Ejercicio de escritura creativa: escena narrada solo con sonidos

escritura creativa en Madrid

Uno de los mayores retos en un taller de escritura creativa es aprender a trabajar con lo sensorial. Este ejercicio forma parte de nuestros ejercicios de escritura creativa, pensados para que explores cómo los sonidos pueden sostener una narración sin necesidad de descripciones visuales.

Cómo usar el sonido en la narración

El sonido es un recurso poderoso para crear tensión y atmósfera. En El corazón delator de Edgar Allan Poe, el latido obsesivo transmite el miedo mejor que cualquier descripción. En el cine, No respires muestra cómo los ruidos mínimos se convierten en detonantes de peligro.

Instrucciones del ejercicio

  1. Elige una escena cotidiana: alguien entrando en casa, un paseo por la calle, una conversación en un bar.
  2. Escribe la escena en 200-300 palabras, pero solo describiendo lo que se escucha (puertas, pasos, murmullos, respiración, ruido de fondo).
  3. No incluyas descripciones visuales: deja que el lector imagine el espacio y los personajes solo a través del oído.
  4. Tiempo sugerido: 20 a 30 minutos.

Objetivo del ejercicio

El objetivo es desarrollar atmósfera y tensión a través del sonido, un recurso que fortalece el subtexto y aporta fuerza al cuento corto y a cualquier proyecto narrativo.


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Comentarios

14 respuestas a «Ejercicio de escritura creativa: escena narrada solo con sonidos»

  1. Avatar de jaime cadavid amaya
    jaime cadavid amaya

    Nunca olvidaré el roce del viento al disfrutar una copa de vino brillante junto a mi esposa
    Afuera un arroyo gemía de alegría
    Los árboles se quejaban de dolor al impedir ser arrastrados por el río desbordado la noche anterior.
    La borrasca no dejó oír los gemidos del amor entre dos anónimos que entre jadeos y besos explotaron de placer
    Solo aquellos graznidos delatores dieron la alarma de tanto placer
    A pesar de los gemidos, graznidos, borrasca y vino nunca se escuchó el disparo suicida de ella al verse engañada por aquel que decía amarla
    El ladrido de los perros peleándose un pedazo de carne en la calle era señal de que aun había vida
    Solo faltaba el silbido del tren que se encargó de avisar su llegada junto a un circo de payasos y elefantes ruidosos
    Nunca se dieron cuenta de la avalancha asesina que tapó al pueblo, al rio, a los arboles a los perros y a todos
    El silencio de la muerte se encargó de recordarles lo importante de saber escucharlo
    Finalmente nadie dijo nada .
    Nadie supo nada
    Nadie vió nada
    Solo silencio y olvido
    El viento se detuvo, el río se secó y la borrasca terminó

  2. Avatar de MANA

    Sonidos

    Las conversaciones suben de volumen; algunos gritan con entusiasmo. Otros se encuentran en el medio de los pasillos y se saludan. Música envasada sale por los parlantes con fuertes guitarras, poco bajo y algo de batería.

    Sonido vacilante de pasos desde la pista hacia el patio. Raspado y chispa de encendedor. Inhalaciones y exhalaciones de cigarrillo. Cadenas frotándose contra la ropa. Tintineo de vasos, botellas y púas. Rozar de telas. Suelas de bototos y botas golpeando el cemento. Alguien desconocido cuenta la historia de su vida, a todo volumen. Su voz se arrastra sin dicción, sin separar una palabra de otra, en un torrente apresurado y ebrio. Habla de que ha cambiado.

    Se hace un silencio. Pasos decididos hacia los instrumentos repartidos por el escenario. Amplificador acoplado; chirridos; agudos sin ecualizar. El público protesta audiblemente.

    Una ovación que llena todo el antro. Mutismo expectante.

    Comienza el concierto.

  3. Avatar de Stephie E.
    Stephie E.

    Día 1. El silencio entre ellos los aplastaba. Clic, clic, clic. Quinientos clics adicionales y ya podrían escuchar la libertad.
    Día 2. Chi-pi-chi-pi-chiíí, chi-pi-chi-pi-chiíí, chi-pi-chi-pi-chiíí, el mismo gorrión andino con su silbido insípido marcaba el inicio de una nueva jornada. Clic, clic, clic.
    Día 3. “Señoraa, señoraa, quítese las gafas de sol” los despertó al mediodía. Les quedaban casi dos mil ruum ruum de motores. Cinco o seis frenadas en seco de la calle. Clic, clic. Faltaban 280 para cerrar el día.
    Día 4. “— Ejem, ¿prefieres oírlo por mí?
    — Snif… snif… silencio.
    Día 5. Ella ahora hace los 500 clics. Clic, clic, clic… silencio.

