemplando a las personas felices, Sam en su libreta escribía poemas de amor, el sueño era tener la humilde muchachita de clase alta, lo llamó por teléfono a la bella doncella, la conversación es algo dulzura, una tranquilidad interior, Sam envió cartas de amor, la muchacha con una sonrisa de ángel emocionada por los mensajes, porque en ese tiempo enviar cartas es natural, una noche de luna llena los dos se abrazaron profundamente, Sam es un joven vagando por la ciudad es de una familia pobre que se enamoró de la muchachita rica. El amor no es algo que queremos sentir, es algo que sentimos sin querer.

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