  4. Avatar de El Kevin
    El Kevin

    El Tambor

    Es muy temprano y a César lo aturde un Tun-Tun-Tun-Tun-Pa-Pa. Mientras escucha el revolver de las hojas, que va junto a un Click, el patrón de sonido crece con intensidad y se convierte en un bucle, que viaja por todo su cuerpo y termina acumulado en su cabeza.

    Durante el primer Tun César experimenta el silencio académico; el segundo Tun trae consigo gritos paternales; el tercer Tun lo obliga a escuchar el sonido de un beso; el cuarto Tun le hace percibir el encender de un cigarro precoz. Entonces cierra los ojos y el primer Pa lleno de nostalgia, le hace oír risas y el último Pa le recuerda que debe volver a su tarea burocrática.

    Aunque su licenciatura en Pedagogía de la Historia y las Ciencias Sociales no le sirvió para evitar un trabajo frustrante, le hace reconsiderar su estadía en este universo absurdo, donde las bandas de guerra ahora se llaman bandas de paz y entonan las mismas salvajadas con las que se mataban los hombres desde el principio de los tiempos.

  5. Avatar de Tatiana Diaz Henao
    Tatiana Diaz Henao

    Sonidos
    La puerta de las vecinas del segundo piso sonó. Luego, unos pasos daban a entender que alguien estaba bajando la escalera y cerraba tras de sí la puerta de la calle del edificio. Desde que llegué a este país, entre las 9 de la mañana y las 4 de la tarde un aullido triste me parte el alma.

    Suena el teclado de mi computadora. Son las 4 menos cuarto y unas llaves se escuchan en la puerta de entrada del edificio. Clac-clac-clac suben la escalera. La puerta del apartamento de las vecinas se escucha que abre y hay un suave golpeteo en mi techo. En mi cara se dibuja una sonrisa porque alcanzo a imaginar el vaivén de una colita feliz al ver de nuevo a su dueña.

  6. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    “Debajo”
    El clic del interruptor apaga la luz.
    Las suaves y cálidas sábanas se arrastran sobre su pequeño cuerpo mientras se acomoda.
    Un leve crujido de la pata izquierda de la cama lo hace reaccionar, hay un silencio y de pronto sus ojos se vuelvan al tic-tac insistente del reloj en la pared.
    Su respiración agitada, corta y contenida, se centra en el viento que roza la ventana con un gemido largo.
    Un golpe seco: algo cae al suelo.
    Alam se encoge entre las sábanas y al unisono un tenue quejido de la madera bajo la cama se hace notar. Los latidos rápidos de su corazón no se hacen esperar.
    Un zumbido lejano, como el de la televisión encendida apenas es aludible. Con cada segundo los pasos se hacen más cercanos. Su respiración se detiene, la puerta del armario rechina y se entre abre. Otra vez
    Silencio. El niño traga saliva.
    Un susurro que no viene de él.
    Las sábanas se tensan y el pequeño dinosaurio de felpa comienza a sentir las burbujas de icopor desplazarse en su interior. Silbidos y soplidos se sienten en el interior del armario, sus manos sudadas y temblorosas comienzan a apretarse, se sienten pasos en el pasillo, la manija de la puerta gira lentamente.
    La voz de mamá, tranquila y consoladora: – “¿Estás bien?”
    El niño responde, luego de soltar un suspiro, con un – “sí” – tembloroso.
    La puerta se cierra. El silencio invade.
    Un último sonido se cuela hasta hacerse sentir debajo de la cama, TAC -TAC – TAC.

  7. Avatar de Mary Méndez
    Mary Méndez

    El clic del interruptor apaga la luz.
    Las suaves y cálidas sábanas se arrastran sobre su pequeño cuerpo mientras se acomoda.
    Un leve crujido de la pata izquierda de la cama lo hace reaccionar, hay un silencio y de pronto sus ojos se vuelvan al tic-tac insistente del reloj en la pared.
    Su respiración agitada, corta y contenida, se centra en el viento que roza la ventana con un gemido largo.
    Un golpe seco: algo cae al suelo.
    Alam se encoge entre las sábanas y al unisono un tenue quejido de la madera bajo la cama se hace notar. Los latidos rápidos de su corazón no se hacen esperar.
    Un zumbido lejano, como el de la televisión encendida apenas es aludible. Con cada segundo los pasos se hacen más cercanos. Su respiración se detiene, la puerta del armario rechina y se entre abre. Otra vez
    Silencio. El niño traga saliva.
    Un susurro que no viene de él.
    Las sábanas se tensan y el pequeño dinosaurio de felpa comienza a sentir las burbujas de icopor desplazarse en su interior. Silbidos y soplidos se sienten en el interior del armario, sus manos sudadas y temblorosas comienzan a apretarse, se sienten pasos en el pasillo, la manija de la puerta gira lentamente.
    La voz de mamá, tranquila y consoladora: – “¿Estás bien?”
    El niño responde, luego de soltar un suspiro, con un – “sí” – tembloroso.
    La puerta se cierra. El silencio invade.
    Un último sonido se cuela hasta hacerse sentir debajo de la cama, TAC -TAC – TAC.

  8. Avatar de Keyla Utrilla
    Keyla Utrilla

    toc toc escuché mi puerta sonar.
    el dulce aroma de ese ramo de flores me dio a conocer quien me buscaba. salí al encuentro y pum hasta allá volé, quizá los nervios. -maldita sea- dije entre dientes.
    mi pecho subía y bajaba de manera acelerada ffffffffp .
    no entendía lo que pasaba mi cabeza era como una revolvedora que no para. nos tomamos de la mano y entrelazadas caminos rumbo a saber dónde.
    pío pío.. mi ojos buscaban a la criatura rápidamente.
    me llevó a una granja para trabajar:(.

  9. Avatar de Martha Jácome
    Martha Jácome

    Pas, pas, pas. Violet, la soldado del Fuerte San Antonio, iba y venía impaciente en la sala principal del recinto militar, afuera, la marcha calculada de la escuadra de soldados perfectamente alineados hacian su rutina diaria. Pensaba algo anda mal, su cuerpo lo anunciaba, un zumbido en el oído.
    Los pies elevados de los soldados caía al suelo con fuerza,
    retumbaban en la mente de Violet.
    Cada paso era un golpe de piedra que caía sobre la soldado muerta
    ayer en peñasco cercano al recinto.
    un latido en la cabeza «¿para que la habían llamando?» -pensó
    «ya saben que yo no estaba cuando asesinaron a
    aquella soldado». En ese instante llegaron a su mente flashes

  10. Avatar de Angeles Mariles
    Angeles Mariles

    Viernes Santo
    Aprieto la mano de mamá, no quiero que me suelte.
    Pum… pum… pum… unos tambores empiezan a resonar. Yo los siento aquí, arriba de la panza.
    Es de noche y siento que no puedo respirar bien, no entiendo lo que pasa.
    Caminamos entre la bola de gente: piernas, zapatos, susurros, cuchi… cuchi… Los tambores suenan más y más fuerte.
    Abrazo a mamá. No quiero seguir, pero su mano me jala.
    Haaa… haaa… haaa… Me tapo una oreja con la mano suelta porque unas señoras lloran y gritan. Me da miedo.
    Quiero regresar, quiero correr, pero mamá me arrastra para adelante.
    Se me revuelve la barriga; tengo las manos mojadas, pegajosas; le grito a mamá, pero el ruido es tan fuerte que no me hace caso.
    Ay, ay, ay, siguen gritando las brujas.
    Hay humo y un olor feo, como cuando se quema algo.
    Se abre la gente. Alcanzo a ver unos señores con capa que cargan algo y cuelgan unas cadenas: traaac… traaac…
    Se acercan mucho, me tiemblan las piernas.
    El hombre ensangrentado que va sobre las maderas me mira.
    Veo la sangre.
    Las luces de las velas dan vueltas.
    ¡Zaaannnggg!
    Los puntos negros son cada vez más grandes.
    Los ruidos se van alejando, ya no siento la mano de mamá.
    Todo se volvió blanco y me duermo.

  11. Avatar de Marina B.
    Marina B.

    Unos pasos resuenan en la alfombra, algunas pisadas más fuertes que otras. Empiezan crujidos y rechinidos de sillas; la mía apenas murmura bajo mi peso, quejándose suavemente con cada movimiento. A lo lejos se escuchan murmullos que suben y bajan de intensidad. Detrás de mí, una pelea de lenguas. Se oye el flash de una fotografía y un clic metálico de cámara. Unos chicos ríen fuerte, mientras alguien susurra “shhh” a su lado.

    Enfrente, alguien mastica mientras el crunch de botanas se mezcla con el “ptss” lejano de una soda y el crujir de palomitas. El sorbete de la malteada chasquea contra el vaso mientras alguien sorbe. Cerca, una discusión chispea, acompañada de golpes sobre la silla de enfrente. El zumbido del aire acondicionado llena los espacios vacíos, tensando el aire. El timbre de un teléfono suena, acompañado de susurros insistentes de “shhh” que se escuchan aquí y allá.

    Pasos firmes se acercan a la cabina, seguidos del tintineo de llaves. La puerta cruje al abrirse y golpea la madera al cerrarse. Pláticas y risas bajitas se superponen con sorbetes y crujidos, multiplicando el caos contenido.

    Click: se apaga la luz y el retumbar de los parlantes sacude la sala, como aviso de que algo empieza. Todo se mezcla, un caos de sonidos y expectación, mientras la pantalla ilumina la oscuridad.

  12. Avatar de Nara
    Nara

    ¡Qué rico dios mío satánico de amor, sigue, sigue, que llego en dos, uno-! La alarma y el ronquido de mi novio fumador me interruptus el coitus oniricus. Ronquido flemoso y el tikitikí tikitikí tikitik- Stop. Bostezo quedo, suspiro, acomodo las chanclas con mis pies adormilados, arrastro mi existencia hasta el baño, rechino la puerta vieja, doy el paso y AAAuuuuuuusssuuuching-, como loba machucada chillo desgarradoramente por el meñique de mi pie derecho, exhalo furiosa, click de interruptor en on, tsss de lámpara casi descompuesta, y una maldita voz en mi cabeza que teclea con violencia “B-r-a-v-o que-ri-da, ¿e-res-ca-paz-de em-pe-zar- tu- dí-a- me-jor?”

  13. Avatar de Milagros Gil
    Milagros Gil

    Un taconeo irregular atraviesa la acera. Cada golpe contra el pavimento suena cansado, como si el cuerpo que los carga no tuviera fuerzas. Entre pasos, un sollozo breve se escapa, seguido de una respiración temblorosa. El aire húmedo recoge el eco de ese llanto, lo arrastra por la calle vacía.

    Un papel arrugado vuela con el viento y choca contra un muro, su roce interrumpe el silencio por un segundo. Ella vuelve a llorar, ahora más bajo, como un murmullo de dolor que apenas sostiene. Entre suspiros, se escucha el roce de una bolsa, el tintinear de monedas sueltas que suenan como una burla.

    De pronto, pasos distintos se acercan: firmes, acompasados, con la seguridad de quien busca algo. El sonido de un bastón golpea el suelo en intervalos constantes. Se detiene. Silencio. Solo queda el sonido de dos respiraciones diferentes: una entrecortada, rota; la otra profunda, contenida.

    Un carraspeo suave. Una voz grave rompe la quietud, apenas un susurro: “No llores.” Ella responde con un sollozo ahogado, más corto que los anteriores, casi incrédulo.

    Un silencio pesado cubre la escena. Se escucha una mano temblar al rozar otra, el leve crujido de la piel reseca. Suspiro largo. Otra voz, esta vez más firme: “Déjame quedarme.”

    El viento sopla, arrastra un papel vacío, golpea una lata contra la acera. Los ruidos de la calle siguen su curso, indiferentes. Pero en medio de ellos, dos respiraciones buscan acompasarse, como si el amor pudiera empezar en el sonido de un corazón dispuesto y otro que aún solloza.

  14. Avatar de Mabel Montoya
    Mabel Montoya

    Ensayo con sonidos:
    Era un día como cualquier otro de verano, caluroso y con una suave brisa que mesia las palmeras haciéndolas crujir al ritmo de los tambores que a lo lejos incesantemente se escuchaban…mi corazón latía lentamente mientras en una hamaca relajado contemplaba el bello océano que me adormilaba con el sonido de sus olas que suavemente golpeaban una a una la suave y dorada arena…Entredormido sentí que sus pasos se acercaban, que su corazón latía al ritmo del mío , que sus labios me besaban…pero tal vez fue un sueño pues sobresaltado desperté al escuchar los gritos y risas de los niños que jugaban haciendo castillos en la arena, mientras sus padres incansablemente los llamaban, era hora de ir a casa ya que el día terminaba…en el horizonte el sol rojizo se ocultaba, las aves marinas con gran algarabia regresaban después de un largo día a sus nidos donde los polluelos ansiosos y con coro de graznidos esperaban….y yo, satisfecho con pasos lentos, suaves y cansados también regresaba a casa disfrutando de tan bello espectáculo que a su fin se acercaba dejando en mi una paz muy profunda y esperada.

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